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Raíces

Nov 18, 2017
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“Aunque sea a la chingada, pero nos vamos juntos…

Fueron las raíces resonando en la noche.

Fueron los muertos que nunca se fueron.

Sonaron los caracoles y la tierra tan susceptible después del temblor.

La gran ceiba conectaba el firmamento con las entrañas del mundo.

Y la gente se abrazaba, comiéndose el corazón como un rojo xoconostle.

Y la noche durmiente, como un sueño transhumeante.

Eran las nubes como terciopelo acampando la encrucijada.

Eran los teponaztles haciendo brillar las plumas del quetzal.

La tierra aullaba un par de canciones entre los poros de la piedra.

Deja que la sangre blanca del maguey recite versos a escondidas, como una lumbre tenue que se incendia con nosotros dentro.

Volvámonos locos, corazón, en la humareda del tiempo azul que se evapora.

Era una embriaguez de risas atemperando el hambre de los coyotes y los sapos sonrientes croando en el ojo de agua.

Era un silencio sobre otro, apilados, como cerros dormitando la eternidad a la otra orilla del alba, en la frontera del sol. ::.

 
 
 

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