Qué ver en Ávila
Ávila es una ciudad histórica castellana de obligada visita, aunque parece que siempre queda desplazada por Segovia, Toledo o Salamanca. Principalmente conocida por su imponente muralla, esta ciudad de poco más de 60.000 habitantes posee un casco antiguo declarado Patrimonio de la Humanidad gracias a la cantidad de monumentos que asesora. Ávila aúna historia, arquitectura y gastronomía y es perfecta para una escapada de un día. Hoy traigo un recorrido por sus puntos más importantes.
Por supuesto no podíamos comenzar por otro sitio que por la muralla, sin duda el mayor reclamo turístico de la ciudad, no en vano es uno de los recintos amurallados medievales mejor conservados de Europa, siendo de las pocas murallas en el mundo que está completa junto con la de Segovia y Lugo.
Con una altura de 12 metros y 3 metros de grosor y un trazado casi rectangular, su origen no parece muy claro. Aunque hay indicios que apuntan a que la construyeron los romanos en el siglo III a. C. cuando la ciudad se llamaba Obila, los datos no son del todo concluyentes, ya que no han aparecido restos que lo confirmen. Lo que sí es seguro es que la actual muralla data del siglo XII, por tanto es medieval, y que se erigió con una finalidad defensiva ante la amenaza musulmana y la inestabilidad con los territorios colindantes.
Ha sufrido varias restauraciones y variaciones a lo largo de los siglos y, cuando, con el tiempo llegó a perder esa función defensiva en el siglo XIX, se llegó a ordenar su desmantelamiento para expandir la ciudad. Así, fueron eliminados los fosos, barbacanas y otras edificaciones que impedían el acceso a la misma. Por suerte, no se llegó a demoler por completo y hoy en día podemos disfrutar de una muralla de una extensión de 2.516 metros de longitud, 87 torreones, 9 puertas de acceso que, no solo se puede rodear por completo a pie por el lado exterior, sino que además se puede visitar por su parte superior.
Queda dividida en 7 tramos diferentes:
Tramo 1: Desde la Puerta del Alcázar hasta la Puerta del Mariscal. En este tramo es en el que se puede ver la parte más antigua de la muralla.
Tramo 2: Desde la Puerta del Mariscal a la Puerta del Carmen. Una zona por la que se puede caminar junto a la muralla y observar su estado de conservación.
Tramo 3: Desde la Puerta del Carmen al Cubo de San Segundo. Quizás el tramo más famoso.
Tramo 4: Desde el Cubo de San Segundo hasta el Cubo de Malaventura. Por contra este fragmento es el menos visitado, quizá porque su parte superior no es accesible.
Tramo 5: Desde el Cubo de Malaventura a la Puerta de la Santa. Tampoco es muy transitado.
Tramo 6: El Paseo del Rastro. Este paseo ofrece unas magníficas vistas de la sierra de la Paramera.
Tramo 7: Desde el Paseo del Rastro hasta la Puerta del Alcázar. Llegamos al punto inicial.
Entre los accesos más destacados de la muralla se encuentran la Puerta de San Vicente y la Puerta del Alcázar, las primeras en construirse. Ambas son de estilo románico y tienen una gran presencia con dos grandes torreones unidos por un puente. Comenzaremos nuestra visita por los puntos más importantes de Ávila por la de San Vicente.
Justo a su lado, extramuros, se erige la Basílica de San Vicente, una iglesia de estilo románico cuya construcción se inició en el siglo XII en el lugar en el que se dice que fueron martirizados y enterrados en el siglo IV los hermanos Vicente, Sabina y Cristeta. En el interior se encuentra su Cenotafio, un monumento funerario realizado en piedra y policromado.
Declarado Monumento Nacional en 1923, es un templo con planta de cruz latina con tres naves y un brazo crucero donde destaca su galería porticada del siglo XV construida en piedra caleña, extraída de Villamayor en Salamanca.
No muy lejos se halla la Puerta de los Leales, también conocida como de Los Obispos (daba acceso al antiguo Palacio Episcopal), del Peso de la Harina (en una de la sala de la Casa de las Carnicerías se custodiaba la medida de grano que fue utilizada como patrón durante siglos), o de la Catedral (ya que se encuentra anexa). De estilo renacentista, es una de las más modernas, ya que fue abierta en el siglo XVI.
Si la muralla es el monumento más significativo de Ávila, detrás estaría la Catedral de Cristo Salvador. Es verdad que Castilla y León tiene catedrales mucho más impresionantes, como la de Burgos o León, pero la abulense puede presumir de ser la primera catedral gótica del país.
Presenta planta de cruz latina con 3 naves, crucero y cabecera semicircular de doble girola, con capillas entre sus contrafuertes. Su construcción se inició en el siglo XII sobre una antigua iglesia mozárabe con una doble función: la de templo religioso, lógicamente, y la de fortaleza defensiva, debido al ambiente bélico de la época. De hecho, su ábside se corresponde con uno de los cubos defensivos de la muralla y sus muros son parte de la fortificación.
Entre los siglos XIII y XVI se llevaron a cabo diferentes reformas y ampliaciones, aunque en realidad nunca llegó a terminarse. Originalmente estaba proyectado que se erigieran dos torres, sin embargo, precisamente por estar incorporada en la muralla el Vaticano y la UNESCO no terminan de ponerse de acuerdo sobre a quién pertenece.
Declarada Monumento Nacional en 1949, cuenta con un exterior bastante sobrio, en parte debido a la complejidad para trabajar el granito. En su interior destacan el claustro, el coro y trascoro y el retablo del Altar mayor.
En 2010 se descubrió un pasadizo secreto bajo la catedral. Algunas teorías señalan que podía ser un pasadizo para comunicar la seo y el antiguo Palacio Episcopal, y otras que podría ser una vía de acceso o escape para los soldados en la época en que se utilizaba como fortaleza.
Nada más pasar la puerta, en el lado opuesto a la catedral se encuentran el Edificio Episcopal, el de Correos y la Biblioteca Pública.
Más adelante destaca el Palacio de los Velada, magnífico edificio mandado levantar a finales del siglo XV por los marqueses de Velada, de ahí su nombre. Conserva gran parte de su construcción original, incluyendo su torre defensiva.
Declarado monumento de interés cultural, tras haber pasado por la iglesia y por los sucesivos marqueses de Velada, en 1995 fue rehabilitado y convertido en hotel de lujo. En su interior destaca un patio central porticado de tres alturas con techo acristalado.
El siguiente punto en el recorrido por Ávila es la Plaza del Mercado Chico, uno de los lugares con más historia de la ciudad. Fue alrededor de este punto donde se formó el primer núcleo de población de los íberos y donde más tarde los romanos construyeron el foro. Considerada como plaza mayor, siempre ha sido el principal punto neurálgico dentro de la muralla y uno de los lugares habituales de celebraciones. La porticación originalmente estaba compuesta por pilares de ladrillo y dinteles, pero en 1518 se sustituyeron por otros de piedra. Hoy en sus bajos predominan sobre todo los negocios de hostelería.
Ante la falta de un espacio para que el Concejo pudiera celebrar sus reuniones los Reyes Católicos ordenaron construir un Ayuntamiento. Con el tiempo tanto el consistorio como la plaza quedaron abandonados y se tuvieron que llevar a cabo tareas de reconstrucción. El edificio que vemos hoy en día data del siglo XIX.
En el lado opuesto se encuentra la Iglesia de San Juan Bautista.
Muy cerca, en la Plaza del Corral de las Campanas, se halla el Torreón de los Guzmanes, la sede de la Diputación Provincial de Ávila. Esta torre cuadrangular que forma parte del palacio de los Guzmanes data del siglo XVI y está declarada Bien de Interés Cultural. De estilo renacentista, constituyó uno de los principales bastiones defensivos de la ciudad y fue residencia temporal del rey Alfonso XII.
Otro de los lugares imprescindibles de Ávila es la Plaza de Santa Teresa de Jesús, donde se halla el Convento y la Iglesia de Santa Teresa. Teresa de Cepeda y Ahumada es sin duda uno de los personajes más ligados a la historia de la ciudad. Nacida en 1515, fue fundadora de la Orden de las Carmelitas Descalzas junto con Juan de la Cruz.
El conjunto fue construido en 1636 sobre los cimientos de la casa natal de la santa. En la iglesia destaca su sobria fachada con una imagen de la santa y varios escudos.
De estilo barroco, este convento-iglesia de la orden de los carmelitas fue declarado Monumento Nacional y bajo el edificio discurre la gran cripta abovedada de enterramientos, que actualmente funciona como Museo de Santa Teresa y hace un recorrido por su vida para entender mejor su obra y labor apostólica.
Junto al conjunto se halla una de las entradas de la muralla, la conocida como Puerta de la Santa, cuya construcción data del siglo XVI. Cruzándola, se sale al Paseo del Rastro, donde se ubica un magnífico mirador.
Y si se pasea junto al perímetro nos lleva a la siguiente puerta, la Puerta del Alcázar, la más importante y más robusta de todas.
También llamada del Mercado Grande, fue la primera en construirse, junto con la de San Vicente, como decía más arriba. Está flanqueada por dos grandes torreones de 20 metros de altura que quedan unidos por un puente de arco de medio punto. Aunque se encuentra en la parte de la ciudad que menos protegida estaba, antiguamente la precedía un foso y contaba con un puente levadizo.
Justo enfrente se encuentra la Plaza del Mercado Grande, presidida por la Iglesia de San Pedro Apóstol, un templo románico construido entre los siglos XII y XIII.
Con planta de cruz latina y nave central de mayor tamaño que las laterales, esta iglesia ha sido históricamente uno de los edificios más importantes de la ciudad. Declarada Monumento Nacional, destaca por el rosetón cisterciense de su fachada norte. Su austero interior alberga un interesante conjunto de pinturas y retablos.
Para finalizar una breve visita por Ávila, no puede faltar una parada en el Humilladero de los Cuatro Postes, ubicado a las afueras, al lado izquierdo del río Adaja.
El monumento, formado por cuatro columnas dóricas unidas por un arquitrabe sobre las que se asienta el escudo de la ciudad en el centro de una cruz granítica tiene más de 500 años y es el mirador mas famoso de la ciudad gracias a su estupenda panorámica de la ciudad rodeada por la muralla. La vista es especialmente bonita al atardecer, cuando el conjunto queda iluminado.
Parece ser que fue en este lugar donde Santa Teresa, invitada a marcharse de la ciudad por su forma de entender la religiosidad, se quitó sus sandalias, las sacudió y grito: “de Ávila, ni el polvo”.
Por supuesto, se puede completar la visita con una parada a comer en los numerosos restaurantes y mesones de la ciudad. Lo más típico de su gastronomía son la sopa castellana, los judiones del Barco, las patatas revolconas y, cómo no, el plato estrella, el chuletón. Si queda hueco para el postre, no pueden faltar unas yemas de Santa Teresa. Y si no, para el camino.

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