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Qué ver en Cascais, Portugal

May 26, 2023
4 min read

A falta de pan, buenas son tortas, dice el refrán. Y, a falta de viajes, rememorar lugares ya visitados. Hoy traigo una visita a una ciudad a tan solo 30 minutos de Lisboa: Cascais, una villa monumental que destaca por su arquitectura señorial donde abundan los palacetes y los hoteles de cinco estrellas, pero también por su naturaleza y sus playas. Lo que fuera un antiguo pueblo de pescadores a finales del siglo XVIII se convirtió gracias a la familia real de Portugal en principal destino turístico para la nobleza y aristocracia, tanto nacional como internacional. Y más recientemente, en la década de 1930, sirvió como residencia en el exilio para varias casas reales europeas, como la española. De aquella época datan la mayoría de las mansiones y monumentos más relevantes de la ciudad.

Con más de 300 días de sol y un clima muy suave, hoy en día este emplazamiento privilegiado se ha democratizado y ya es un destino para todos los bolsillos. Aunque sigue ofreciendo relax y tranquilidad a tan solo un paso de la bulliciosa capital, también es uno de los lugares con mejor ambiente en lo que a festivales y conciertos de verano se refiere. Además, gracias a sus playas, recibe cada año numerosos visitantes amantes del surf y la vela. Y en los últimos años, acoge a los aficionados al golf, ya que la ciudad cuenta con más de diez campos.

Destaca por su casco histórico con calles peatonales adoquinadas de color blanco y negro, lugar perfecto para probar el pescado y marisco fresco en alguno de sus numerosos restaurantes. El centro neurálgico y arteria principal de Cascais es su plaza del Ayuntamiento, conocida como Plaza 5 de Octubre, donde se encuentra el consistorio, el Museu da Vila en el que se muestra la historia de la ciudad, la Oficina de Turismo y una estatua de Dom Pedro I, Abierta al mar, por ella discurre la carretera de la costa que une Lisboa y Cascais.

Desde ella se abren las principales calles comerciales, destacando la peatonal rúa Federico Arouca, donde se ubican las marcas más caras. Para las tiendas más populares, mejor perderse por rúa da Misericordia, Saudade, dos Navegantes, Flores o Fernandes Thomas, plagadas de casas pintadas de blanco y adornadas con mosaicos de azulejos.

Al este del casco histórico se extienden las famosas playas urbanas de Rainha, da Ribeira (también conocida como la de los pescadores) y da Duquesa.

En el lado opuesto se erige la Ciudadela, un conjunto de fortificaciones construidas entre los siglos XV y XVII para defender la costa de los ataques españoles e ingleses. Tiene su origen en un castillo de 1410, al que posteriormente, por orden de Felipe II y para reforzar la seguridad, se le añadieron la Torre de Santo António y el fuerte de Nossa Senhora da Luz de Cascais. Como muchos otros edificios y monumentos de Portugal, en 1755 sufrió daños como consecuencia del terremoto que azotó el país y se abrieron grietas en sus paredes externas. En 1870 Luis I mandó que se adaptara para que sirviera de residencia de verano y tiempo después sirvió también para el Presidente de la República.

Desde 2003 está administrada por el Ayuntamiento de la ciudad y se puede visitar su interior, donde se pueden ver algunas piezas de artillería y un centro de arte. En su recinto se halla también el hotel de cinco estrellas Pestana Cidadela Cascais, algo similar a lo que en España sería un Parador.

Junto a la Ciudadela, mirando al mar, se extiende el puerto, que se divide en dos partes bien definidas. Por un lado, la Marina, el puerto deportivo más grande de la Riviera portuguesa y tercero del país donde tienen lugar algunas de las competiciones de vela más importantes del mundo y donde además de lujosos yates podemos encontrar tiendas y restaurantes exclusivos; y por otro la zona de puerto pesquero donde se vive el ajetreo normal de los pescadores con sus aparejos.

A un paso, en el Barrio de los Museos, destaca el Museo de los Condes de Castro Guimarães, situado en un magnífico palacio mandado a edificar en 1897 por Jorge O’Neill. De estilo romántico con elementos medievales, se encuentra rodeado por unos jardines de estilo inglés dentro del Parque Marechal Carmona.

En su interior alberga una interesante colección de arte, mobiliario de estilo indo-portugués, un curioso órgano armario de 1853, vestigios arqueológicos y una fabulosa biblioteca con un manuscrito del siglo XVI.

Desde allí se ve el Faro de Santa Marta, de vital importancia puesto que la costa de Cascais era lo primero que veían los barcos cuando entraban en el Estuario del Tajo con destino Lisboa. Cada navío, según su tipología, tenía que hacer una u otra maniobra para no encallar y el faro les guiaba en sus maniobras.

Esta construcción de 20 metros de altura se construyó en la década de 1640 a partir del fuerte homónimo. Decorado con azulejos blancos y azules, se usó como defensa militar durante el siglo XIX. En la actualidad acoge un museo que expone diversos objetos relacionados con la temática farera, marina y arquitectónica de la población. Desde su parte superior además se puede disfrutar de unas estupendas vistas del océano y la ciudad.

Ya en las afueras, a unos kilómetros al oeste, en una zona de costa abrupta y escarpada, se encuentra la Boca do Inferno, un puente natural de piedra resultado de la erosión del viento y las olas. Le debe su nombre al ruido que provocan las olas cuando rompen contra las rocas. La mejor hora para acercarse al mirador es sin duda la de la puesta del sol. Una buena forma de acabar el día y la visita.

 
 
 

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