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¿QUÉ PENSAR DEL ESMAD?

Dec 28, 2019
5 min read

El paro nacional de Colombia iniciado el 21 de noviembre del año en curso a destacado por el número de temas controversiales que se quiere llegar a tratar en mesas de negociación: el holding financiero, las reformas pensionales, salariales y tributarias, entre otros temas. Esto en general acopla a gran cantidad de ciudadanos en miras de no llegar a un estado que precarice aún más las condiciones difíciles que pueden presentarse al interior del país.

Dentro de todo, el tema que acaece en este espacio, tal vez de los más discutidos en el paro actual, y que se ha formado a través de los acontecimientos dados en manifestaciones anteriores a lo largo de los últimos años,  consiste en el desmonte del ESMAD (escuadrón móvil antidisturbios). Esta institución policial ha logrado destacarse por ser blanco de señalamientos de violación de derechos humanos y manejo abusivo del uso legítimo de la fuerza, pues en sus escasos 20 años de existencia se han conocido varios casos en los que una persona se ve gravemente afectada por los operativos de esta institución. Por ejemplo,  personas han quedado inválidas, han perdido ojos, han sido golpeadas, han muerto. En esta última manifestación nacional retumba el nombre de Dylan Cruz a lo largo del país, pues un nuevo nombre se suma a la lista de víctimas que el ESMAD lleva al hombro, completando la escandalosa cantidad de 38 ciudadanos.

Como es natural sobre este tema surge controversia, toda vez que se genera por un conflicto de intereses, por lo que es razonable que la institución no le haga falta apoyo. En su defensa se presentan  argumentos para cada caso. En ese sentido, la apelación a los casos de violencia excesiva y de muertes producto de sus actos suele defenderse con el argumento de que el uso de la fuerza, la disipación de disturbios y otros actos en los que el ESMAD actúa puede llevar a que ocurran accidentes, ya que en la naturaleza de su trabajo está el contacto continuo y fuerte con la gente, además continuamente deben hacer uso de elementos de control de masas. Puede que lo anterior sea una realidad, pero el beneficio de la duda se les ha otorgado de manera reiterada por parte del estado, ente que defiende su institución asegurando que su misión es: “evitar la materialización de hechos terroristas y delincuenciales, para restablecer el ejercicio de los derechos y las libertades públicas”

Parece noble su causa, la de evitar hechos terroristas y delincuenciales y restablecer la oportunidad de ejercer derechos y libertades, las cuales buscan ser razones justas para que exista esta unidad policial, pero ¿qué pasa cuando no hay disturbio que disipar?, ¿Qué pasa cuando están presentes en el ejercicio del derecho de protesta de una gran multitud y ellos intervienen sin motivo?, esta y otras preguntas se responden con algo simple, no pasa nada, o al menos por parte del gobierno,  representante político o supuesto defensor de los derechos de su pueblo. De ahí que es la propia ciudadanía la que reacciona, indignada, pues un paro no nace de la nada. Por el contrario, una convocatoria nacional se planea con anterioridad, se discute entre grandes grupos sociales, incluyendo gremios, sindicatos y otras organizaciones. De manera que resulta entristecedor ver como un movimiento ya declarado se ve modificado por la violencia en ocasiones iniciadas por el ESMAD y que esto pueda llevar a deslegitimar el fin de las manifestaciones sociales.

No siempre se puede afirmar que en todo caso sea la fuerza pública la que actúe arbitrariamente, o sea quienes siempre provocan que las manifestaciones degeneren en disturbios, pero no es difícil presenciar actos en los que su llegada a la movilización sea ocasión de miedo, esto a razón de su historial. Desde la perspectiva de un estudiante medianamente activo en las movilizaciones puedo afirmar que no hay convocatoria que no tenga entre sus fines el ideal de paz y bienestar.  Es cierto que puede haber personas que busquen generar desorden, pero nunca es una idea generalizada, pues generar “disturbios” deslegitima el movimiento “al menos da excusa para que el estado salga por las tangentes”.  También es usual ver actos artísticos dentro de la movilización, tale como: disfraces, cantos, y otro tipo de formas de expresión que no buscan la violencia; sino el acompañamiento general de la población.  Sin embargo, en ocasiones en que cantan repetidamente la arenga “sin violencia” mostrando una actitud de paz, el desorden puede estar a la orden del día luego de escucharse una bomba aturdidora a lo lejos, donde el son de calma sea ignorado.

Por otro lado, el escuadrón móvil antidisturbios ha sido intermediario político para disipar los movimientos sociales, sus actos, y el peligro que implica en ocasiones enfrentarlos, lo cual desanima a la población a actuar en las movilizaciones.  En el párrafo anterior se menciona la actitud pacífica de los últimos movimientos y como el ESMAD actúa injustificadamente. Si su misión es mantener la paz y el orden para poder garantizar y asegurar los derechos de la población, la están incumpliendo, dado que la manifestación también es un derecho y según Rodrigo Uprimny, docente de la Universidad Nacional de Colombia, es el derecho principal, pues es el que permite que se batalle por los demás. Por consiguiente, los actos que cometen reiteradamente no son cuestión de respeto, sino de imposición  de un orden por parte del estado hacia sus ciudadanos.

Si aún hay alguna duda acerca del porqué de los cuestionamientos a los fines del ESMAD,  podría agregarse que días antes al paro del 21 de noviembre,  al director de la revista 070 de la Universidad de los Andes, Alejandro Gómez,  le llegó un comunicado de parte de la policía nacional quejándose de una publicación llamada “manual de protección contra el ESMAD”, la cual por esos días resaltó entre quienes se estaban sumando al movimiento próximo a realizarse.  Mediante esta carta se buscó la despublicación de su manual, cuestión que no tiene mucho sentido, pues este incluye datos como los derechos que tiene cada manifestante frente a la fuerza armada, los deberes del ESMAD con los manifestantes, que hacer para no ser foco de violencia en caso de que se desarrollen actos violentos, aspectos sobre la seguridad personal e información acerca de los antecedentes del ESMAD, último punto que no fué solo revelado por esta fuente. ¿Por qué no querían que esto se revelara antes del paro?, la respuesta queda al aire.

Al fin y al cabo, la desazón con esta institución ha sido tal que incluso la alcaldesa electa de Bogotá se ha manifestado al respecto.  Aunque no desautoriza su “misión” ni lo que estatutariamente deberían ser, ha afirmado que esta institución va más allá de sus normas, y que sus actos no son acordes con lo que han establecido.

La discusión no es fácil de resolver, no obstante vale la pena ver el panorama completo para tomar una posición. De acuerdo con ello, puede decirse que los sucesos anteriormente descritos plantean serias preguntas sobre la forma de proceder del ESMAD, y si esta institución efectivamente fue creada para proteger los derechos, incluyendo la protesta. De no ser así, sería difícil considerar mantener a tal institución, o por lo menos reconocerle cierta legitimidad en su accionar.

– Esteban Javier Silva Cubides

 
 
 

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