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¿Qué llevas ahí?

Dec 12, 2017
3 min read
Por: Ricardo Cruz Mejía

Al juzgar a primera vista, pudiéramos decir que no hay ninguna semejanza entre los dos personajes que se nos muestran en la imagen, sin embargo existe una semejanza ineludible.

Por una parte se nos muestra a Jesús el Cristo, que según datos históricos y dogmáticos existió sobre la faz de la tierra hace más de dos mil años. Personaje que era incómodo para los sabios y entendidos de su época debido a que decía la verdad y sobre todo era coherente entre lo que hacía y lo que decía, por tanto, era pleno.

Por otra parte, nos muestran a San Nicolás de Bari, quien, a pesar de su escasa historia por relatar, sabemos que fue obispo en la ciudad de Mira, Licia (en Asia Menor) alrededor del siglo IV. Caracterizado, según cuentan por repartir desde edades pueriles lo que poseía entre los pobres. Ambas figuras se presentan en simple y llana manera como intercesores o mediadores en su vida terrenal.

Pero no es por ello que lanzo estas líneas. Es por la imagen completa, que no he puesto en el encabezado por lo que he decidido partir hacia una reflexión teológica. Y me atrevo a llamarle así ya que se presenta como una forma de relación con Dios, en la que dejando de lado los prejuicios se puede estar abierto a una nueva reflexión sobre lo que hemos hecho de estos dos personajes. Aunque también tenga mucho de antropológico y de construcción social.

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Hablar de San Nicolás es hablar de mitos, cuentos, creencias y fábulas para niños, sin embargo, hablar hoy en día de Jesús es hablar de lo mismo, aunque para todo tipo de público.

¿Y en qué consiste esta relación que ha logrado llamar tanto mi atención y por la cual les he querido compartir por medio de este artículo?

Fácil y sencillo. Hablar hoy de estas dos figuras es hablar de constructos humanos alejados de toda realidad, preveniente de ellos mismos en esencia, y espero no se mal interprete. Ya que alrededor de los dos, los hombres y las mujeres, hemos construido una serie de dinámicas y de prefacios muy singulares, condicionando nuestros comportamientos y estableciéndolos como árbitros y jueces (en la mayoría de las ocasiones) para regular nuestra forma de relacionarnos con lxs demás.

Es entonces y hasta este momento en que la imagen que comparto cobra sentido y más allá de ser un mal chiste, que pudiera escandalizar a las personas más conservadoras, es necesario nos aliente a la reflexión y al desprendimiento de tantas fábulas, mitos, cuentos y creencias que nos han contado.

Esta época del año es propicia para ello, para revisar y conocer cuál es nuestra personal y muy propia forma de relación con las figuras de nuestro alrededor, más allá de que sean o no autoridad para nosotrxs. Más allá de que sean figuras públicas o privadas. Pero en especial, la relación que tenemos con la persona de Cristo y con su forma radical de vida. Un proyecto que nos rescata desde el principio de la falta de sentido de nuestra propia existencia. Un proyecto que nos muestra que luchar por nuestros ideales hasta el final es lo que da sustento, vigor y razón a nuestra vida.

¿Qué tanto construimos de nosotrxs mismxs un mito, una fábula, un cuento o una creencia falsa? He ahí el verdadero reto. El ser más allá de la apariencia y de lo que crean y hablen los demás.

Aprovecho para desearles muy felices fiestas y que las relaciones que tenemos sean cada vez más allegadas a la verdad y al amor, que es el centro de la existencia misma.

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