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¿QUÉ LE PASÓ AL PARO NACIONAL EN COLOMBIA?

Jan 28, 2020
8 min read

¿A parar para avanzar o producir y no frenar?

Días previos al 21 de noviembre de 2019 (día denominado 21N) se enmarca un panorama nacional de inconformismo frente a ciertas políticas económicas que el Gobierno de Colombia suponía adoptar de acuerdo a recomendaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) y de ciertas asociaciones nacionales como la Asociación Nacional de Instituciones Financieras (ANIF). Respecto a temas como la privatización de ciertas entidades financieras estatales, una reforma pensional, una laboral y una tributaria, las nuevas políticas resultan en un temor social, que de cierta manera surge de la especulación frente a las sugerencias presentadas por las anteriores entidades o, por lo menos, de rumores en las mismas.

Lo anterior generó la convocatoria a un paro nacional en el que sindicatos, gremios, comitivas y demás, convergieron para exigir al Gobierno garantías para que no tomase en consideración tales propuestas, puesto que los mismos convocantes a la manifestación se verían afectados por las resultantes políticas que, de la misma forma, podrían afectar a las poblaciones vulnerables.

En consecuencia, el 21N demostró la acogida ciudadana al llamado de alerta frente a decisiones del poder legislativo y el ejecutivo, toda vez que provocó la movilización de diversos sectores sociales para apoyar la manifestación de inconformismo y exigencia de políticas más acordes al bienestar social de las comunidades. El 21N fue histórico por la masiva concurrencia de las movilizaciones, donde miles de ciudadanos marcharon por las calles vociferando diatribas y banderas que evidenciaban sus preocupaciones e incluso se sentó el precedente de un “cacerolazo”, que reafirmó la acogida y apoyo a las diversas manifestaciones del día.

Mientras tanto, el Gobierno nacional respondía a su manera (y con su respectiva estrategia) al llamado público, estableciendo una “Conversación Nacional”, la cual llamó a diferentes sectores sociales, entre ellos al Comité Nacional de Paro, para entablar diálogos y compartir preocupaciones en torno a seis temas considerados trascendentales: Educación, Juventud, Medio Ambiente, entre otros. Una de las primeras noticias luego del 21N sería la salida autónoma del Comité Nacional a tal Conversación, debido a que no la consideraron una oportunidad de diálogo, sino más bien un espacio en el que la presidencia daba a conocer su programa. Con ello, se alzó un gran descontento y críticas hacia el Gobierno nacional debido a su interés en «dialogar» en vez de «negociar», que era lo que quería el Comité Nacional del Paro.

Los días posteriores a la masiva movilización del 21N continuaron con los reclamos hacia el Gobierno, pero para ese punto ya se habían culminado y aprobado ciertas políticas económicas como las que se estaban repudiando, tales como el Holding Financiero (Decreto 2111 de 2019) y la Ley de Crecimiento Económico (Ley 2010 de 2019). Los distintos sectores que habían llamado a las calles se estaban quedando atrás con los pasos agigantados del Gobierno, además de que la represión por parte de los Gobiernos distritales estaba debilitando las protestas y marchas, infiriendo miedo hacia la población civil.

Las primeras directrices con las que la población salió a las calles fue un conjunto de trece peticiones, las cuales tenían su sustento en  el movimiento estudiantil y los más grandes sindicatos del país, como la Federación Colombiana de Educadores (FECODE), la Central Unitaria de Trabajadores de Colombia (CUT), la Confederación General del Trabajo (CGT), la Confederación de Trabajadores de Colombia (CTC) y el estudiantado en su mayoría. Con el avance de las movilizaciones, el gran apoyo hacia las mismas y las sumas de ayuda por parte de otros grupos y colectivos (ecológicos, feministas, pro-aborto, etc…) el pliego de peticiones empezó a aumentar en su cantidad, pasando de 13 peticiones (en el 21N) hasta los 104 puntos establecidos dentro de 13 capítulos (13 de enero del 2020). Esto, aunque en un principio disgustó al Gobierno nacional, puesto que entre esos puntos se exigía: la salida de Colombia de la OCDE, la desprivatización de la industria petrolífera y la eliminación de medidas transitorias para la retención de impuestos en las consignas bancarias; también empezó a desgastar el movimiento social, estando este disgustado por un pliego tan amplio en donde se denotaban los intereses particulares de los líderes de cada sindicato.

Por otro lado, el Comité Nacional del Paro empezó a ser criticado por distintas posturas, en diferentes sectores sociales por la visión que se tiene de él; por parte de unos sectores del estudiantado, de ser un festín burocrático que descalifica el poder de la protesta social y la limita a unas cuantas acciones proclamadas por ellos. Otros, no organizados, que lo califican de ser un ente creado por los mismos sindicatos que han demostrado su valía de «corruptos» y «vendedores de paro», críticas que se sustentan en el desprestigio de algunas centrales obreras y la desesperanza de las personas hacia las mismas. Con esto, se proclaman nuevas consignas y reivindicaciones en contra del Gobierno nacional, dividiendo aún más al movimiento social ya gestado y generando el disgusto, cada vez mayor, que se siente en la población civil.

Con las inconformidades ya previstas hacia el Comité Nacional del Paro, y el desgaste social de salir a las calles a marchar, además de semejante desarticulación, se sumó la indiferencia del Gobierno nacional respecto a un ánimo de negociar, con esto, se creó el ambiente proclive para lo visto en los días previos al 21 de enero del 2020 (21E) fecha en la que se pretendía retomar el empuje que se pudo haber tenido el año anterior en las manifestaciones, ¡craso error!

El mencionado 21E había resonado por todos los rincones de los sectores sociales, por lo que se tenía prevista una magnífica manifestación multitudinaria, con una extraordinaria agenda multimodal que organizaba, en distintos puntos de la ciudad, y en otras partes del país, concentraciones, manifestaciones, actos culturales y reivindicativos, que hacían llamado para la «segunda parte» del Paro Nacional. Ya estaba todo preparado, el Gobierno local ya había demostrado el funcionamiento y la eficacia de su «nuevo» protocolo para las manifestaciones, sólo se esperaba el momento para ver a toda la población civil revivir sus ánimos de vitalidad por su dignidad.

Sin embargo, los focos de atención estaban, poco o nada, dirigidos hacia cómo aún se mantenía el descontento social frente a la actitud del Gobierno. De hecho, todo giraba alrededor de cómo responderían los recién posesionados alcaldes de diferentes ciudades, e incluso, algunos medios, detallaron cómo en la última relatoría de un encuentro del Comité Nacional de Paro, se llamaba a otro “cacerolazo”, mas no se llamaba a otro Paro Nacional, mientras las comitivas juveniles sí proclamaban al evento (otro desafortunado desacierto). Por un lado, para el momento de las manifestaciones, temprano en la localidad de Suba, se empezaron los eventos con bloqueos hacia los Portales de TransMilenio y varias vías arterias del sur de la ciudad. Estas fueron, en un principio, disuadidas por los representantes del Gobierno distrital, todo lucía calmado en ese momento, pero fue después cuando, entre el fulgor de los protestantes, empezaron los motines y las vandalizaciones, impulsados también por los agentes de la Fuerza Pública. Por otro lado, las movilizaciones previstas por colectivos estudiantiles, ecologistas, entre otros, empezaron unas horas después (sobre el medio día), pero con absoluto acompañamiento policial y gestiones de comitivas de derechos humanos y gestores de convivencia del Gobierno distrital.

El Paro del 21E fue propuesto, en conjunto por todas las comitivas y colectivos, como un «termómetro» para medir la fuerza social que iban a desplegar en próximas movilizaciones. ¿Y qué demostró el termómetro? Una significativa desmejoría en su masividad, con focos de manifestaciones en cinco puntos de la ciudad, los cuales no pasaban de las 200 personas en el mayor, y no disminuía de 15 en el menor. Gracias a los hechos ese día, y de un ligero desmán días antes, fue casi imposible la reunión final para el «cacerolazo» en la Plaza Central de la capital a las cinco de la tarde debido al temor generalizado, debilitando así a la imagen del Comité Nacional del Paro y fortaleciendo el discurso de odio, movido en todos los medios de comunicación hacia las protestas y los marchantes, en especial, hacia el estudiantado, el cual desde un principio, había quedado recluido en los inconvenientes de desmanes frente a la Fuerza Pública y excluido de los acuerdos programáticos del mismo Comité.

Para sintetizar, los acontecimientos ocurridos volvieron a caer en la estigmatización de la protesta social como foco de vandalismo e irrespeto de las instituciones de orden público. No se evidenció la misma concurrencia del 21N y claramente tampoco sus efectos; incluso el debate importante, alrededor de la exigencia a la escucha efectiva del Gobierno nacional, al llamado por tender a asegurar y potenciar el bienestar social. Así como la condena de hechos polémicos de interés nacional como el asesinato de líderes sociales, el reciente caso de ‘chuzadas’, el pliego de peticiones, entre otros puntos que se suponían ser banderas del movimiento social, todo quedó de lado y se dirigió hacia polémicas respecto al incumplimiento de los protocolos y de las promesas hechas en campaña por los ahora alcaldes. En efecto, se trivializó el llamado Paro Nacional del 21E, tanto así, que al día siguiente solo se hablaba de los llamados a la revocatoria de estos mandatarios distritales, luego de tan solo 21 días de gestión.

En conclusión, son bastantes los interrogantes que se pueden plantear frente a la actuación de todas las instancias mencionadas como: el Comité Nacional del Paro por su temerosa actitud, la cual generó un mayor miedo a la población para salir a marchar ese día, en claro ejemplo con FECODE, el cual prefirió dejar a los profesores afiliados al magisterio dentro de sus instalaciones por la zozobra de cualquier repercusión hacia ellos; el Estudiantado que, en gran parte, decidió radicalizarse sobre sus posturas críticas hacia el Comité Nacional, alejándose de lo acordado en las «mesas de conversación», quedando pues, aislado del pensamiento general de la población civil sobre el Paro Nacional y cayendo por intentar liderar la agenda del 21E en el juego malicioso del Gobierno, demostrando su importancia para el movimiento como los dinamizadores de este, pero también como los creadores de los conflictos con la Fuerza Pública; el Gobierno distrital, que aunque intentó proceder con su «nuevo» protocolo de seguridad, cayó en la vista juzgadora de la multitud al atenerse enviando al ESMAD hacia los puntos de concentración de las movilizaciones, que, por desacato de los agentes, se llegaron a las agresiones que tanto se intentó evitar por parte de comitivas de derechos humanos y gestores de convivencia de parte del Gobierno distrital, dejando así en una cuestionable posición el discurso «sin violencia» y completamente funcionalista de la nueva alcaldía; por último, el Gobierno nacional, que tomó las riendas de cómo se daría un acercamiento entre el mismo y el Comité Nacional del Paro, al escoger de forma unilateral el método y las temáticas respecto a una nueva «conversación», cambiando así la agenda programática del Comité y dando una perspectiva social de apertura, mas no siendo consciente de lo reclamado ni demostrando una actitud conciliadora, haciendo no sólo oídos sordos frente a los clamores populares sino que hizo mofa de una manera cínica (según algunos sectores) con su única actitud de no manifestarse frente a lo sucedido, pero sí colocando una gigantesca tela que proclamaba «Tu cacerola SÍ tiene voz, ven y conversemos» en el Congreso de la República.

Además es necesario plantear cuestiones frente a las peticiones de tal pliego, de las cuales muchas son triviales, en el sentido de su alcance de realización, o de su pertinencia actual, aún más considerando la postura indiferente que ha adoptado el Gobierno, siendo este claro en que al menos una de cada cinco peticiones no tienen fundamento, lo cual aseguró Diego Molano, encargado de la Conversación Nacional. O cuestionar por qué el Paro no tomó una actitud crítica y beligerante frente a las otras ramas del poder, es decir, la Judicial y la Legislativa, actores fundamentales para la decisión del rumbo del país. Es evidente que se ha dado una movilización que muestra el inconformismo hacia una Jefatura de Estado sorda, que no atiende a su población, pero a la vez deja en un estandarte, casi intocable, a las otras dos ramas del poder.

– Daniel Andrés Felipe Caicedo

– Daniel Garzón-Hernández

 
 
 

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