Quizá tú nunca fuiste
Que el corazón decidasu forma de dolerse.
Yo habito ahora entre la soledad y la noche.
Como un sepulcro de sangre entreabierta.
Yo me refugio ahora entre tus piernas soñolientas.
Como una triste despedida, amarga sinfonía.
Y que suene el mariachi en aquellas lánguidas horas donde nunca fuiste.
En la efervescencia de tu sonrisa triste.
Nada queda, sino la ausencia de los siglos en la molienda.
Nada queda, sino las tardes cargadas de melancolía.
Y los pájaros sobrevolando el olvido y las piedras rodando por el desfiladero.
Estoy estacionado en el exceso de tu boca adherida a mi boca de naufragio.
Siento mis raíces anidando en mi garganta.
Como una estampa de bandoleras necedades.
Que la cuerda vibre en la zotehuela del alma.
Echádle más alcohol a la herida.
Que yo seguiré viviendo aunque sea tan solo por pura inercia.
Que yo seguiré latiendo aunque me sepas a lumbre del aire.
Yo soy la brasa última que respira en tu pelo.
Yo soy el verbo en carneviva que clama por ti en sus adentros. ::.

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