Quedará la poesía
Hoy me acordé del aroma carmesí de tus besos duros, tu sonrisa menguante.
Ya nada importa.
Arrástrame a tu infierno de pastillas y luces apagadas, quiero desfallecer en la sal de tus ojos, en el extravío de tus brazos mortecinos.
Derrotado por las sábanas destendidas de tu habitación, descubrí que tus besos en francés saben a veneno destilado de hermosas flores, al deseo lamiendo toda prohibición de tu cuerpo.
Entre más te conozco más se apoderan de mí las dudas, las certezas más incómodas.
¿Quién eres?
Eres la infección que me ha mutilado el corazón con emociones a medias, discreciones hipócritas, secreciones del alma que no terminan de dar fruto.
Te buscan mis versos con insistencia para llegar hasta lo mas hondo de ti, sacarte de tu escondite, raptarte al país de los enamorados que habitan el lado oscuro de la luna, pero no sé cómo…
No hay peor dolor que querer cambiar un viejo dolor que se niega a ser cambiado.
Es como si estuvieras ausente, en un lugar remoto, atrapada por recuerdos que te persiguen cabalgando la negra noche.
Lejos de salvarte iba a hundirme contigo.
¿Quién soy yo para jugar al héroe en esta densa selva de ataúdes vacíos?
Prende el mechero y reduce a ceniza mi obsesión de ti, mi obstinación de pensarte todo el día, atrapada entre cuatro paredes que se encogen y nos aplastan.
Dime si el sueño del último año no fue acaso la más sutil de mis pesadillas.
¿Cómo amarte sin destruirte, cómo ahuyentar el humo negro que te nubla el corazón sin incendiarme o morir asfixiado en la humareda?
Vamos a refugiarnos a una isla llena de monstruos… escapemos de esta marabunta de culpas, liberémonos de las ataduras de la carne para perdernos en la eternidad del cielo, juguemos a la casita, a revolcarnos en el lodo, a la ruleta rusa en el último trago de vodka.
¿Buscas acaso un compañero que sólo mire tus piernas mientras te sumerges en el pálido sueño de la muerte?
Yo busco las palabras secretas para desnudarte el alma.
Sigo preso en tu transpiración erótica, el letargo taciturno de mis días y de mis noches en que me dueles hasta el origen mismo de la existencia.
Tu desnudez es otra forma de ponerte la máscara para que nadie te reconozca, y puedas justificar tu soledad y beberte el dolor de vivir incompleta en cada bocanada.
¿Por qué me habré vuelto adicto a marchitarme en tus labios cuando me dicen, de todas las formas posibles, que no me amas?
Desde que te conozco no he hecho otra cosa sino fracasar en mi intento de entender qué anhelas para hacerte feliz.
Entre más me acerco, más se aferran las raíces de mi corazón a tu fotografía… será mi imposibilidad de aceptar que para ti no soy más que un simple pasatiempo.
Tengo que alejarme de ti, pero aún no encuentro la manera, si te pienso a todas horas y a todas horas me dueles, como una astilla en el corazón, aturdido de tanta nostalgia, degradado como un vil residuo de la noche.
No estoy dispuesto a volver a perderte, a volver a ti para que me arranques el corazón a mordidas, por eso no quiero volver a verte, para que no me vuelvas a doler como me dueles desde que te conozco.
¿Qué vieron mis ojos en ti que no te sueltan?
¿Cómo se le hace para no perderte si te asusta tanto que te quieran?
¿Cómo ayudarte a descubrir el amor sin morir aplastado en el trayecto?
¿Existirá la vida después de ti?
Siempre me quedará la poesía para evocarte desde mi exilio submarino y cantarte al oído en la suave intimidad del sueño.
::.

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