Pronunciamiento ante las declaraciones emitidas por la Congregación para la Doctrina de la Fe.
Con profundo dolor, decepción y tristeza recibimos las palabras del Responsum de parte de la Congregación para la Doctrina de la Fe. Molesta no solo la negativa a bendecir estas parejas de mismo sexo que son nuevas Iglesias domésticas, donde se vive y transmite el amor de Dios. Nuestros sentimientos vienen por las palabras tan duras que usa el documento, palabras que no solo hablan de la poca comprensión del mundo contemporáneo, también nos habla de la poca comprensión del amor de Dios, y de una soberbia que pretende conocer y decretar cuales son los designios de Dios desde la ley, las tradiciones y posturas morales que han impuesto y siguen imponiendo por encima de la dignidad del ser humano. Es hora de que los jerarcas entiendan que las opiniones, tradiciones, posturas morales y leyes “eclesiásticas” nunca pueden estar por encima de la dignidad humana, sobre todo de los derechos y del reconocimiento de un sector que históricamente ha sido vulnerado por los discursos religiosos, ¡Ese no es el Espíritu de Cristo!
Nos preocupa el tono y la forma de las palabras usadas en el documento, creemos que puede ser una invitación y aprobación de ciertas practicas de violencia en contra de las personas de la diversidad sexual, nos preocupa el que estas palabras fueran dichas a la ligera y nos aterra pensar que estas palabras fueran puestas ahí con cierto propósito; más cuando varias diócesis y movimiento católicos laicales en el mundo promueven la exclusión, la expulsión la violencia e influyen en políticas publicas que violentan los Derechos Humanos de las personas LGBT+.
Como personas católicas y miembros de la diversidad sexual, tenemos la firme convicción de que el Amor de Dios es Incondicional y no discrimina ni por la orientación sexual, edad, capacidad física, por ser mujer u hombre, transgénero, lesbiana u homosexual. Todos somos uno en Cristo (Gálatas 3:28). Por ende, toda declaración no fundada es esto, no tiene validez, ni puede representar el Espíritu liberador, sanador e inclusivo de Jesús. Desde este mismo Espíritu hacemos un llamado a un cambio de discursos, a dejar de seguir poniéndole pretextos a sus miedos y odios, pues creemos que seguir perpetuando el discurso que prima la reproducción sobre el respeto, el cariño, el amor y la solidaridad entre pareja es peligroso y vulnera también los derechos de las mujeres. Es hora de decir con firmeza que el amor no es pecado y que no podemos condenar las formas de amar, más cuando sectores de la jerarquía prefieren bendecir armas, ejércitos, consagrar políticos corruptos y servir de lavado a negocios criminales, que bendecir, celebrar y ver el inmenso amor de Dios que se comparte en y entre las personas.
En medio de una sociedad injusta donde los poderosos buscan su bienestar silenciando el sufrimiento de los que lloran, nosotrxs, lxs que nos decimos creyentes, tenemos la obligación de atrevernos a leer y a vivir la realidad desde la compasión de Dios por los últimos (Ex. 3,7). El amor inclusivo y liberador de Dios se debe mostrar con nuestras palabras y obras de amor (Jn. 13,34). Por eso, hacemos un llamado a sumar esfuerzos, a tener una santa indignación que denuncie estos discursos de condenan y pensemos más en una Iglesia de vino y odres nuevos, hacemos un llamado a resistir y celebrar nuestra existencia dentro del Cuerpo místico de Cristo, hasta que se entienda que no puede haber una Iglesia sin nosotrxs y nuestras familias.
Colectivo Teresa de Cepeda y Ahumada.
16 de marzo del 2021


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