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Producir un examen

Nov 17, 2023
8 min read

Os dejo un modelo de las nociones y el tema del examen. Son básicamente las entradas sobre Aristóteles que ya hemos explicado!!.

LO NECESARIO Y LA CIENCIA.

Cuando habla de las virtudes dianoéticas Aristóteles empieza hablando de la ciencia. Para empezar a caracterizar la ciencia, Aristóteles distingue entre lo necesario (lo que no puede ser de otra manera) y lo contingente (lo que puede ser de otra manera). Estos términos han generado rios de tinta en la historia de la filosofía

Conocemos lo contingente mediante la experiencia. Por ejemplo, puedo saber si me tocará la lotería cuando sea el sorteo, no antes. Pero lo necesario lo podemos saber de antemano. Puedo saber antes de la experiencia que un trozo de hormigón se hundirá en el agua, no me hace falta tirarlo, o que el sol saldrá mañana por el este. Tenemos ese conocimiento gracias a la ciencia.

La ciencia, dice Aristóteles, se ocupa de lo necesario. Y lo necesario para él es además eterno e ingénito e indestructible. Aristóteles tenía un modelo fijista de la naturaleza, pensaba que todo existe desde siempre y durará para siempre. Un modelo muy distinto al que luego propondrá el cristianismo (según el cual el Universo tiene un origen  y un fin) o la teoría de la evolución (que defiende que los seres naturales cambian a lo largo del tiempo)

Esta característica de la ciencia (la necesidad) es lo que hace que sea enseñable. Efectivamente, podemos transmitir el conocimiento científico gracias a que este obedece a leyes necesarias que dicen que, siempre que se de un fenómeno, se dará otro. Si esto no fuera así no habría manera de hacer ciencia 

 Aristóteles señala que el camino de la ciencia es doble;  la inducción y el silogismo. El primero es establecer una verdad general a partir de muchos casos particulares. El segundo opera al revés; a partir de una verdad general establece una verdad particular. Estas dos formas lógicas nos permiten establecer el corpus de conocimientos científicos, hacer descubrimientos y enseñar de manera convincente.

En este breve texto, Aristóteles aun da una característica más de la ciencia diferenciándola de la opinión. Al igual que le pasaba a Platón, Aristóteles está interesado en distinguir a los que realmente saben de los que parecen saber, pero el Estagirita ofrece algo más que su maestro para distinguir saber real y aparente; Platón ofreció un mito (la caverna), mientras que Aristóteles ofrece un criterio mas objetivo. Solo hay ciencia cuando se saben las causas de algo, pues podría darse que uno supiese algo, pero no supiese el por qué ni el para qué ni el cómo de eso, y entonces solo tendría conocimiento por casualidad.

LA PRODUCCIÓN Y LA ACCION.

La palabra española “arte” hace referencia a las bellas artes, y lo primero que hay que decir es que la palabra que utiliza Aristóteles,  “techne” no se refiere solo a ellas. Aristoteles entiende la techne la habilidad que hace que algo pase de no ser a ser. Aristóteles distingue dos tipos de actividades humanas.

Por un lado los seres humanos hacen cosas. Por otro lado construyen cosas. Hacemos acciones (jugar, cantar, insultar, obedecer, viajar, hablar….), construimos objetos (pelotas, comida, libros, dibujos….) Los términos griegos para esta distinción son praxis y poeisis, lo que puede traducirse como acción y producción.

Lo que diferencia a ambos es lo siguiente; el fin de una producción es algo externo a la producción misma, mientras que el fin de una acción es algo interno a la misma acción. Esto puede parecer un galimatias, pero no quiere decir más que lo siguiente; hay ciertas cosas que las hacemos para conseguir algo (por ejemplo, construimos una casa para tener una casa) mientras otras cosas las hacemos simplemente porque hacerlas nos resulta satisfactorio en si mismo (por ejemplo, jugar o viajar o charlar o discutir o pensar…. ) Esto diferencia a la acción de la producción. Las cosas que hacemos en la acción son buscadas por si mismas, mientras que la justificación de la producción es el objeto producido.

El arte, dice Aristóteles, es la virtud dianoética propia de la producción. Esto tiene sentido, pues ser “artista” es ser capaz de producir cosas. A semejanza de lo que pasaba con la ciencia, este modo de ser tiene que estar basado en la razón. Construir algo sin saber cómo, al modo de alguien que tocara la flauta por casualidad, no es ser un artista.

Aristóteles da otras claves de lo que significa ser un “artista”. Una es que consiste en crear algo que no existía (“todo arte versa sobre la génesis”, dice) y otra es que el arte, a diferencia de la ciencia, se ocupa de lo contingente, esto es, de lo que podría existir o no; está claro que cuando alguien produce algo esto podría o no haber existido, es libre decisión de quien lo produce. Esta contingencia del arte (su no necesidad) es lo que Aristóteles parece tener en mente cuando dice “el arte ama el azar y el azar al arte”.

PRUDENCIA Y MODERACIÓN.

La palabra “prudencia” traduce el griego “phronesis”. En castellano entendemos a menudo que una persona prudente es alguien que no corre riesgos, pero para Aristóteles este término hace más bien referencia a algo que podríamos llamar “buen juicio“. La phronesis es la capacidad de juzgar correctamente en los asuntos humanos, no en un sentido particular (por ejemplo la salud o la fuerza, pues estos son los  campos científicos del médico o el entrenador), sino en general. Una persona prudente es aquella que sabe que es lo mejor en todo momento para ser más feliz tanto él como los demás.

Aristóteles distingue rápidamente la ciencia de la prudencia. A diferencia de la ciencia, la prudencia se ocupa de lo contingente, de lo que puede ser de otra manera. Esto no merece mucha discusión, pues las deliberaciones de un hombre prudente no pueden versar sobre lo que pasará si o si, sobre lo que ocurrió con necesidad o sobre lo que no está en su mano cambiar. En esto, como en tantas otras cosas, Aristóteles muestra su sentido común y parece sugerir un consejo estoico que nos vendría a todos muy bien, si nos lo lográsemos aplicar; no te preocupes de lo que no está en tu mano.

La distinción entre arte y prudencia es otra. Aristóteles insiste en que una cosa es producir algo y otra hacerlo. La diferencia es que el fin de la primera es externo a la acción, el fin de la segunda es interno. Es por eso que Aristóteles dice que “una acción bien hecha es por sí misma el fin”. Hacer algo bien es un fin en si mismo. 

La prudencia, ciertamente, no nos dice cómo hacer cosas, como hace el arte, sino qué hacer. Saber qué hacer es lo que distingue a los administradores y a los políticos competentes.  Y lo que finalmente distingue a las personas prudentes de las imprudentes es, dice Aristóteles, la moderación.

En su teoría de las virtudes Aristóteles había defendido que las virtudes del carácter consisten en una especie de término medio entre el exceso y el defecto. Es la prudencia la que nos dicta en qué consiste ese término medio. Ese saber cuál es el término medio, y optar por él, es lo que hace a un hombre moderado.

Merece la pena explicar con más detalle lo que dice el Estagiríta. La moderación es una especie de salvaguarda de la prudencia. Hombre moderado, dice,  es el que no se deja llevar en modo extremo por el placer o el dolor, pues esto “destruye el principio“. La idea es que a la hora de escoger una acción debemos deliberar que nos hace mas felices y convertir eso en nuestra guía (el telos) , pero si nos fijamos demasiado en el placer o el dolor (huyendo a toda costa del dolor o buscando a toda costa el placer) nuestro pensamiento se ofusca y elegimos mal, esto es, imprudentemente. Si por ejemplo estoy en una situación de sufrimiento extremo, como una tortura, puedo elegir algo insensato obcecado por librarme de ese dolor; estoy siendo imprudente.

TEMA. Virtud y Felicidad.

Vimos en la entrada anterior que la filosofía aristotélica era teleológica, esto es, se pregunta cuál es el fin al que se dirigen las cosas. Si estudiamos el ser humano, hay que preguntarse cuál es el fin de su actividad. ¿Para qué hacemos lo que hacemos? ¿Cuál es la causa final de nuestro actuar?

Para Aristóteles la respuesta es; la felicidad. Ella es la  que orienta nuestra acción moral es la felicidad. Por eso su ética recibe el nombre de eudemonismo. ( La palabra griega eudaimonia significa felicidad)  

Para Aristóteles el fin natural del hombre es realizarse.  ¿Que significa esto? Realizarse es llegar a actualizar el propio ser, que está solamente en potencia. Para Aristóteles todos los seres naturales tienen dentro de sí mismos su propia realización

Aristóteles no se separa un ápice de la vieja sentencia de Píndaro; “Llega a ser el que eres”. Llegar a ser el que se es, cumplir el propio ser, es el objetivo al que se conduce toda la acción humana, y se identifica con el nombre de felicidad. La felicidad es el bien supremo y el fin último de nuestra acción, en el sentido de que todo lo que hacemos lo hacemos para ser felices. 

La felicidad para Aristóteles esuna actividad. No está de más apuntar esto, porque a menudo se piensa en la felicidad como una posesión. Muchas veces pensamos que para ser feliz hay que tener cosas (tener una casa, tener una familia, tener un trabajo….)  Aristóteles defiende que hay sin embargo un hacerse feliz. ¿Y cómo nos hacemos felices? Aristóteles dice que cada ser es feliz realizando la actividad que le es propia y natural. Es decir, y volviendo a lo que habíamos dicho antes; cada ser es feliz realizándose. Ahora bien, según Aristóteles la actividad más propia y natural del ser humano, la que corresponde mejor con su naturaleza, es la actividad intelectual. Por lo tanto, lo que nos hace más felices es el aprendizaje y el estudio; el conocimiento.

Pero Aristóteles sabe que el hombre no es solo razón e intelecto, por lo que una vida dedicada solo a aprender no es posible, es solamente un ideal. Dado que tenemos necesidades corporales, emocionales y sociales, necesitamos también unos ciertos bienes corporales, como la salud, y exteriores, como dinero, amistad, etc. La felicidad, dice Aristóteles, no se puede dar separado de los demás. El hombre es un animal social, que tiene sentimientos amistosos por sus semejantes y tiende por naturaleza a vivir con los demás. Solamente viviendo con los demás el hombre puede alcanzar la felicidad. Aristóteles piensa de modo opuesto a como muchos siglos después hará el filósofo inglés Hobbes, para quien “el hombre es un lobo para el hombre”, y si soportamos la presencia de los demás es porque no tenemos mas remedio. Para Hobbes los seres humanos viven juntos porque si no fuese así no podrían sobrevivir. Pero para Aristóteles una vida sin los demás es una vida infeliz.

Como hemos dicho antes, cada ser es feliz sacando algo de dentro de sí mismo. Y no cualquier cosa, sino precisamente lo mejor. Para lo mejor de nosotros mismos Aristóteles reserva él término virtud. La palabra griega areté no tiene las mismas connotaciones que la palabra española virtud.   Virtud, para los griegos, es una especie de fuerza, una capacidad que nos hace mejores. Una persona virtuosa es una persona que tiene ciertas capacidades, desarrolladas a partir de ciertos hábitos.

En síntesis, la idea del filósofo griego es que somos felices haciendo cosas, y haciendo cosas bien, y cuanto mejor hagamos las cosas mas felicidad conseguiremos.

Aristóteles insiste en el componente de hábito de las virtudes. Las virtudes consisten en la repetición de acciones, de modo que en el sujeto adquieren un carácter casi automático.  La costumbre de decir la verdad me convierte así en una persona sincera. Dicho de modo sencillo, uno no se porta bien porque sea bueno; es bueno porque se porta bien. Ser virtuoso es cultivar hábitos positivos.

¿Cuál es la naturaleza de estos hábitos positivos? Para Aristóteles las virtudes del carácter (éticas), como la valentía, la magnanimidad, la moderación, tienen siempre un justo medio, establecido por la razón, entre dos actitudes extremas por exceso o por defecto.  Por ejemplo la valentía es un término medio entre la cobardía (por defecto) y la temeridad (por exceso). La generosidad es el término medio entre la tacañería (defecto) y la prodigalidad (exceso).  La magnanimidad es el término medio entre la pusilanimidad (el que se cree indigno de lo que merece)  y la vanidad (el que se cree digno de lo que no merece) Así todo.

Aparte de estas, tenemos las virtudes del conocimiento (dianoéticas). Como el conocimiento es la naturaleza esencial del ser humano, cultivar sus virtudes será un buen camino para la felicidad.

 
 
 

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