Preparativos de un viaje a los Mercadillos Navideños Alemanes
- goldenstateservicesj
- Sep 2, 2025
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Llega un momento en la vida en que uno no quiere irse más de vacaciones con sus padres. Que quiere hacer planes con sus amigos, ir a otro ritmo, hacer otras cosas… Sin embargo, pasan los años y llega otra etapa, una en la que te das cuenta de que la vida son dos días y que hay que aprovechar cada instante. En mi caso ya hace algunos años que empezamos a viajar con mis padres. Un puente, una escapada de 4-5 días. Primero aquel viaje a Londres en 2014 cuando mi hermano aún vivía allí, un año más tarde a Estambul, y en 2017 a Suiza. Después de aquello, salvo algún viaje en Nochevieja a alguna casa rural por España, no habíamos vuelto a hacer un viaje en familia. En 2024 andábamos un poco perdidos con las vacaciones. Después del COVID y el cambio de casa nos había costado volver a encontrar el ritmo. Y es que hace años teníamos una lista de futuribles, pero ahora no parecían encajar. Nuestro primer viaje al extranjero fue a Azerbaiyán y Georgia porque lo propuso mi hermano, y Roma lo decidimos a un par de meses vista y casi por descarte. Porque estaba cerca y es un destino que siempre íbamos descartando por no ser el momento. El caso es que con la tontería nos habíamos plantado en septiembre y estábamos de nuevo sin saber qué hacer con los días de vacaciones. Y ahí es dónde entran mis padres.
Mi padre llevaba años diciendo que le gustaría hacer un viaje a Europa a ver los mercadillos navideños. No especialmente por lo que esas fiestas significan, ya que no somos una familia religiosa, sino más bien por el ambiente que allí se vive y porque si no es viaje organizado, ellos lo tienen un poco más complicado para salir al extranjero. Las generaciones que hemos aprendido idiomas y hemos crecido ya en un contexto europeo sin fronteras lo tenemos mucho más fácil para movernos y quizás no somos conscientes de que no para todo el mundo es tan sencillo. Tomando esta idea de los mercadillos navideños, teníamos varias opciones de países, como República Checa, Austria, Bélgica, Francia… pero dado que no vinieron a verme cuando estuve de Erasmus, tenía la espinita de que vieran Alemania. Y también era una oportunidad de ir a alguna región que nosotros no conociéramos del país. Ya que estábamos planificando viaje familiar, añadimos al pack también a mi suegro que estuvo en los 70 trabajando en Alemania, pero en realidad se movió poco por el país.
Tras darle unas vueltas al mapa valorando fechas, aeropuertos, opciones de alojamientos, zonas en que hubiera varias ciudades próximas entre sí y conectadas por tren, ganó Frankfurt. Como queríamos ambiente pero no agobio, pensamos que sería mejor viajar antes del puente de diciembre, pues los mercadillos comenzaban sobre el 23-24 de noviembre. Al pedir las vacaciones en el trabajo tuvimos que ajustar con el fin de semana así que finalmente nos íbamos del 27 de noviembre al 1 de diciembre.
A finales de octubre, con la zona decidida y las fechas concretadas, sacamos los billetes de avión. Esta vez nos salieron algo más caros de lo que habíamos pensado inicialmente por tener tan poco margen de tiempo y por volver un domingo. Y sin demorarnos más, reservamos también los hoteles, el ACHAT Hotel en Wiesbaden para ver dicha ciudad y la cercana Mainz, y el IntercityHotel Frankfurt Hauptbahnhof Süd en Frankfurt para conocer la capital financiera y estar bien conectados con el aeropuerto a la hora de volver a casa.
A un mes vista para el viaje, solo quedaba planificar las rutas para tener más o menos claro qué ver en cada ciudad, informarnos sobre el transporte público a nuestra disposición y reservar el aparcamiento en Barajas, ya que esta vez no tendríamos a nadie que nos llevara o fuera a recoger. Y por supuesto, preparar el equipaje con ropa de abrigo.

Arrancamos nuevo viaje.

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