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Poema de la ducha

Jan 13, 2021
3 min read

Hagamos versos, versos con los dientes y las manos y los sueños y la lengua, hagamos versos con el ansia desatada, con la tierra colorada versos que se suceden en el cañaveral de las horas mojadas, versos que gravitan en la dicharachera alegría del alma o la caricia de una vidente ciega, versos que diambulan en las vernáculas fiebres del corazón, entre la verbena y la farra, la franca sinfonía de mis manos adheridas a tu cuerpo de estrella lejana. Enredado en tu cabello, respiro la despampanante pulcritud de la aurora, y me acuerdo de cosas que no sucedieron, salvo aquellas irremediables ganas de seguir amaneciendo entre guitarras. Los poetas tenemos ese gozoso deber de seguir pariendo estrellas con la boca. A mí me gusta ese arte rutilante donde todo es posible, donde la imaginación se impone siempre al sinsentido de la razón, porque el único idioma verdadero es la lengua que recita el corazón. Bastó una frase para marcharme y no volver. Bastó una frase para seguir amaneciendo en la resonancia de la primavera. Bastó una frase para cantar el amor  en todas las lenguas, bastó una sola y dilatada herida para curar todas las penas, todas las desgracias que lloran los hombres y mujeres que se duelen más allá de la carne más allá del deseo más allá de aquel abrazo que no será, las despedidas sin regreso, el irremediable fin que lo pudre y lo puede todo. Luna de mi sangre, ríos como mi suerte, empapada. La noche es un aluvión de recuerdos aún por nacer. Yo fui escribiendo los versos en la rotunda intemperie, como una sola y fustigada promesa, el arte es dolerse y forjar la belleza, es el hambre irremediable de todo animal herido y encarnado: la suerte de saberse nadie la muerte de saberse infame la narte de saberte suede… Mis ojos ven lo invisible, el poema primero que parió el mundo el poema que alunizó en tus ojos el poema que inventó a los antiguos dioses, salvadores del cosmos. Es la extraña dicha de saberse pobre y convivir con el polvo, ese alegre muladar de la existencia donde todo ocurre,incluso los sueñosque aún no germinan. Dime, agua curandera, qué harás con toda la salina suciedad que se desprende de mi cuerpo. Dime si mi alma habrá de curarse a sí misma tras contemplarse desnuda en un oscuro espejo de obsidiana, águeda y rubí. ¡Oh mancillada constelación de alegrías que me brota del costado! Estoy alegre y despierto, tan insensato, como los locos que no se contentan con la crueldad del mundo y su yugo opresor, como un despojo de los días planetarios que se aferran a la vida, un mar de caricias. Hagamos versos hasta el último aliento, con el vaho que se adhiere a los vidrios, sudorosos, calientes, esa brasa que es el cuerpo ese ardor que es el hombre. Yo no estoy hecho para la vida en serie y pasar mis días en la maquila. Yo soy el jardinero que hará madurar el fruto de la poesía en las resonantes almas que anhelan un nuevo destino. Yo convertiré el desierto más árido en un selvático edén de bichos sonrientes, un edén caótico, intempestivo,de agua clara y piedras vigías observando el curso de los días, la circunvalación del cielo. Yo reinventaré la noche con mi hocico jadeante de hiena burlona, hecho para beber y reír. Yo soy feliz  en mi encharcada parcela donde florece lo imposible. ::.

 
 
 

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