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PENSAR LA POESÍA DIGITAL- UN ESBOZO DE FRIED A GOLDSMITH

Jul 1, 2019
8 min read

En la actualidad, la optimización de los medios tecnológicos ha dinamizado la riqueza cultural de la sociedad contemporánea, sin embargo, este proceso involucra fenómenos que pasan desapercibidos y que son importantes focos de tematización debido a la relevancia cultural que adquieren, uno de estos fenómenos descansa en la posibilidad de escribir poesía en la era digital ya que así como las artes plásticas a lo largo del siglo pasado enfrentaron una constante transformación en el modo de producir obras (esto en relación a sus medios y materiales) así mismo la poesía en el siglo XXI enfrenta un paradigma totalmente distinto respecto a los inicios del siglo XX, ahora la posibilidad de escribir poesía no sólo radica en la capacidad creativa del poeta, sino que ahora él puede enfrentarse al ejercicio poético de una I.A, como demuestra en sus investigaciones Oscar Schwartz, esto provocado por el avance de los medios tecnológicos, inclusive este cambio de paradigma, instaura plataformas que pueden albergar poemas en 140 caracteres desplazando una determinada forma de escritura según Kenneth Goldsmith. Por lo tanto, debemos problematizar bajo qué circunstancias se presenta la poesía en nuestro tiempo, para atisbar nuevos caminos que logren pensar el arte que producimos en nuestro tiempo.

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En el mundo contemporáneo la poesía ha alcanzado una dimensión totalmente distinta a la que comúnmente se pensaría, dicha dimensión comienza a partir del giro ontológico que ocurre en las artes plásticas a mediados del siglo XX, con el florecimiento del arte contemporáneo, vertido en sus distintas modalidades, como por ejemplo el arte literalista, sin embargo, dicho giro ontológico tratado por Michael Fried en su texto Art and Objecthood ya anuncia al final de sus reflexiones que la poesía también deberá redefinir las formas en las que se constituye como objeto artístico, para ello tendrá que adquirir cierto grado de materialidad y en suma de objetualidad que permita replantear la fórmula tradicional del artista como único agente productor de arte, así como instaurar un grado de presencialidad distinto al arte moderno, tal presencialidad tiene que ver con la superación del arte representacional, es decir, que el arte contemporáneo redefine la relación entre espectador y artista, esto implica que el arte no se da sólo en relación al artista, sino que ahora necesita de la experiencia del espectador para consolidarse como objeto artístico. 

Aunque debemos matizar que tal idea no se configuro en el plano de la poesía sino hasta el advenimiento masivo de los procesadores de texto, ya que significó un replanteamiento radical de la escritura en la medida en que se abría la posibilidad de re-ordenar y re- estructurar la forma en la que se daba un texto, claramente tal revolución tuvo repercusiones en la poesía aunque sigilosamente y no fue sino hasta finales del siglo XX y principios del XXI, donde varios poetas conceptuales finalmente lograron insertarse en el paradigma de las artes plásticas sobre el que Fried hablaba. Prueba de ello es Kenneth Goldsmith, quien en su texto Escritura no-creativa: la gestión del lenguaje en la era digital esboza la urgencia de redefinir las técnicas con que se realiza poesía o literatura, tal urgencia va de la mano no sólo con la posibilidad que nos ofrece la optimización del software sino también plantea que las narrativas alrededor de la tecnología han redimensionado la relación que establecemos con la poesía, por ejemplo si reducimos nuestra actividad en nuestros perfiles de Facebook o Twitter a mero código, tal código ha de reflejar en cierto sentido nuestra propia vida, sin embargo, esto no quiere decir que la poesía se reduzca a puro código sino más bien que tal código nos ofrece una oportunidad para relacionarnos con la objetualidad o materialidad de la palabra, un ejemplo concreto de esta idea pueden ser los poemas de Charles Bernstein, “HH/ie,sobVrsx;atjrn dugh seineocpcy i iibalfmgmMw” (Bernstein, 2000) quien intenta depurar toda idea de autoría y estructuras preestablecidas que imperan en la literatura, señalando la riqueza narrativa que nos ofrecen las máquinas del mundo contemporáneo a través del lenguaje digital, esta ampliación del lenguaje nos aproxima a problematizar la dimensión que adquieren las palabras en nuestra era, habrá que preguntarnos: ¿cuánta palabra fluye justo detrás de nuestras pantallas?, ¿quién o qué hace poesía si decimos que hay máquinas inteligentes capaces de reproducir las mismas formas y estructuras que causaron estremecimiento en siglos pasados?, ¿qué papel juega el lector en esta era?, frente a tales cuestionamientos debemos advertir que la transición generacional que vivimos trata de resolver un sinfín de realidades como la relación permanente con máquinas inteligentes, con dispositivos que fluyen dentro de nuestro cuerpo o la interacción entre avatares e individuos corpóreos, entre otros. Sin embargo, tales fenómenos traen a colación la urgencia de repensar la manera en que vemos y hacemos poesía actualmente, ya que, si de facto habitamos un entorno digital, ¿dónde queda la poesía? Ésta ya no está en libros, ni en archivos fijos, ahora yace en múltiples formas, poeta no es sólo el hombre también la máquina como lo demuestra el proyecto colaborativo de Beard of Bees, encabezado por Eric Goddard-Scovel y Gnoetry. Tal idea de la poesía digital lleva a Oscar Schwartz a trabajar en una plataforma llamada Bot or Not en donde invita al usuario a distinguir si un poema fue hecho por un poeta o por una máquina. 

Los anteriores párrafos nos permiten atisbar la problemática que podemos dejar sobre la mesa, dicha problemática oscila en la posibilidad de pensar la poesía en la era digital, nuestra intención es mostrar grosso modo qué idea de poesía está en juego, recuperando pensadores como Fried o Goldsmith en seguida trataremos de extender tales reflexiones con aportes de poetas como Bernstein, Eric Goddard y por último abordaremos la relevancia de los proyectos de Schwartz para redondear la propuesta instaurando bosquejos argumentativos que se sumen a una narrativa sobre la poesía dentro de un hábitat digital. 

Para el analista norteamericano la condición de objetualidad que mencionábamos arriba es la de no-arte, sin embargo dicha objetualidad encierra matices ya que pretende atisbar que a diferencia del arte moderno insertado en una tradición representacional que intenta “derrotar o suspender su propia objetualidad a través de la forma o figura concebida como medio” (Fried, 2004) en el arte literalista del cual se ocupa en este ensayo lo que encierra es restituir tal objetualidad, de ahí que brote una reconciliación entre las artes plásticas y el teatro, entendiendo que para el arte moderno el teatro fue siendo desplazado porque en el fondo desplazaba al espectador y en cambio para el arte literalista se reintegra este nivel de teatralidad en tanto que intenta incluir al espectador, o en otras palabras la relación que se establece entre objeto artístico y espectador se condiciona a partir de la situación esto implica que “las cosas están en el espacio con uno mismo, en lugar de que nos encontremos rodeados de cosas en un espacio” pero las cosas que se constituyen como objetos artísticos literalistas siempre confrontan al espectador, habrá que pensar en esta instancia como es que los medios o materiales son fundamentales para la realización de este tipo de arte justamente porque ahora, los materiales maximizan la posibilidad de confrontar al espectador, basta con ver las exposiciones de arte contemporáneo en museos, por ejemplo la primera toma de The Square, la farsa del arte, los materiales no son los que significan o aluden sino que “son lo que son y nada más y lo que son no es algo captado intuido, reconocido, más bien la identidad obstinada de un material específico, al igual que la totalidad de la figura es afirmada, y al espectador le da un grado de experiencia infinita, de inagotabilidad, de ser capaz de seguir y seguir permitiendo que el propio material se nos confronte en toda su objetividad” (Fried, 2004), subrayo este carácter de infinitud en el marco experiencial brindado a partir de la materialidad del objeto artístico, ya que justo esta característica la piensa para las otras artes no plásticas, “la condición de existir o de echo de secretar o constituir un presente continuo de la pintura y perpetuo, es a lo que aspiran las demás artes sobre todo la poesía y la música” 

Para construir un puente entre lo dicho anteriormente y el caso de la poesía digital debemos pensar la diversificación de medios a partir del internet ya que tal instancia maximizó no sólo la posibilidad de trabajar sobre procesadores de textos sino que en suma alimentó la creación o ampliación de hipertextos, esta noción de hipertextos definió la posibilidad inagotable de la poesía, si de por sí la poesía en papel refería a otros textos, la poesía en la era digital no solo nos refiere a otros textos sino que nos acerca a un abismo de textos, donde no sabemos qué hacer con ellos, asistimos a un océano de textos, que abrumador nos hemos de sentir con dar o no click, abrir vínculos, escribir en plataformas, ¿cabe salir avante de tales instancias escribiendo? ya en Escritura no-creativa se dice: “El mundo está lleno de textos más o menos interesantes; no quiero añadir más” (Goldsmith, 2011), dicha idea es sumamente relevante ya que atisba la posibilidad de no seguir escribiendo, así como para las artes plásticas el giro ontológico se dio a partir del grado de presencialidad del objeto artístico, para la poesía qué puede añadirse, si las formas de presentación de textos son justamente las condiciones de posibilidad para imaginar nuevos textos, más allá de nuevos textos, más bien deberá hablarse de recuperación, re-ordenación, re-descubrimiento y cómo lograr estas instancias para ello debemos preguntarnos sobre la relación entre internet y artista, pero no en un sentido cotidiano, el internet como plataforma del artista sino más bien el internet como artista que descubre la muerte del artista, parece un sinsentido tal sentencia pero vayamos a paso lento y constatemos el siguiente escenario. 

El internet opera sobre lenguajes de programación y a su vez estos dan como resultado código, el código en cuestión no es más que una serie infinita de letras, números y signos ordenados arbitrariamente por una patrón algorítmico, en el fondo es lenguaje y el lenguaje aspira a la búsqueda de significar, vaya problema encontramos al intentar hallar el significado de lo siguiente “lemento { font-family: “wf_segoe-ui_normal”, “Segoe UI”, “Segoe WP”, Tahoma, Arial, sans-serif, serif,” lo anterior no sé si citarlo o no porque no es más que la utilización de la herramienta “Inspeccionar elemento” la cual me permite identificar el código html, de la página web donde estaba, ahora teniendo en cuenta este hecho, cómo puedo atreverme a decir que el internet opera como cierto artista o más bien internet es un poema, claramente son peligrosas aseveraciones, sin embargo lo importante no es lo escandaloso de mis aseveraciones sino la urgencia de plantear un nuevo vocabulario para hablar de este acontecimiento, Goldsmith nos invita a reflexionar sobre esto y plantea que no debemos centrarnos únicamente en la lectura de las palabras en medios digitales sino pensar en la facilidad con la que son manipuladas y administradas, es decir el hecho de haber copiado la serie de palabras que arriba leí, en un espacio digital adquieren una funcionalidad que no sólo implica la lectura, sino su propio desplazamiento operado por una acto voluntario, cabe destacar que en virtud de esta acción puedo pegar las mismas palabras en el texto que se me dé la gana, puedo pegarlo al final de una traducción del mismo texto de Goldsmith y repetir tal acto múltiples veces, hasta dejar un texto caracterizado por la arbitrariedad pero sumergido en una materialidad distinta.

Por último, creemos que nuestra propuesta más allá de consolidar una investigación abre la posibilidad de instaurar un diálogo que se adjunta a la construcción de narrativas que tanta falta hacen a nuestro presente. La consideración sobre la poesía en la era digital instaura una serie de problemas que apenas y hemos atisbado desde otros puntos, valdrá la pena visibilizar dichos problemas pensando en la apertura que puede llegar a tener con vistas a generaciones que prácticamente operarán bajo un discurso que integra de forma implícita lo dicho hasta ahora, si bien hay varias ideas que pueden ampliarse para brindar mayor amplitud al trabajo sin embargo nuestra intención más allá de ir punto a punto, es instaurar un llamado de atención para discutir, problematizar y en suma reflexionar alrededor de un aparato crítico de conceptos que permitan servirnos como una herramienta eficaz para leer nuestro presente a partir de miradas que en ocasiones quedan al margen de la bibliografía académica estándar. 

Podemos señalar que hablar de la poesía digital no es una necedad más de un servidor sino una realidad que nuestros anteojos tradicionales se niegan a ver por ello también les comparto los siguientes links:

Bibliografía 

Bernstein, C. (2000). Lift off. Republics of reality. Los Angeles: Sun and Moon. 

Fried, M. (2004). Arte y Objetualidad. Madrid: Machado. 

Goldsmith, K. (2011). Escritura no-creativa: la gestión del lenguaje en la era digital. México: Sur+ediciones. 

–Juan García Hernández. 

 
 
 

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