Pasaporte a la Utopía
Por José Gramunt de Moragas, S.J.
“Un pasaporte a Utopía”, es el título de la revista británica “The Economist” (Jan, 24, 09) al referirse a la nueva Constitución Política del Estado que se promulgó el sábado pasado en El Alto.
Tal como lo testificaron ampliamente los medios de comunicación, el acto fue espectacular y multitudinario. Histórico, lo calificó el Sr. Presidente de la República. (Nótese que Utopía va con mayúscula por referirse a la obra del canciller de Inglaterra, Tomás Moro, decapitado por su propio rey, Enrique VIII.)
Realidad o utopía (esta vez con minúscula), el caso es que hemos ingresado a una nueva etapa de la asendereada historia de Bolivia. Si esta vez fuera verdad el buen deseo manifestado por el Presidente Evo Morales, de ofrecer la concordia entre todos los bolivianos, se habría dado un paso de importancia capital. Claro que la gente está escamada por las promesas conciliatorias que sólo sirven para la galería pero que, al momento de ponerlas en práctica, se relegan al olvido. El vicepresidente, al unísono con el Jefe de Estado, se manifestó a favor del diálogo con los prefectos. Pero, a renglón seguido amenazó con ser “10 veces más duro” en la represión contra cualquier desmán que se pareciera a los hechos violentos ocurridos en setiembre y octubre del año pasado. También precisó que cualquier diálogo sería para “implementar”, pero al mismo tiempo dejó claro que “el texto “no se toca”.
¿Y cuál es ese gran paso histórico que el Gobierno se ha propuesto llevar adelante? Pues la refundación de Bolivia bajo un esquema plurinacional, socialista comunitario. Muchos desconfían de que esta fórmula sea la que realmente necesita el país. Por de pronto, el socialismo que parece se plantea, no inspira confianza en tanto viene con aires más caribeños que brasileños, por citar dos latitudes que tienen sus manifiestas diferencias. En efecto, el socialismo del Presidente Lula es muchísimo más convincente que el “socialismo del siglo XXI” que inventó el Presidente Hugo Chávez. Refiriéndose a esta diferencia aunque sin dar nombres, el exmandatario chileno y ahora candidato a la Presidencia, Ricardo Lagos, en una reciente entrevista periodística, confesaba que se inclinaba más por un socialismo democrático que por el populista. ¿No sería porque el populismo, que viene a ser otro nombre de la vieja demagogia, ha demostrado ser una catastrófica utopía? Pues sí. Creo que en Bolivia tenemos larga experiencia.
Algo parecido hay que decir del comunitarismo que se nos quiere hacer entender como una panacea que tiene resueltos los problemas de una sociedad saturada de individualismo. Y que bastaría con añadirles las modernas tecnologías de las que carecían hasta ahora los “comunarios” para estar en condiciones de encarar y resolver con soltura los problemas que debe enfrentar el nuevo Estado: pobreza, ignorancia, empleo, salud, orden público, seguridad personal y seguridad jurídica, gobernabilidad, buen nivel ético, administración de justicia,… y todo lo que compite a un país del siglo XXI.
Tomados estos dos fundamentos del “nuevo Estado” proclamado en la Nueva Constitución, creo que constituyen parte del salvoconducto a la utopía, como sería un retorno al incario o a la Ciudad del Sol, de Tomás Campanella o a la propiamente llamada Utopía de Tomás Moro.

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