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Olvido de poeta

Oct 14, 2021
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Había olvidado que era poeta, que dentro de mí, la palabra revienta.

Un cúmulo de soledades mirando el horizonte, un cuerpo sin espinas alardeando la tenue noche.

Eres tan cruel, como un suspiro ahogado en el río, caudaloso vaivén de culebras que me trepa de pronto por los oscuros quicios del alma.

Llueve portentosa la tiniebla, llueve sobre mi alma enamorada, llueve sobre una oscura canción que me llega como si nada en algún momentáneo rincón de la noche escarlata.

Corre mi sangre derramada, corre de prisa y galopa, un vendaval de recuerdos, una doncella que ríe y se libera de la cruel mordida de la noche atigrada.

Queman las manos ardientes preñando el olvido, una marea de sapos delirantes rozando el vacío, una amigable pulsión de muerte perfumando mis pasos.

Dime luna, oscuramente mancillada por los sabios jinetes del apocalipsis, dime cómo era aquello de dormir la eternidad entre amapolas, cómo era aquello de purificar el cuerpo a la intemperie, un paulatino caer de la tibia luz a la sombra.

Dime cómo era caer en sus lepras de hiena dolorida, dime cómo era hilvanar la noche amortajada en sus labios, dime cómo era reír dormido y en sueños, mascullando la piedra indomable que dormita en mi lengua.

Yerros y destierros, calabozos rojamente amordazados, poesía es corazón apalabrado, una disnea sin pretexto que pregunta por ti en el suave veneno que flota a sus anchas en una mortal bocanada.

La muerte respira en mis adentros, respira como un recién nacido entre lamentos, respira como un niño que descubre de pronto el amargo placer de la vida entre sábanas blancas, mojadas por el vino.

Dime encrucijada, dime sustancia que nunca duerme, a dónde habrán de pastar los unicornios que no saben sino reír junto al río.

Dime vidente de los pechos comestibles, di si mi suerte acabará pronto entre sus ojos felinos que no perdonan, dime si volverán los días azucena que en mis lejanas pupilas se morían.

Dime si mi cuerpo escarbado y tatuado de ataúdes aún lo llevo cargando en mi pecho, di si mi agonía de flores habrá de llegar a buen puerto algún día, di si la primavera sucede al invierno, que no quiero morir de desamor una vez más, en la nostálgica canción que aún resuena en la solitaria estación de tren, como un otoño sin fantasmas. ::.

 
 
 

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