Nueva serie a la lista “para ver”: Parliament
Aunque en España aún somos algo reticentes a las series de política (últimamente solo me viene a la cabeza Vota Juan), en otros países proliferan. En el catálogo de Estados Unidos encontramos por ejemplo las archiconocidas El Ala Oeste de la Casa Blanca (algún día sacaré tiempo para verla), House of Cards o Veep; mientras que en Europa tenemos la danesa Borgen (que volverá en 2022 con una 4ª temporada) y la francesa Baron Noir. Precisamente de Francia, aunque con coproducción belga y alemana, nos llega Parliament, una ácida comedia que se desarrolla en el máximo órgano legislativo de Europa: en el Parlamento Europeo.
La acción arranca en octubre de 2018, con los eurodiputados británicos celebrando (como cada lunes) el Brexit. Mientras esperan a que se consuma la salida del Reino Unido de la Unión Europea aún permanecen en la Eurocámara, aunque realmente no tengan mucho que hacer y no sepan qué va a ocurrir después de abandonar la Unión. Con este panorama se encuentra Samy Kantor, quien empieza a trabajar como asesor de Michel Specklin, un parlamentario francés que lleva tres años en Bruselas y es todo un maestro en el arte de escurrir el bulto. Tanto que en todo ese tiempo no ha presentado ni una sola enmienda.
Samy sirve como hilo conductor de la historia e introduce al espectador en este laberinto parlamentario. Pronto se empatiza con él. En primer lugar porque todos hemos sido el nuevo alguna vez y nos hemos encontrado perdidos el primer día; y además porque nos hace respirar aliviados al ver que no somos los únicos que no terminamos de entender el funcionamiento de las instituciones comunitarias, sino que ni siquiera lo saben quienes trabajan allí.
Parliament toma precisamente de esta confusión, exceso de burocracia, enrevesados mecanismos y numerosos cargos que apenas comprendemos para armar una comedia de enredos. Así, el piloto, es una suma de situaciones absurdas en las que el pobre Samy está muy perdido intentando comprender la jerga empleada por sus compañeros, quién es quién en los grupos políticos, quiénes son los lobistas, cuáles son los pasos necesarios para presentar una enmienda… Y mientras tanto, intentará arrimarse a Rose (la asistente de la parlamentaria británica) y a Torsten (el de la alemana), para que le aconsejen en la vorágine del día a día en Bruselas.
Al tratarse de una coproducción, y para mostrar esa torre de Babel que es Europa, la serie está rodada en diferentes idiomas, por lo que parece recomendable verla en versión original para entender todo el contexto y los gags que pudieran surgir ante la confusión de dos personas hablándose en un idioma que no es el materno de ninguno de los dos o algunas peculiaridades de cada nacionalidad. No obstante, reconozco que no es una opción viable para todo el mundo, porque si no se entienden los idiomas y se tienen que leer los subtítulos, tanto da.
Con apenas 30 minutos el piloto no da para mucho más que conocer a algunos personajes, pero a mí me dejó con muy bien sabor de boca. Me arrancó la carcajada en varios momentos y se me pasó muy rápida. Así que sin duda va a la lista de “series para ver”.

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