Nueva serie a la lista “para ver”: El tiempo de la felicidad
El tiempo de la felicidad (Lykkeland) nos traslada a un momento clave de la historia de Noruega: el descubrimiento de petróleo en sus aguas. La serie se desarrolla en Stavanger, un bonito pueblo costero de costumbres conservadoras y muy ligado a los valores religiosos tradicionales, donde, hasta la Navidad de 1969, sus habitantes habían vivido de la pesca del arenque y de la industria conservera. Ya en aquella década ambos sectores estaban en decadencia y al borde de la quiebra por sus dificultades al estar fuera de la Comunidad Económica Europea. Pero todo cambió cuando la Phillips Petroleum, una empresa estadounidense, descubrió el yacimiento petrolífero más grande de la historia en el Mar del Norte. Entonces la vida, no solo de la ciudad, sino del todo el territorio nacional, cambió por completo, convirtiendo a Noruega en uno de los países más ricos del mundo.
Según el Informe Mundial de la Felicidad de 2019, Noruega es el tercer país más feliz del mundo (España ocupa el trigésimo), solo superado por Finlandia y Dinamarca. Todo parece apuntar a que el descubrimiento de petróleo en el Mar del Norte condujo a un avance hacia el estado del bienestar y la igualdad de derechos entre hombres y mujeres. No obstante, aunque cambió la economía y el rumbo del país, no fue hasta a principios de los años 90, cuando se creó el Fondo Petrolero, que los noruegos realmente notaron tal progreso.
La serie retrata este cambio a la prosperidad económica a través de las vivencias de cuatro jóvenes, tres de ellos noruegos y el cuarto estadounidense. Por el lado local está Toril, una empleada de la fábrica conservera que descubre que se ha quedado embarazada y la pareja de prometidos formada por Anna, quien se ha mudado de la humilde granja de su familia a Stavanger al conseguir un puesto de secretaria en el ayuntamiento, y Christian, heredero de uno de los empresarios más importantes de la ciudad pero que ha decido trabajar en la industria petrolífera para alejarse de la presión familiar. El norteamericano es Jonathan, un abogado texano que representa a la compañía Phillips Petroleum. La trama gira en torno a cada uno de estos jóvenes y sus familias, cada una de un estrato social y con unos ideales, y esta se entrelaza con la vertiente argumental que narra la situación económica, política y laboral del país.
El tiempo de la felicidad engancha con sus personajes y su historia, pero además el aspecto visual de la misma está muy cuidado gracias a una muy buena fotografía, una excelente ambientación, y una elección de vestuario impecable. A mí con tener Noruega como escenario y lucha entre liberalismo y socialismo como trasfondo, ya me tiene ganada.
Cuenta con una primera temporada de 8 episodios de 45 minutos y una segunda que se sitúa a finales de los setenta, una década después. Parece que la productora tiene en mente cinco entregas para así contar la historia hasta la actualidad, así que parece que habrá El tiempo de la felicidad para rato.

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