No todo fue en vano
No todo fue en vano.
La eternidad puede habitar en un segundo, un efímero encuentro, el resonar de la piel y la memoria, un instante tallado en mármol, una catarata convertida en piedra.
Tiembla el deseo de mis manos en la proximidad de tus piernas.
El destino fraguó la tormenta perfecta una noche de nostalgia inútil y lo que pudo ser.
Las muchas certezas que otorga la costumbre jamás podrán igualarse al vehemente placer de lo desconocido.
Irrumpe el canto del jilguero en la apacible mañana y las flores se abren como ventanas.
El pulso de mis piernas es gobernado por tus ojos que desvisten y devoran por dentro.
Mi tacto hecho de palabras nunca pudo dejar una marca en tu cuello.
Las ansias de morir al lado tuyo se desfondaron en el rompeolas.
Hervores nocturnos que nunca volverán.
El cerrojo de tus piernas frente al mar es una constante en mis pesadillas: la desventura de mis dedos extraviados en la densa selva de tu pubis, pensamientos húmedos, voces endurecidas a la distancia, hematomas y versos escupe mi boca para aterrizar sobre tus pechos.
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