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No regirá mucho tiempo…

Apr 6, 2009
2 min read
Por Mario Rueda Peña

Por Mario Rueda Peña

Los bolivianos fuimos presa del misticismo constitucional desde que surgimos a la vida independiente en 1825. Estuvimos todo el tiempo enfangados en el dogma o creencia exagerada de que la clave del progreso para todos radica en las reformas constitucionales y no en el desarrollo de la economía.

Semejante extravío nos condujo muchas veces a reemplazar una Carta Magna por otra. La que nos legó el Libertador Simón Bolívar marcó el punto de partida de reformas sucesivas, la última de las cuales, decantada como ‘inédita’ y ‘revolucionaria visión de país’, es la aprobada en el referéndum de diciembre de 2008.

No es casual que a Bolivia le preocupara y siga preocupando más el techo (ordenamiento jurídico-constitucional) que los cimientos de la casa (economía). El subdesarrollo constituye la causa esencial de tan lamentable extravío. Seguiremos atribuyendo efectos mágicos a reformas constitucionales ajustadas a ondas ideológicas de moda, mientras continuemos a la zaga del desarrollo mundial. Sólo una mayor reciedumbre económica nos permitirá superar los males de nuestra actual indemnidad institucional a la adicción referida.

Acaso la Carta Magna mayormente condenada a un breve interregno de vigencia sea la que hoy se halla en vigencia como resultado del pasado referéndum. Temporalmente hablando, las anteriores trascendieron a los gobiernos que las proyectaron, porque sus principios y normas más o menos coincidían con la realidad nacional y no se apartaban de la universalidad que para las mismas establece la democracia moderna.

Aludimos, específicamente, a la definición de Estado para todos, sin parcialidades políticas, territoriales y administrativas basadas en la pertenencia étnico-cultural que deformen el concepto, creando múltiples espacios en la fuente de la soberanía nacional. Por causas que todos conocemos, es altamente probable que el oficialismo gane las elecciones de diciembre del presente año. Ciertos factores le allanan el camino a la victoria.

Sin embargo, todo hace presumir que la agudización de la actual confrontación política, como resultado de la llegada de la crisis mundial a Bolivia, determinará que la permanencia del MAS en el poder no alcanzará la longitud temporal con la que sueñan sus líderes.

Si el Gobierno rige hasta el año 2015, por lo bajo, es casi imposible que escape a inevitables desgajes de imagen y aceptación popular tras los remezones que provocará la recesión económica mundial en nuestras cuentas fiscales, monetarias y financieras, así como en los bolsillos de la gente común.

La Carta Magna del MAS y su aplicación sujeta a metodología autoritaria no harán otra cosa, en consecuencia, que encandecer a grado extremo la actual confrontación política. Es poco probable, sin embargo, que el país siga sujeto a sus principios hasta más allá de 2014. Su inaplicabilidad, por las contradicciones, errores e incongruencias que contiene, no tardarán en acreditarse. El ultranativismo boliviano podría llegar a 2014 -si llega-, en cuanto hace a imagen y aceptación popular, gravemente calcinado. Si para entonces el voto popular lo saca de Palacio de Gobierno, tendrá que irse con su Carta Magna bajo el brazo.

 
 
 

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