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No meter las manos en guisado ajeno

Jun 12, 2009
2 min read


Por Mario Rueda Peña

El Jefe de Estado debe ser rigurosamente prudente en sus opiniones sobre realidades, hechos y procesos en países miembros de la comunidad internacional. Cobra rigor extremo esta exigencia respecto a Estados limítrofes con Bolivia. Nos urge mantener relaciones de normalidad y beneficio recíproco en la interacción bilateral, con Perú, Paraguay, Brasil, Chile y Argentina.

Lo primero de lo primero para el Presidente de la República es no caer en excesos retóricos que alimenten sospechas de actos de intervención en los asuntos internos de otros países. Si Evo Morales se convirtió en blanco del recelo peruano en este sentido, fue a causa de la carta-proclama dirigida a la causa indigenista peruana, en cuyo eslabón más bullicioso figuran los nativos amazónicos que hace poco se enfrentaran a tropas policiales del país vecino, con saldo de muertos y heridos en ambas partes. El Gobierno peruano se basó en algunas frases de la citada misiva para acusar al régimen boliviano de poco menos que haber digitado el entuerto desde el Palacio Quemado de La Paz.

Cuanto ocurra en un país es asunto que concierne solamente a él y a ningún otro Estado. Así lo determina la soberanía territorial, que también es política. En el Perú corresponde exclusivamente al régimen de Alan García resolver el problema surgido con los pueblos indígenas del Amazonas de su país, tras la decisión oficial de ir a la explotación de los recursos energéticos que atesora esa región, emprendimiento al cual, por razones de índole ecológico-ambiental, ligadas a la protección de sus territorios, se oponen rabiosamente los indígenas que aún viven en tan remotos parajes selváticos.

Estamos absolutamente seguros de que el Gobierno boliviano no se involucró en la preparación y ejecución de la marcha indígena de tan sangriento epílogo. No hay pruebas fehacientes de que lo hiciera. Lo único que hay son sospechas. Esas que partiendo del mensaje del presidente Evo Morales a los indígenas del Amazonas peruano, dan lugar en Lima a toda clase de elucubraciones en su contra.

Y todo, por meter las manos, con ingredientes retóricos propios, en el guisado ajeno. Algo que el actual gobierno debe evitar en el futuro para no seguir dañando las relaciones diplomáticas con nuestros vecinos.

 
 
 

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