No eres lo que busco, Laura Mavor
Ya he mencionado en numerosas ocasiones que soy lectora de noir. Llámalo novela policíaca, negra o thriller, me da igual, me gustan las historias de asesinatos, investigaciones e intrigas. Normalmente suelen caer en mis manos obras nórdicas, cuya ambientación es muy propicia para este tipo de género. Sin embargo, cuando leí la sinopsis de No eres lo que busco, de Laura Mavor, centrado en un pequeño pueblo de Castellón automáticamente se despertó mi curiosidad.
¿Que pasaría si en lugar de encontrar en internet tu cita perfecta encuentras al asesino perfecto?
En una pequeña ciudad costera de Castellón, donde nunca pasa nada, una escritora de mediana edad ha quedado con un joven a traves de la aplicación de móvil para ligar más popular del mercado. Cuando llega a la cita, en casa del chico, encuentra su cadáver desnudo y grotescamente manipulado.La teniente Miranda Vega, una guardia civil madura, experimentada y con un ácido sentido del humor, y su nuevo compañero, el sargento Christian Ballesteros, un novato ingenuo y de buen corazón, liderarán la investigación del asesinato del chico, lo que destapará un sórdido mundo de intereses mafiosos, fundamentalismos religiosos y fetichismos sexuales en lo que hasta entonces había sido una pacífica localidad turística.

La novela arranca presentándonos a Telma, escritora de sagas románticas y voluntaria en el centro social del pueblo, quien ha quedado con un chico a través de Finder (clarísima alusión a Tinder), una aplicación para ligar muy popular entre los jóvenes. Sin embargo, cuando llega a su casa lo encuentra muerto. Y así es cómo ya en el primer capítulo nos encontramos con una víctima. Paralelamente a este impactante descubrimiento que será el caso principal de la historia se desarrollan otros dos más: un acto de vandalismo en el ayuntamiento y el hallazgo de otro cadáver en la bahía. Tenemos el clásico planteamiento de pequeña población en la que nunca pasa nada y en la que de repente un suceso provoca que se destapen asuntos turbios y salgan a la luz los secretos de sus habitantes.
Santarés, el escenario de la novela, es una localidad ficticia de la costa mediterránea; sin embargo, está tan bien perfilada que parece real. La autora consigue presentar una cuidada ambientación no solo de su urbanismo, sino también de la ideosincrasia de sus habitantes. Claramente nos podemos transportar a uno de tantos pequeños pueblos turísticos de nuestra costa que con el boom inmobiliario creció más de lo recomendable y que en verano ve cómo su población se incrementa notablemente, pero que en invierno siguen las mismas gentes de siempre, ancladas en sus rutinas, usos y costumbres y que no ven con buenos ojos algunos de los cambios que se están produciendo.
Las tres tramas (el acto de vandalismo y los dos cadáveres) servirán para ahondar en varios temas de actualidad como la homofobia y el fanatismo religioso; inmigración y entornos desestructurados; la corrupción, el tráfico de drogas y la trata de seres humanos; así como la forma que tenemos de relacionarnos a través de las redes sociales. No es de extrañar que uso de aplicaciones sea el eje en torno al cual gira la novela, y es que Mavor es criminóloga de profesión especializada en delitos informáticos.
En este caso, al frente de la investigación está la teniente Miranda Vega, de la unidad de Policía Judicial de la Guardia Civil, una “señora oronda y enorme” vestida con una “gabardina fea color agua sucia”, que intenta superar (sin éxito) su adicción al tabaco comiendo manzanas Granny Smith. Con la entrada en escena de la protagonista, ya tenemos claro que no se parece en nada al prototipo de detective joven, atractiva y atlética, pero es que no le hace falta cumplir con esas expectativas tan repetidas en novelas, series y películas. Vega es lista, audaz, de fuerte carácter, irónica y directa. No se deja amedrentar por nadie, pues sus años en un cuerpo altamente masculinizado (la mujer se incorporó en la Guardia Civil en el año 1988) ya le han hecho callo. Hija de brigada del cuerpo, vive para su trabajo y está dispuesta a luchar con uñas y dientes por la competencia de una investigación. Podríamos decir que encarna a la perfección el arquetipo de detective masculino tradicional. Ese que es un solitario y no tiene familia; que es un desastre en las tareas domésticas y tiene una empleada que se encarga de llenarle la nevera para que coma algo decente; que viste sin seguir modas; que no cumple con los cánones de belleza… Pero que sin duda, es el personaje más carismático de la historia con una personalidad muy particular.
Bajo sus órdenes están la alférez Lesboux, una joven inteligente y metódica y el sargento primero Benjumea, “lo que en la jerga benemérita solía denominarse como un caimán porque pasaba la mayor parte de la jornada tumbado al sol y sólo se movía para comer”, dos personajes que no podían ser más dispares. Este reducido equipo relegado al ostracismo en un pueblo donde nunca ocurre nada interesante se verá reforzado con el sargento Ballesteros, sobrino del Comandante de la unidad. Aunque Miranda se ve obligada a acogerlo en su departamento y de primeras tiene prejuicios hacia el cándido e inocente novato, pronto se descubrirá como un joven con pasión por su trabajo, ganas de aprender, muy predispuesto y proactivo.
Además de la Policía Judicial, también interviene el equipo de GEAS (o los muñequitos de neopreno, como los llama la teniente), un grupo especializado en las actividades subacuáticas que sirve para poner de manifiesto la rivalidad entre los diferentes departamentos de las fuerzas de seguridad. Un enfrentamiento que complica en muchas ocasiones las investigaciones porque sus miembros están más ocupados en ocultarse información que en colaborar entre ellos.
La narración de No eres lo que busco es fluida. Se nota que Laura Mavor sabe de lo que habla y se aprovecha de sus conocimientos para armar la trama. Traslada sin artificio al lector cómo se llevaría la investigación de un crimen con los diferentes equipos que en ella participarían (policía judicial, forenses, jueces, grupos especializados…) evitando pesadas explicaciones sobre técnicas forenses o métodos científicos o escenas en las que se traza un minucioso perfil psicológico del criminal. En su lugar la historia discurre de forma realista, es decir con sus altibajos, con aburridos y lentos trámites burocráticos, con las zancadillas y secretismos entre departamentos, con la falta de medios, con testigos que mienten, con sus pistas que no llevan a ningún lugar…
A pesar de transcurrir en tan solo cuatro días, No eres lo que busco no es una novela trepidante. Aunque eso no implica que no sea adictiva. Es una historia que se va cociendo a fuego lento. Comienza presentando a los personajes, la víctima, los posibles culpables… y va echando raíces mientras empatizas con los protagonistas y vas haciendo quinielas. Luego se estanca un poco y no sabes muy bien hacia dónde va a ir y finalmente adquiere algo más de dinamismo llevándonos a un desenlace que acaba por todo lo alto con todas las piezas del puzle encajando a la perfección. Y es que todos los pequeños detalles estaban ahí, a lo largo de sus casi 500 páginas. Esta exposición detallada y extensa del desarrollo de los acontecimientos atando todos los cabos me ha recordado al estilo de Agatha Christie, cuando la escritora británica recomponía hacia el final todos los elementos de la investigación.
No eres lo que busco es una opera prima que me ha resultado muy entretenida e interesante. Con una prosa sencilla, directa y ágil gracias a un perfecto equilibrio entre narración brillantes diálogos y aderezada con toques de humor, resulta una novela amena de leer. La sencillez con la que se explican los pasos que sigue la investigación y el interés de la trama pegada a la actualidad, bien armada y limpiamente resuelta hacen que sea fácil meterse de lleno en la historia.
Además, uno de sus puntos fuertes es la variedad de personajes que aparecen durante la investigación, a cada cual más distinto, pero todos ellos reales, cercanos y carismáticos. Es de agradecer además que cuente con un gran abanico de mujeres fuertes y seguras, ya sea desde su papel como heroínas o villanas. No ejercen los roles habituales de esposas, madres, amas de casa o cuidadoras. No están supeditadas a la existencia de un personaje varón, sino que tienen una función en la historia por sí mismas. Así, tanto la teniente Vega, como la alférez Lesboux, e incluso secundarios como Telma, Neus o Mercedes (espejo de la sabiduría popular) son féminas de gran personalidad y que defienden sus objetivos sin amilanarse ante las adversidades.
Habrá que esperar si la autora se anima a continuar con las aventuras de Miranda Vega y No eres lo que busco se convierte en la primera novela de una saga como las de Camilla Läckberg, Henning Mankell, Anne Holt, Maj Sjöwall y Per Wahlöö, Jo Nesbø, Karin Fossum, Liza Marklund o Mari Jungstedt.

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