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MÉXICO EN LATINOAMÉRICA

Feb 28, 2020
3 min read
Carlos García Dorantes

Resulta difícil conceptualizar el papel de México en el escenario regional. Lejos ha quedado aquella época en la que nuestro país era referente en Latinoamérica puesto nuestros gobiernos preferían cortar relaciones diplomáticas con países vecinos antes que reconocer a gobiernos emanados de golpes de estado en contra de regímenes elegidos democráticamente y se era ejemplo de congruencia al no permitir que las presiones estadounidenses influyeran en sus relaciones con países tachados en su lista negra.

México quiso creerle a los tecnócratas de los 80’s que nuestro futuro se encontraba al norte. Creímos ingenuamente que la transición de una economía planificada a una economía de libre mercado y que la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, por fin nos abrirían las puertas al tan ansiado primer mundo.

Mientras la nación soñaba con los ojos cerrados la estrella polar, nuestros hermanos del sur (con quienes compartimos un mismo idioma, una cultura milenaria y una tradición diplomática de mucho tiempo) comenzaron a crecer, y con los ojos bien abiertos poco a poco fueron consolidando sus democracias, cimentaron sus economías y viraron hacía proyectos de izquierda tomando caminos que parecían tan distantes al nuestro.

Un cuarto de milenio después, el panorama regional habría de dar una vuelta copernicana incapaz de preverse. Los escándalos de corrupción en las más altas cúpulas de poder, las injusticias y las desigualdades habrían de llevar al centro de la atención pública a los últimos tres presidentes del Perú por sus vínculos con el lavado de dinero y con el caso Oderbrecht, empresa emblema de la corrupción en América Latina.

El ascenso de la ultraderecha en Brasil encarnada en la figura de Jair Bolsonaro (la cual amenaza libertades y los derechos, niega el cambio climático y hace de la xenofobia herramienta continua de su narrativa) solo se entiende frente a los errores y excesos de los anteriores gobiernos de izquierda.

La inestabilidad económica en Argentina y la incapacidad de Macri para solventarla, permitió el regreso al poder del Kichnerismo, cuando paradójicamente fueron ellos quienes heredaron esta crisis en primer lugar.

La Colombia de Bolívar hoy no logra concretar un acuerdo en común frente al proceso de paz que se encuentra estancado.

El Socialismo del Siglo XXI (proyecto con el que Hugo Chávez alcanzó el poder en Venezuela) fue corrompido a tal grado por sus herederos políticos que el país enfrenta hoy la peor crisis de sus historia, con una inflación que para el año 2018 había alcanzado el 130% y cuyo pueblo se ve optado a elegir este camino o a un gobierno de oposición, endeble y maniqueo frente a los intereses estadounidenses.

Y qué decir de la persistente inseguridad y violencia en Centroamérica y el descontento social en Chile frente a las injusticias a las que han sido sometidos el pueblo combativo que sigue viviendo con el ideal de Allende.Frente a este panorama preocupante, se hace imprescindible la existencia de liderazgos que permitan dar esperanza.

Por lo anterior, considero que México puede ser una vez más ese faro de luz para América Latina como lo fue hace mucho tiempo, creo como sentenció el maestro José Enrique Rodo “que es posible escuchar esa misteriosa voz que, viniendo de lo hondo del alma, le anuncia, cuando no se confunde, el sitio y la tarea que le están señalados en el orden del mundo.”

El abrumador apoyo popular a la 4T otorgó la legitimidad democrática para posicionar a nuestro país con el liderazgo capaz de poner a dialogar a los diferentes países dejando de lado ideologías, pero para poder alcanzar esta empresa, primero debemos abatir aquellos cánceres que nos consumen desde adentro: la corrupción aún imperante en los órdenes tanto público como privado, la impunidad, la injusta distribución de la riqueza, los programas asistencialistas, la falta de empleos loablemente remunerados y el crimen organizado con sus aliados en el gobierno.

Este gran proyecto no será posible si las autoridades siguen ignorando las verdaderas causas de los problemas. Si prefieren creer que la corrupción no existe por mero decreto presidencial cuando tenemos Barttlets, Napoleones Villaurrutia y Deschamps gozando impunemente de las mieles que durante décadas robaron de las arcas de la nación o si el gobierno prefiere creer que los feminicidios son un síntoma del rapaz neoliberalismo en lugar de un sistema de justicia deficiente en todas sus dimensiones, aquella política exterior feminista que tanto fue a presumir en Sudamérica la subsecretaria Martha Delgado, serán palabras vacías.

México, apúrate que Latinoamérica no puede esperar más el regreso del hijo prodigo.

 
 
 

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