Miss Americana
La verdad es que no soy fan de Taylor Swift. Obviamente conozco alguna de sus canciones, ya que es una de las artistas más reconocidas del pop actual, pero poco más. Uno de estos días de época veraniega con algo de tiempo libre y unas temperaturas que no invitaban a estar en el exterior decidí darle una oportunidad a Miss Americana, un documental que repasa los aspectos más destacables de su carrera estrenado en 2020.
La película, narrada en primera persona en 2019 mientras está componiendo y produciendo su séptimo álbum Lover, vuelve la vista atrás para dar a conocer los detalles de los inicios de la cantante en la industria musical y cómo ha llegado hasta ese momento actual. Sirviéndose de vídeos personales, de material de archivo de medios de comunicación, conciertos y de entrevistas en su propia casa, muestra la capacidad artística como compositora e intérprete de Swift, pero también ofrece una visión completa y emotiva de una superestrella que expone su lado más humano revelando algunos secretos y fragilidades que no había expresado con anterioridad. Miss Americana muestra cómo ha aprendido (o al menos cómo está en ello) la artista a gestionar la diferencia entre la imagen que el público tiene de ella y lo que ella quiere ser. Se trata de un documental que está narrado de forma positiva y con la mirada al futuro, pero que no esconde las angustias y vulnerabilidades de su protagonista. Y es que dado que ha conseguido fortuna y reconocimiento, parece ser que la opinión general es que debe tener una vida perfecta y sin complicaciones. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que la joven ha tenido que aprender a gestionar cada golpe en un mundo dominado por el culto a la belleza, la exposición pública y la corrección política.
Miss Americana arranca precisamente con Swift analizando los diarios de su infancia para darnos a entender desde dónde partía. Por aquel entonces, y al principio de su carrera, su objetivo vital era hacer lo correcto todo el tiempo, ser una buena chica. Y ya se sabe que una buena chica no habla demasiado, no alza la voz, no protesta y no expresa su opinión, especialmente política. Partiendo de esta base, el documental muestra cómo la artista se transforma en una mujer fuerte y empoderada que es capaz de romper con estas creencias que tenía tan arraigadas y de hacer valer sus ideas y aprovechar su notoriedad para denunciar las injusticias. Es todo un viaje el que realiza desde esa adolescente modosita y sonriente que aparece al inicio entonando el himno nacional hasta la mujer del final que se enfrenta a casi todo su entorno para alzar la voz y criticar las políticas de Trump.
En la primera parte del documental se nos introduce a un personaje condicionado a ser feliz en respuesta al aplauso de la gente. El máximo anhelo de Swift es sentirse aceptada, algo que no es de extrañar ya que desde muy pequeña se acostumbró a los elogios. Niña prodigio del country, se convirtió en la artista más joven en firmar un contrato con Sony/ATV. Pronto llegó a ser un fenómeno de ventas sin precedentes, y es que nada más lanzar el álbum consiguió colocarse en los primeros lugares de la lista Billboard 100. Con 19 años estaba en la cima del éxito tras recibir el máximo reconocimiento de la Academia Nacional de Artes y Ciencias de la Grabación por Fearless, su segundo álbum, además de cuatro premios Grammy.
Sin embargo, esta confianza se resquebraja por completo cuando al recoger su premio en la gala de los MTV 2009 Kanye West interrumpe su discurso e interpreta que los abucheos del teatro van dirigidos a ella y no al rapero. Este suceso tuvo serias repercusiones en la autoestima de la cantante, quien hasta el momento no había experimentado el rechazo o la burla del público. A partir de ese instante, sintió una mayor necesidad de complacer a todo el mundo. Y mientras ella perdía confianza, West hacía caja. En 2016 lanzó su canción “Famous”, en la que mencionaba a Swift con una frase que menospreciaba su trayectoria musical. La cantante se mostró contrariada y las redes la acusaron de hacerse la víctima. Su imagen de chica buena se transformó de momento en la de malvada aprovechada. Totalmente descompuesta, la artista se tomó un año fuera de los focos y aprovechó para transformar el dolor en su siguiente disco, el sexto de estudio: Reputation.

Y, a pesar de que acabó su trabajo muy orgullosa, acabó destrozada porque no obtuvo las nominaciones que esperaba a los Grammys. La necesidad de ser validada por los demás seguía ahí, y la artista ha tenido que trabajar su salud mental para no vivir solo dependiendo de las críticas, tanto buenas como positivas. No obstante, señala que, como en tantos otros ámbitos de la vida, como mujer, ha de enfrentarse a más obstáculos.
En diferentes puntos de Miss Americana denuncia la doble moral de la sociedad y la misoginia interiorizada en la industria de la música. Los artistas también están expuestos a las críticas, claro, pero hay diferencias evidentes. Mientras ellos pueden seguir repitiendo la misma fórmula porque eso significa que tienen un estilo; ellas se ven obligadas a reinventarse constantemente intentando encajar en los diferentes géneros porque si no se dice de ellas que se han encasillado. Mientras que los hombres pueden salir a cantar de forma estática, incluso sentados; sus compañeras deben crear coreografías cada vez más complicadas y espectaculares y por supuesto cantar mientras las realizan. Mientras ellos pueden engordar o quedarse calvos; ellas deben cumplir unas expectativas manteniéndose jóvenes, delgadas y ágiles.

Y precisamente esta es otra de las cuestiones que han afectado a la salud mental de Taylor Swift: el inalcanzable canon de belleza. La constante exposición a los medios y los comentarios que se hacían sobre su físico la llevaron a sufrir anorexia intentando cumplir las expectativas de la sociedad. Y, aunque comenta que ya lo ha superado y se centra en estar sana y no tanto en una talla concreta, aún lucha con sus demonios internos cuando ve una foto suya publicada evaluando si ha cogido peso.
De nuevo todo gira en torno a esa obsesión por ser esa niña buena que buscaba agradar a todo el mundo, que vivía silenciada porque tenía interiorizado que sus ideas eran irrelevantes y que no tenía que incomodar a los demás con sus opiniones. Sin embargo, esta manera de enfrentarse a la vida pública cambió en 2017. Su propia misoginia interiorizada tuvo su punto de inflexión cuando sufrió un acoso sexual por parte del DJ David Mueller. Miss Americana muestra a la cantante en su versión más frágil y vulnerable cuando relata la agresión y todo el proceso revictimizante que tuvo que pasar desde la denuncia hasta el propio juicio. Ella decide hablar públicamente no solo por ella, sino como una manera de visibilizar estas cuestiones y para dar valor a todas aquellas mujeres que pasan por una situación similar.
Y una vez que Swift alza la voz en este aspecto, decide que no se va a callar, que está cansada de no defender públicamente sus derechos y creencias por miedo a las represalias o críticas. Está convencida de que si fuera un hombre podría expresar sus opiniones y su carrera no se pondría en entredicho de la misma manera. Por eso, en octubre de 2018 usa sus redes sociales, en concreto Instagram, para llamar al voto contra Marsha Blackburn, senadora republicana por Tennessee defensora de políticas contra la mujer y la comunidad LGTBQ+.
En esta parte del documental se ve a una Taylor mucho más madura, que ha decidido tomar las riendas y defender sus posturas, sean cuales sean las consecuencias. Defiende que no puede ser hipócrita, que no puede ser una mujer que ha denunciado una agresión sexual y ha intentado concienciar sobre la importancia de denunciar para después mantenerse al margen en unas elecciones en las que una de las candidatas retira cualquier tipo de apoyo a las mujeres maltratadas. O que no puede festejar con sus fans el día del orgullo y después guardar silencio ante políticas que les hacen perder derechos conseguidos. Y no lo tiene fácil, pues incluso dentro de su equipo la llaman a no involucrarse ni en política ni religión. Lo curioso (o sea, no) de esa escena es que todos los que se oponen son hombres, incluido su padre. Pero ella no cede un ápice y con lágrimas en los ojos pide que la perdonen, pero que va a seguir adelante pues necesita estar en el lado correcto de la historia.

En Miss Americana podemos ver este proceso de madurez de la artista también a través de su trabajo. El documental la sigue en su casa al piano o con una guitarra, en las salas de grabación con su productor, en los conciertos, en la grabación de los videoclips… En todo momento es ella quien decide y dirige. Deja bien claro que detrás de este icono global que copa las listas de éxito, ha ganado numerosos premios llena conciertos y vende discos como churros hay una mujer que se dedica en cuerpo y alma a su trabajo. Puede gustar más o menos su música, incluso nada, pero es innegable que Swift vive por y para la música.

Y aunque Taylor Swift no necesita presentación alguna después de 15 años de carrera, Miss Americana hace una buena labor en presentarnos a una artista desde su propia perspectiva, no desde las habladurías que critican el número de parejas que tiene, su aspecto físico o sus opiniones políticas. De hecho, el documental funciona mejor cuando se aleja de las entregas de premios, de los conciertos o de las composiciones y grabaciones y muestra a la víctima del sueño americano que se creyó que para triunfar tenía que ser perfecta. Es mucho más interesante ver el crecimiento personal de una mujer que ha encontrado el auténtico potencial de su voz. Porque es la historia de Taylor Swift, pero hay muchas más artistas que en su día a día se encuentran con situaciones similares.

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