Miradas yermas que portan máscaras
He de extraviarme en los vericuetos
de tu silencio punzocortante, para inventarte
caminando entre lilas y jardínes breves,
como mis huellas en la arena, como los rayos
solares que duermen en las entrañas de la tierra
para cantarle al medio día entre labranzas,
añoranzas y despechos.
Crece musgo en mi soledad más fértil
y navega el pensamiento en la corteza
de un árbol, mientras las palabras rozan
los brazos del almendro.
Mi líbido bombea sangre verde
y me devoro las entrañas para encontrar alivio,
y sacudirme las ansias, sacudir tu extravío y el mío,
aturdido por la imposibilidad de ser yo
cuando estoy contigo.
Quiero beber de tu boca el fin de la noche
sin miradas yermas que porten máscaras
y que mis dedos escurran sobre tu espalda,
anudando nuestros cuerpos en esta
tempestad de sabanas abiertas y desmembradas,
besos menguantes que se desprenden del otoño,
persiguiendo medusas y ensueños
marinos en el asidero de tu cuello temprano.
No encuentro los signos que te revelan
y te mantienen oculta en tu guarida terrestre.
Intento amarte en esa lengua tuya que
no entiendo, sólo tengo este amor
analfabeta y disfuncional que no te basta y no me basta.
Quisiera quererte como quieres ser querida,
y no sé cómo, amarte violentamente y con ternura,
hasta reventar el cielo y concluir esta historia
de extravíos, desvelos y cuerpos desollados,
alumbrados por la pálida simetría de la luna,
escupiendo flechas amarillas afiladas por el tiempo,
esquirlas oxidadas como astillas en los dedos.
::.

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