Miniserie: The Undoing
The Undoing, adaptación televisiva de la novela Tú ya lo sabías de Jean Hanff Korelitz de 2014, nos traslada a un Nueva York adinerado en el que Nicole Kidman interpreta a Grace Fraser, una mujer que lleva una vida aparentemente perfecta: está casada con Jonathan (que además de encantador es un reconocido oncólogo infantil), tiene un hijo educado que va a un colegio de élite y toca el violín, es una reputada psiquiatra y además en su tiempo libre pasa tiempo con otras madres organizando eventos para recaudar dinero. Sin embargo, esta vida perfecta se viene abajo cuando Elena Alves, madre de otro chaval del colegio de su hijo, aparece muerta y poco después Jonathan desaparece.
La miniserie de 6 capítulos arranca algo lenta, dedicándole bastante tiempo en mostrarnos el día a día de Grace y su entorno. Se entretiene presentándonos las diferentes caras de esta mujer: su lado familiar, su faceta profesional y su aspecto más solidario organizando una subasta con las otras madres y haciéndole más cómoda la situación a una recién llegada, una joven Elena que es recibida con algo de recelo por las demás pues su posición social no tiene nada que ver con el resto de las integrantes (su hijo entró al colegio gracias a una beca y encima amamanta en público, ¡qué obscenidad!).
Este inicio recuerda a la serie anterior en que trabajaron David E. Kelley y Nicole Kidman, Big Little Lies. Tenemos el mismo entorno de gente muy muy acaudalada, un matrimonio con demasiados secretos, una recién llegada que no encaja y un crimen. Sin embargo, The Undoing no atrapa de la misma manera que la serie de Monterrey. Principalmente porque el guion no desarrolla ni la trama ni crea personajes sólidos. Quizá pensaron que con tener en primera línea a dos actores con tantas tablas como Nicole Kidman y Hugh Grant era suficiente, pero nada más lejos de la realidad. Tanto a los principales como a los secundarios les falta construcción.

Y en estos últimos es aún más insultante, pues van apareciendo en diversos puntos de la historia dando a entender que van a intervenir de alguna manera en el caso y sin embargo en realidad no dejan de ser meros instrumentos de la trama. Solo están para dar el pie en los diálogos con los protagonistas y provocar algún giro argumental. Así, Donald Sutherland, que ejerce de padre de Grace, tiene escenas ridículas (como la de su visita al colegio) e incoherentes (como cuando confiesa sus infidelidades, pero luego se enfrenta a su yerno por lo mismo); Noah Jupe, el hijo de la pareja protagonista, parece estar únicamente para servir como un loquísimo giro de guion hacia el final de la serie); Edgar Ramírez es el detective que lleva el caso, sin embargo, no vemos cómo evoluciona la investigación o cómo interroga o charla con otras personas (solo lo hace con Grace y aparece después en el juicio a declarar); Lily Rabe entra y sale en escena a lo largo de los 6 capítulos con unas intervenciones que dan la sensación de que lo sabe todo y sin embargo oculta algo, pero en realidad su función es filtrar información a la fiscal; Matilda de Angelis es la víctima y no sabemos gran cosa de ella como persona, tan solo el cliché de chica pobre que desentona en un círculo de ricos y que para más inri lleva sobre sus hombros el estereotipo de femme fatale – acosadora (en sus escenas es o bien sexualizada o bien violentada); la familia Alves aparece casi como figurante; Sofie Gråbøl (a quien ya vimos en Fortitude) y Noma Dumezweni se ponen en el papel de fiscal y abogada defensora respectivamente y desarrollan un juicio aburrido e inconexo (aunque esta última tiene algún que otro momento destacado)…

Esto último me da que pensar si todo aquello que chirría en la miniserie se debe a una cuestión de adaptación del guion o viene ya de la novela. Porque del creador de series como Ally McBeal, El Abogado o Boston Legal se esperaría un juicio mucho mejor llevado.
Pero volviendo a los personajes protagonistas, Grace Fraser hace aguas por todos lados. No tiene sentido su actitud ante la policía, tan nerviosa e inquieta como si ocultara algo. Parecería lógico que una brillante terapeuta como ella tuviera recursos suficientes como para gestionar sus emociones en un momento en que se ve acorralada y no parecer una desequilibrada (hasta en Criminal los personajes tenían mejores reacciones). Pero no es solo su comportamiento ante los continuos interrogatorios de los detectives, sino también con respecto a su marido. Porque ya no es cuestión solo de que se sorprenda cuando este es acusado de asesinato porque no encaja con el Jonathan que ella conoce, sino que a medida que avanza la trama vemos que en realidad no sabe nada de él. No conoce su pasado más lejano como queda patente cuando descubre que tuvo una hermana (además parece que la única y última vez que vio a sus suegros fue en la boda), tampoco se había enterado de que fue despedido, y por supuesto de que le era infiel. Siendo psiquiatra lo más normal sería que fuera una persona capaz de leer a la gente, y cuanto más a su propio círculo.

Y por ello también sorprende la actitud hacia su hijo. Un muchacho al que solo pregunta una vez si necesita ayuda psicológica (y es casi más porque ha muerto la madre de un compañero que por la acusación a su padre), al que deja todo el día pegado a un móvil consumiendo noticias que no le convienen y quien además acude a un juicio en el que van a salir a la luz detalles escabrosos y que un niño de su edad no tendría que conocer. Luego además está la paradoja de que precisamente el día que no acude a la corte y va a clase, es cuando su padre lo secuestra… Un giro de guion cogido con pinzas y muy a lo peli de sobremesa de fin de semana de Antena 3.
Y es que en realidad The Undoing se acerca más a un drama de sobremesa que a una serie de HBO con tanta pista falsa y una narración que presenta caminos que no llevan a ningún lado. Tras el impacto inicial de la muerte de Elena y la desaparición de Jonathan transita por varias vías, pretendiendo encontrar un culpable alternativo cuando todas las pistas señalan al personaje interpretado por Hugh Grant. La miniserie intenta jugar mucho con el espectador introduciendo muchos secundarios; dando giros de 180º que contradicen todo lo visto hasta el momento y en el fondo son insustanciales; dejando caer absurdas casualidades; y desvelando supuestos secretos que se ven venir desde casi el principio (como que el bebé de Elena es también de Jonathan) y que por tanto carecen de impacto.
El viaje de The Undoing es a ninguna parte. Es la teoría de la navaja de Ockham: el que tenía todas las papeletas para ser culpable, era el culpable. Y es que como dice el personaje de Lily Rabe muy al inicio: “siempre es el jodido marido”. Ya nos habían dejado todas las pistas.


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