Miniserie: The Staircase
El 9 de diciembre de 2001 Michael Peterson llama al 911 para pedir una ambulancia porque su mujer Kathleen yace moribunda al pie de las escaleras de su casa en Durham, Carolina del Norte. Cuando llegan los servicios de emergencia tan solo pueden certificar su muerte y, la policía, en su inspección del lugar, encuentra sospechosa la gran cantidad de sangre en los escalones y las lesiones que presenta la fallecida, por lo que se abre una investigación en la que el marido, que es la única persona que estaba en la residencia a la hora de la muerte, se convierte en el principal sospechoso. Así arranca The Staircase, miniserie de 8 episodios basada en uno de los casos reales que más ha dado que hablar en los últimos años.
Michael Peterson (Colin Firth) se casó en primeras nupcias con Patricia Sue, una profesora de Alemania Occidental, con la que tuvo dos hijos, Todd (Patrick Schwarzenegger, sí, hijo de Arnold) y Clayton (Dane DeHaan). Además, tras la muerte de un matrimonio amigo suyo, la pareja adoptó a sus hijas, Margaret (Sophie Turner) y Martha (Odessa Young). Cuando Michael y Patricia se divorciaron en 1987, las chicas se quedaron con él y los chicos con ella, aunque estos acabaron yéndose a vivir con su padre al cabo del tiempo. En 1997 Michael conoce a Kathleen (Toni Colette) y se casan. Juntos forman una gran familia con los cuatro hijos de él, y la hija de ella, Caitlin (Olivia DeJonge), del matrimonio anterior, aunque ya todos eran mayores y tenían su vida fuera de la residencia familiar. Los Peterson eran muy conocidos en Durham, pues eran muy activos en la comunidad y él era un conocido escritor y columnista en el Durham Herald-Sun, un periódico local. Incluso un par de años antes se había presentado a las elecciones para ser alcalde, una carrera política que pronto acabó cuando se descubrió que no había sido condecorado tras ser alcanzado por fuego enemigo en la guerra de Vietnam, sino que había sido herido en un accidente automovilístico durante un traslado.
La muerte de Kathleen despertó el interés de la sociedad estadounidense y corrieron ríos de tinta y minutos de tertulia en los medios. Incluso Netflix grabó un documental. Había un gran interés en averiguar qué había ocurrido aquella noche y si Michael era, como todo apuntaba, el asesino. El proceso judicial fue sin embargo bastante largo, ya que hubo varios juicios. En el primero de ellos, que tuvo lugar en 2003, el equipo de abogados del acusado tenía la confianza de que su cliente saldría airoso pues la acusación basaba su caso en conjeturas circunstanciales y no en pruebas. Michael defendía una versión en la que habría hallado a su mujer moribunda en las escaleras después de que un rato antes esta hubiera decidido marcharse a dormir. Habrían pasado una noche agradable cenando, viendo una película y tomando después unas copas de vino en el jardín por lo que sugería que quizá se había tropezado como consecuencia del consumo de alcohol y valium.
El informe toxicológico sin embargo no confirmó el consumo de dichas sustancias y, por contra, el informe forense indicaba a que Kathleen había sido apaleada hasta la muerte y que había sufrido múltiples laceraciones en el cuero cabelludo. Todo apuntaba al acusado, ya que, como mencionaba al principio, no había nadie más en la casa. Además, en la investigación policial se descubrieron ciertos detalles que le hacían parecer cada vez más culpable. En primer lugar en los registros del ordenador de Michael se encontraron más de 2000 fotos de hombres en actitud sexual así como mensajes de correo en los que mostraba su interés en reunirse con alguno de ellos. Por otro lado, la víctima tenía una póliza de seguro de vida de 1,5 millones de dólares de la que él era beneficiario. Y, por último, cuando se dio a conocer el caso, la tía de Margaret y Martha llamó a la policía para advertir de que su hermana Elizabeth había sido hallada muerta también, casualmente, al pie de una escalera. Michael fue declarado culpable por el jurado y condenado a cadena perpetua sin posibilidad de libertad condicional.
En 2008 Larry Pollard, vecino de los Petersen propuso una tercera teoría. Según él Kathleen no había muerto accidentalmente, ni había sido asesinada por su marido, sino que estaba totalmente convencido de que había sido atacada por un búho barrado (propio de la zona) y ella, aturdida, se habría caído por las escaleras y desangrado hasta que Michael la encontró. Esta hipótesis explicaría las heridas en el rostro y manos de Kathleen, cabellos arrancados, que el cráneo estuviera dañado pero no fracturado y porqué perdió tanta sangre. No obstante, aunque es cierto que había varios casos documentados previos de ataques en la zona de estos animales a humanos y que en el cadáver se encontraron plumas de búho y una rama, el abogado defensor no pudo usar esta teoría porque la información le llegó apenas un par de días antes de que se cerrase el proceso judicial. La fiscalía por su parte tomó a Pollard por un conspiranoico con sombrero de papel de aluminio.
Dos años después, en 2010, el caso fue revisado, y es que un agente de la Oficina de Investigación de Carolina del Norte que había participado en la investigación fue condenado por mentir sobre sus credenciales y por falsificar pruebas para conseguir condenas. Michael fue entonces puesto en libertad bajo fianza en 2011 a la espera de un nuevo juicio. No obstante, finalmente, por recomendación de su abogado, acabó recurriendo a la Doctrina Alford. Este mecanismo legal permite a un condenado por asesinato admitir que existen pruebas suficientes como para demostrar su culpabilidad pero no requiere que se declare culpable. El caso se cerró en febrero de 2017, cuando quedó libre, ya que en todo ese tiempo había superado el tiempo de condena que se le impuso.
The Staircase como serie de True Crime nos presenta esta historia real, sin embargo, su punto diferenciador con el documental de Jean-Xavier de Lestrade emitido en 2004 en Netflix, es que más allá de centrarse solo en la investigación policial y el consiguiente juicio y en si Michael cometió o no el homicidio, se adentra en la historia de la familia y en la presencia de los documentalistas para grabar todo el proceso. Arranca de forma cruda con la llamada de teléfono y duros planos del cuerpo inerte de Kathleen en la ensangrentada escalera, pero, dando por hecho que el espectador ya conoce el caso, la miniserie pasa a presentarnos a los diferentes miembros de esta familia y cómo les afectó a cada uno de ellos la tragedia. No presume de saber cuál es la verdad, sino que recrea las tres teorías ya mencionadas: asesinato, accidente o ataque fortuito de un búho mientras, recurriendo a continuos y reveladores flashbacks, va reconstruyendo a los Peterson, una familia aparentemente feliz en la que todos habían encajado a la perfección tras el matrimonio de este respetado escritor y la alta ejecutiva. No obstante, The Staircase muestra cómo la investigación y la exposición a los medios pronto resquebraja esta imagen idílica y saca a la luz los secretos familiares, los celos, las rivalidades, la desconfianza, las fracturas entre ellos y las traiciones.
Con un reparto espectacular y un ritmo intenso, la serie se vuelve absorbente y fascinante gracias a esta inusual aproximación a un género tan trillado como el del true crime. Su objetivo no es dictar sentencia, sino explorar las personalidades de sus personajes y los efectos emocionales que tiene en cada uno de ellos la muerte de Kathleen. La historia es intrigante, ya que cuando crees que ha explicado alguna cuestión, a renglón seguido abre nuevos interrogantes. Nada ni nadie es lo que parece en The Staircase. Así pues, el final es abierto, le deja al espectador que especule con las pistas que ha ido soltando a lo largo de los 8 episodios. ¿Mataría Michael a Kathleen?

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