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Miniserie: The First Lady

Dec 14, 2023
7 min read

Tradicionalmente la Historia (como la Ciencia, la Literatura, el Arte…) se ha contado desde la perspectiva de los hombres que participaron en ella olvidándose de las mujeres que también han sido imprescindibles para el avance de la sociedad. No obstante, en los últimos años, gracias al feminismo, se están recuperando sus aportaciones. En la ficción esto queda reflejado en que cada vez hay más producciones (aunque faltan muchas más) en las que son las mujeres las que están en el centro del relato. The First Lady busca precisamente eso, contar la evolución de la sociedad estadounidense no a través de los presidentes del país, sino a través del papel que jugaron sus primeras damas. La serie, que pretendía ser una antología con protagonistas diferentes en cada temporada pero se ha quedado en miniserie, se centra para ello en tres figuras imprescindibles: en Eleanor Roosevelt (esposa de Franklin D. Roosevelt) a principios del siglo XX, en Betty Ford (cónyuge de Gerald Ford) a finales del mismo y, finalmente, en Michelle Obama (mujer de Barack Obama) a inicios del siglo XXI.


A lo largo de 10 episodios The First Lady nos narra el antes, durante y después de la administración de sus maridos para indagar en sus pasados y el de sus respectivas familias, así como en sus inquietudes más allá de su papel como primeras damas. Sus historias se entrelazan de manera orgánica para mostrar cómo las tres protagonistas tuvieron que enfrentarse a problemáticas similares en tres épocas diferentes. La serie muestra así lo mucho que tienen en común (no querían ser primeras damas, tienen que dejar sus metas de lado para ser comparsas de sus maridos y han de soportar el machismo y la presión del cargo) y lo poco que ha evolucionado el rol de primera dama a pesar de haber pasado un siglo entre Roosvelt y Obama.

Eleanor Roosevelt, interpretada por Gillian Anderson (Sex Education), era una mujer de la alta burguesía (su tío era el presidente Theodore Roosevelt) inteligente y culta que, cuando su marido, Franklin Roosevelt (encarnado por Kiefer Sutherland, 24, Sucesor designado), llegó al cargo de POTUS, no se conformó con el papel de consorte que apoya a su esposo en todo y acude a algunos actos benéficos. Muy al contrario The First Lady nos muestra a una Eleanor muy implicada políticamente y que siempre hacía valer su opinión, para desgracia de su suegra, una mujer que veía de mal gusto que su nuera no cumpliera con el papel tradicional de amante madre y sumisa y obediente esposa.


La realidad era que el matrimonio, con cinco hijos para cuando se mudaron a la Casa Blanca, ya tenían vidas separadas de facto. El divorcio no parecía una opción, pero con las relaciones extramaritales de él y la homosexualidad de ella la pareja estaba rota aunque de cara a la galería fingieran lo contrario. Simplemente llegaron a un acuerdo para trabajar codo con codo como colegas. Así, Eleanor sostuvo la carrera política de Franklin durante sus cuatro períodos presidenciales (1933-1945) y le asistió en su enfermedad (en 1921 contrajo la poliomielitis y perdió la movilidad de cintura para abajo).

The First Lady presenta a una Eleanor sensible y compasiva, de mirada atenta y reflexiva que influyó en las medidas políticas de la administración Roosevelt, como la ampliación del alcance del New Deal. Muy activa en el partido demócrata y en organizaciones feministas, publicó columnas de opinión en diversos medios de comunicación. Además llegó a tener su propio programa de radio semanal. Aprovechó su posición y la atención que recibía para reivindicar la igualdad social, racial y de género. Fue pionera en la lucha por los derechos humanos y acabó siendo nombrada presidenta de la Comisión de Derechos Humanos y jugó un papel fundamental en la elaboración de la Declaración Universal presentada en 1948.

Betty Ford, protagonizada por Michelle Pfeiffer, se convirtió de rebote en Primera Dama cuando su marido Gerald tuvo que asumir el cargo de presidente tras la renuncia de Nixon. Se encontró así con un papel que no quería y en el que se le exigía ser la mujer perfecta. No solo se le pedía acudir a diversos eventos y ejercer de consorte con su marido con una mera función ornamental, sino que se le exigía una vida inmaculada y libre de escándalos más allá de los actos oficiales. La llegada del televisor a los hogares estadounidenses hizo que la mujer del presidente fuera objeto del escrutinio público. Había interés por saber qué vestía, qué cosmética usaba, qué le gustaba cocinar… cualquier detalle interesaba.

Betty, que había sido modelo y bailarina de la compañía de Martha Graham, sabía moverse delante del público, así que, al igual que Eleanor, pensó que ya que iba a tener todas las miradas puestas en ella, iba a aprovecharlo. Incluso aunque sus campañas no fueran acordes con la política de su Gerald.  The First Lady sigue los pasos de una Betty que luchó por impulsar una clara agenda feminista que contrastaba con la republicana de su marido. Apoyó al movimiento feminista, se manifestó a favor del aborto y fue una pieza fundamental en la ratificación de la ERA (Equal Rights Amendments) entre los años 1974 y 1977. Además, en una época donde se escondía la enfermedad, ella por el contrario habló públicamente de su cáncer de mama y posterior mastectomía reivindicando los derechos de la mujer a nivel sanitario.

La serie muestra a una mujer que sufre altibajos, que no encuentra su sitio siempre teniendo que cumplir el papel que le marcan. Adicta a las drogas y al alcohol, también hizo campaña para visibilizar los problemas de adición participando en los medios y fundando una cadena de centros de rehabilitación que llevan su nombre. De paso, reivindicó la importancia de la salud mental.


Finalmente, el último personaje de The First Lady es Michelle Obama, quizá el más conocido de los tres dado que es el más reciente. Viola Davis (Cómo defenderse a un asesino) da vida a una mujer que siendo una abogada de éxito ha de poner su trabajo en pausa cuando su marido Barack gana las elecciones. Al igual que las dos anteriores intenta no dejarse arrastrar por las obligaciones del POTUS y busca una manera de sentirse útil. Con ella vemos cómo ha evolucionado el papel de la primera dama. Y es que Michelle llega a ser toda una figura de relevancia, no solo una mera acompañante. Tiene su propia agenda y se convierte en un referente.

The First Lady muestra a una mujer que se negó a ser invisible y a la vez estar todo el día bajo el foco del escrutinio público. Abundan las escenas en las que discute con su marido sobre política, sobre cómo afrontar los retos y vemos cómo al igual que Eleanor y Betty se debate entre cumplir un papel de comparsa que no quiere ocupar y aprovechar ese foco para alzar la voz. En su caso decide en centrarse en luchar contra el racismo y a favor de una sanidad universal, dos temas que siempre habían estado presentes en su vida.

Aunque su papel como primera dama sigue siendo el de acompañar, la administración Obama es muy consciente del potencial de Michelle y se le pide que intervenga en las campañas de su marido, incluso tomando la palabra para arrastrar el voto femenino. La serie pone de relevancia no obstante que no siempre estuvo a favor de estas intervenciones y da a entender que la presidencia de Barack Obama no habría conseguido todo lo que consiguió en políticas sociales  si no hubiera sido por el apoyo de su mujer.


Las tres protagonistas destacan por sus luchas (y logros) en materia de igualdad racial, social y de género. Todas tienen en común que son unas mujeres fuertes e inteligentes, de firmes convicciones y que aprovechan el puesto que les ha tocado ocupar para hacerse oír y no solo para dejarse ver. The First Lady expone el papel fundamental que tuvo cada una de ellas y de alguna manera cierra el círculo con su elección de figuras, ya que Michelle Obama no habría podido llegar a la Casa Blanca sin la reivindicación de derechos que hizo Eleanor Roosevelt a favor de las mujeres y de la ciudadanía negra y no habría podido reivindicar la sanidad universal y el ejercicio y vida sana sin la aportación de Betty Ford.

The First Lady combina la interpretación de los momentos históricos con imágenes documentales de la época empleadas como recurso para dar verositimilitud a la trama. No obstante, a pesar de que resulten interesantes los acontecimientos relevantes de la historia de Estados Unidos, o temas como los conflictos sociales, raciales y de género; cuando más atrae la atención la serie (especialmente para un no estadounidense) es cuando se adentra en la vida de cada uno de los personajes. Las tres líneas temporales se alternan con unas buenas transiciones, sutiles y eficientes. La fotografía, la escenografía y los vestuarios también ayudan.


A priori The First Lady se vendía sola simplemente con ver el elenco. Ya no solo por Anderson, Pfeiffer o Davis, sino también por sus maridos (Kiefer Sutherland (24) como Franklin D. Roosevelt, Aaron Eckhart (Wander) como Gerald Ford y OT Fagbenle (El cuento de la criada) como el presidente Barack Obama) y resto de secundarios. Sin embargo, en la práctica la serie cojea.

No sé si es por interpretar a personajes reales, pero de las tres actrices principales, la única que me convenció fue Michelle Pfeiffer. Consigue interpretar con naturalidad a un personaje que vive en constantes altibajos emocionales y con problemas de adicciones. Construye a una Betty Ford llena de matices que despierta la empatía del espectador. Por el contrario, Gillian Anderson, al igual que le ocurrió con su Margaret Thatcher en The Crown, da la sensación de que está sobreactuada. Sí, está muy bien caracterizada en su papel como Eleanor Roosevelt, hay que reconocerlo. No obstante, abusa de las muecas, no sé si por la prótesis dental que lleva para parecerse a su personaje. Pero sin duda, quien se lleva la palma es Viola Davis. Entiendo que público y crítica fuera tan rotundamente dura con respecto a su interpretación, porque sus morritos me hacían perder el hilo en sus escenas. Parecía más un sketch de SNL que un personaje de un drama serio.

literally nobody:

Viola Davis playing Michelle Obama: 😗

— lea chin-sang (@bigfatmoosepssy) April 16, 2022


Parece que la serie no cumplió con las expectativas que prometía. Y es que no puedes prometer una visión feminista de unas figuras históricas que fueron opacadas por sus maridos si a la vez estás validando precisamente ese rol. Además, se queda corta y no profundiza en si las tres mujeres se arrepintieron de haber dejado atrás sus carreras por seguir la de sus esposos o si el título de primera dama les sirvió de algo más que para estar en el centro de todas las miradas. Y para mí, lo más importante, se deja sin responder para qué sirve una primera dama. Está bien como miniserie. Sin más.

 
 
 

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