Miniserie: Las de la última fila
Escrita y dirigida por Daniel Sánchez Arévalo, Las de la última fila narra el viaje anual de cinco amigas treinteañeras. Sin embargo, en esta ocasión, la tradicional escapada tiene algo de especial, y es que una de ellas ha recibido la noticia de que padece cáncer. Así, el grupo decide que es la oportunidad perfecta, no solo de desconectar y disfrutar de una semana en Cádiz antes de que comiencen los ciclos de quimio; sino también de aprovechar para atreverse a hacer aquello que, en otras circunstancias, no lo habrían hecho. Para empezar, antes de arrancar la aventura todas se rapan el pelo y cada una mete de forma anónima en una cajita un reto que todas deberán cumplir llegado el momento. Además, hay una premisa más: durante la semana de viaje no se mencionará el cáncer.
Las de la última fila en un origen iba a ser una película, pero Sánchez Arévalo pronto descubrió que una hora y media o dos horas de metraje no iban a ser ni de lejos suficiente para profundizar en los personajes y sus mundos. El resultado es una miniserie de seis capítulos de 45 minutos. En cada uno de ellos las chicas sacarán un papelito de la caja y se enfrentarán a un nuevo reto. Esto permite al espectador a descubrir cómo es cada una de las protagonistas, qué secretos guarda, sus miedos y sus conflictos. Al principio los retos son locuras, pero a medida que avanzan los episodios revelan los anhelos de cada una de ellas.
Sara (Itsaso Arana) es la autoexigente que nunca se salta las reglas y que vive para los demás; Alma (Mónica Miranda) es influencer y, mientras muestra al mundo sus virtudes, oculta su inestabilidad emocional; Carol (María Rodríguez Soto) es madre de dos hijos y se siente atrapada en un matrimonio infeliz; Leo (Mariona Terés) siempre está haciendo bromas, pero en realidad su humor y sarcasmo es la coraza que se pone para fingir que no hay nada malo en su vida; y Olga (Godeliv Van den Brant) está enganchada al tinder en su afán por demostrar que no quiere una relación seria en su vida. Las cinco se conocen desde el colegio, y, pese a sus diferencias de caracteres, han conseguido que su amistad perdure. Se protegen y se cuidan las unas a las otras, pero también se dicen las cosas a la cara cuando la ocasión lo requiere. Porque eso es lo que hacen las buenas amigas: te apoyan, pero también te dan una bofetada (real o ficticia) cuando entras en bucle y no ves más allá de tu propio ombligo. Sin paños calientes.
El detonante de la historia es el cáncer, pero, como mencionaba, las protagonistas evitan nombrarlo. De hecho hasta el final no se sabe quién es la que ha recibido el diagnóstico (tampoco lo supieron las actrices hasta tres días antes de rodar el último capítulo). Dejando en un segundo plano la enfermedad, el eje central de Las de la última fila es la amistad. Esta relación es la que vertebra una miniserie que pone de relieve la lealtad, el respeto y el amor entre mujeres. También se exploran otros temas como las relaciones de pareja, la maternidad, la salud mental, los cuidados o la soledad.
Es cierto que los conflictos que plantea no son demasiado originales, pero toca la fibra sensible con su tono fresco y casual invitando a reflexionar sobre lo efímero de la vida y lo importante que es rodearse de gente que te quiere y te apoya. Las de la última fila es una ficción a medio camino entre la comedia y el drama que logra que por un momento te olvides del cáncer y te dejes llevar por la apasionante historia de cambios y búsqueda de la felicidad de estas cinco amigas.

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