Miniserie: La directora
El primer episodio de La directora prometía, sin embargo, tras haber visto la temporada completa tengo la sensación de que es un quiero y no puedo, un producto inacabado. En el piloto se nos presentaba a la Doctora Ji-Yoon Kim (Sandra Oh), profesora en la Universidad de Pembroke a quien acaban de nombrar directora del Departamento de Inglés, convirtiéndose así en la primera mujer en la historia del centro en ocupar este cargo, y uno de los pocos miembros del personal universitario que no es ni hombre, ni blanco, ni occidental. Con la difícil tarea de recortar el presupuesto destinado a las carreras de humanidades por el bajo índice de matriculados, Kim afronta su nuevo puesto con decisión, pero con la sensación de que le han pasado un marrón.
Creada por Amanda Peet (The Good Wife) y producida por David Benioff y D. B. Weiss (Juego de Tronos), la historia tenía muchas intenciones, y parecía que iba a girar en torno al choque generacional en el ecosistema universitario señalando de paso su misoginia y racismo. Sin embargo con una temporada tan corta de tan solo seis episodios de una media hora cada uno apenas da tiempo a profundizar en ningún tema. La directora intenta poner encima de la mesa debates sobre el feminismo, la intolerancia, el acoso laboral, la brecha salarial, el conflicto generacional, la corrección política o la cultura de la cancelación, pero son demasiados para tan poco metraje.
Además, no consigue encontrar su tono. En principio parece tratarse de una comedia centrada en el lugar de trabajo, en otras ocasiones de una familiar, y, en menor medida, de una romántica. Creo que con el tiempo que contaba, debería haberse centrado en la primera faceta, olvidándose de meter con calzador una relación pseudoamorosa, o la subtrama de la hija adoptada de origen mexicano que se cría con un abuelo coreano que se niega a hablar en inglés. Sobre todo porque cuando se enreda en las subtramas pierde el norte y genera confusión sobre quién es realmente la protagonista y qué es lo que quiere contar. Llama poderosamente la atención que una serie con un marcado corte feminista como esta lleve a su protagonista femenina al trantrán del resto de personajes y de tramas. Es supuestamente el centro de la historia pero no es quien lidera la acción, sino que no se mueve salvo para reaccionar ante los actos de los demás. Y además intenta manejar los problemas que surgen sin molestar, sin herir a nadie, por lo que se convierte en un pelele de los hombres que la rodean. Al final parece que tiene el espacio que le reservan los hombres, no el que ella se hace.
Sandra Oh está en su línea, pero la serie no va más allá de una comedia de situación. No aporta mucho más. Su final es hasta frustrante, ya que no resuelve prácticamente ninguna de sus subtramas. No sé muy bien adónde quería ir su creadora.

.png)




Comments