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Miniserie: El tiempo que te doy

Aug 12, 2022
3 min read

Superar el duelo es uno de los retos más difíciles para el ser humano. Generalmente este se produce tras una muerte, pero también es un doloroso proceso por el que pasar tras una separación amorosa. Y eso precisamente es lo que quiere mostrar El tiempo que te doy, una miniserie española que llegó sin hacer demasiado ruido al catálogo de Netflix en 2021, pero que supone un soplo de aire fresco.

El tiempo que te doy pretende contar la historia de la ruptura entre Lina y Nico. Más concretamente cómo ella intenta recuperarse del desamor y retomar las riendas de su vida, ahora en solitario. Busca nueva casa, nuevo trabajo, se pone a prueba con nuevas experiencias… Y mientras reconstruye su presente, procura dedicarle cada día menos a pensar en aquella relación de nueve años que ahora forma parte del pasado. Lo novedoso de esta ficción, y lo que le hace destacar de forma contundente sobre tantos otros títulos más publicitados, es su formato. Narrada en 10 episodios de 11 minutos rompe el esquema habitual de las producciones de Netflix, que suelen tener temporadas de 13 capítulos de casi una hora de duración. Y aunque la suma total del metraje podría configurar una película, lo cierto es que este formato a modo de miniserie tiene todo el sentido del mundo. Sobre todo teniendo en cuenta que está estructurada en dos tiempos: presente y pasado, y el primero le resta un minuto al segundo a cada capítulo que pasa.

Basándose en la premisa que dice que el tiempo todo lo cura, el primer episodio apenas dedica un minuto al presente, lo justo para arrancar con la separación, sin embargo, cede los diez restantes a mostrar cómo se conoció la pareja cuando ambos trabajaban en un hotel. El segundo capítulo supone un avance para Lina, pues ya vemos dos minutos de presente y nueve de pasado. Y así sucesivamente la joven va dando pequeños pasos hasta llegar al último, momento en que la proporción se invierte y apenas queda un breve recuerdo del pasado por diez minutos de presente. Entre medias los momentos claves que definieron la relación, tanto buenos como malos.

A pesar de que inicialmente el presente tiene menos minutos, es lo que funciona como eje para contar la historia. Mientras que este transcurre de forma cronológica, el pasado por el contrario no es lineal, sino que va y viene cuando un suceso detonante en el ahora evoca a otro instante del entonces (una canción, un viaje, una fotografía…). Los saltos temporales quedan muy bien integrados y la narración fluye con naturalidad gracias a este ingenioso juego formal. Pese a las continuas idas y venidas, la serie consigue transmitir muy bien el paso del tiempo gracias a detalles más evidentes como el cambio físico, pero también a otros más sutiles como la forma en que tienen los protagonistas de tocarse o mirarse.

Esto es posible gracias a las magníficas interpretaciones de Nadia de Santiago y Álvaro Cervantes. El trabajo actoral de ambos huye de todo artificio y de grandes explosiones dramáticas. Pero especialmente De Santiago, que además es cocreadora junto a Inés Pintor y Pablo Santidrián, está inmensa. Cervantes tiene algo menos de tiempo para lucirse ya que la serie está contada desde el punto de vista de Lina (también por eso el personaje de Nico está menos desarrollado y se va desdibujando a medida que avanzan los episodios). La actriz madrileña consigue transmitir mucho con muy poco y le hace muy sencillo al espectador ponerse en su lugar y empatizar con su personaje. En una serie que requiere de una fuerza emocional muy potente, De Santiago despliega una actuación en la que se desnuda por completo mostrando a una Lina compleja y llena de matices. Una mujer a veces frágil, completamente rota; otras, segura y decidida.

El tiempo que te doy es un interesante experimento que se aleja de la tradicional serie dramática de 45-50 minutos y consigue construir un análisis intimista y cotidiano del proceso del duelo sin necesidad de grandes alardes. Gracias a una breve duración de los capítulos, una sencilla estructura, la naturalidad de los diálogos, una cuidada fotografía y unos protagonistas cercanos con los que es fácil empatizar. Es cierto que en ocasiones la serie repite fórmulas recurrentes tanto de comedias como de dramas románticos y que el final es cuestionable, pero se le perdona. Muy recomendable, aunque quizá no apta para momentos de bajón.


 
 
 

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