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Miniserie: El caso del Sambre

Mar 8, 2025
4 min read

Las series, documentales y podcasts que reconstruyen crímenes se han convertido en toda una tendencia. Estados Unidos tiene innumerable ejemplos, en España tenemos sin ir más lejos El Caso Asunta o el El crimen de la guardia urbana. En Francia estrenaron El caso del Sambre en 2023, una miniserie que superó todos los récords de audiencia con una media de cuatro millones de espectadores por capítulo. Creada por Alice Géraud y Marc Herpoux, está dirigida por Jean-Xavier de Lestrade, quien ya se había adentrado en el mundo de los True Crime con The Staircase. En esta ocasión El caso del Sambre cuenta la historia de un violador en serie, quien entre los años 1980 y 2018 agredió a unas 60 mujeres en el entorno del Sambre, un río que transcurre entre Francia y Bélgica, en la región de Maubege.

Dino Scala, vecino de la localidad de Pont sur Sambre fue detenido a principios de marzo de 2018 por una agresión en Bélgica y acabó confesando que era el autor de decenas de violaciones y agresiones sexuales en Francia y Bélgica. En el juicio, celebrado en 2022, explicó que actuaba por impulsos que no controlaba. Condenado a veinte años de prisión por 54 violaciones, intentos de violación y agresiones sexuales, estaba considerado el mayor depredador sexual de la historia del país galo, aunque el título lamentablemente no le ha durado mucho, ya que recientemente se lo han arrebatado en primer lugar Dominique Pelicot, quien drogó a su esposa durante casi una década para decenas de hombres la violaran estando inconsciente, y después el cirujano Joël Le Schournec, acusado de abusar de 299 pacientes, en su mayoría menores de edad, aprovechando su situación de vulnerabilidad durante el proceso hospitalario. Escalofriante.

Volviendo a Scala, este depredador sexual hacía una vida completamente normal en su pequeña localidad de 2400 habitantes sin que nadie sospechara lo más mínimo. Lo curioso es que era tremendamente metódico. Su modus operandis era siempre el mismo: asaltaba a las víctimas por detrás, las inmovilizaba con una cuerda en el cuello y las amenazaba con una navaja. Y actuaba siempre a primera hora de la mañana. Con este patrón tan característico y reiterativo, y en un área tan concreta, resulta llamativo que no fuera identificado antes. Cuando fue detenido sus vecinos no daban crédito, padre de tres hijos, era muy conocido en la comunidad por haber sido jugador, entrenador y presidente del equipo de fútbol. Pese al desconcierto, la verdad es que tiene todo el sentido, pues si hay un criminal en una localidad pequeña, existen altas probabilidades de que los residentes tengan algún tipo de relación con él.


El caso del Sambre se diferencia de otros procedimentales en que pone foco en las víctimas. Son las agredidas quienes dan voz a sus experiencias y el espectador las acompaña a lo largo de los seis episodios descubriendo cómo la violencia sexual ha condicionado sus vidas para siempre. Aquí lo interesante no es seguir las pistas para llegar a descubrir al responsable del crimen, porque su identidad ya la conocemos desde el principio; en su lugar lo que realmente quiere esclarecer la miniseriees cómo fue posible  fracasara durante décadas la operativa policial y judicial.

Para ello, cada uno de los capítulos se centra en un personaje que interviene en el caso (una víctima, una jueza, una alcaldesa, una científica, un policía y el violador), en una forma de afrontar la agresión y en un período de tiempo determinados. Una estructura que permite abarcar toda la historia (desde el principio hasta la detención) y conocer los hechos desde diferentes ángulos de una manera orgánica y verosímil.

Desde que arranca la serie con la primera agresión asistimos con impotencia a la doble violencia que sufren las víctimas. En primer lugar por parte del violador y después por parte de las instituciones y de su propio entorno. Es devastador ver la dejadez e ineptitud de unos policías que no quieren registrar una denuncia porque eso les supondría mayor trabajo burocrático y que cuestionan a las mujeres constantemente; cómo no son capaces de ver el parecido entre una persona del pueblo y un retrato robot; cómo menosprecian a una jueza que quiere hacer su trabajo porque es joven y mujer; cómo el entorno de las víctimas no empatiza con ellas o incluso les hace el vacío… El caso del Sambre pone en evidencia cómo un sistema puede fallar por múltiples factores, especialmente por la suma de errores y negligencias de los que se supone que están para servir y proteger. Es una representación descorazonadora, pero muy realista, de cómo se hacían – y cómo se siguen haciendo en gran medida – las cosas.

Todo en la serie resulta creíble. Desde los personajes – interpretados magistralmente por un reparto con clara apariencia de gente trabajadora-, hasta la representación de cada época, pasando por el comportamiento de las autoridades. Narrada con una sobriedad casi documental El caso del Sambre no usa la fotografía para embellecer los paisajes, ni abusa de una banda sonora que enfatice el drama de las víctimas. Tampoco nos muestra imágenes explícitas, porque no son necesarias para despertar la frustración, impotencia, rabia o indignación en el espectador. Es una crónica cruda y aséptica que huye del sensacionalismo para centrarse en las víctimas y sus secuelas psicológicas mientras pone sobre la mesa debates como la cultura de la violación. Imprescindible.

 
 
 

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