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Miniserie: DMZ

Nov 16, 2022
3 min read

En 2005, en un momento histórico en el que confluían la guerra de Baghdad, el post-11S y Nueva Orleans en ruinas tras el desastre del Katrina, Riccardo Burchielli y Brian Wood lanzaron el cómic DMZ. DMZ significa zona desmilitarizada y hacía referencia a Manhattan, un territorio neutral y sin ley que estaba entre dos frentes: el ejercito de los Estados Libres y el gobierno federal de los Estados Unidos de América. El protagonista del cómic era un periodista que quedaba atrapado esta zona desmilitarizada, un lugar que lejos de ser un espacio de paz era una tierra de nadie que todo el mundo quería controlar, donde ya no había infraestructuras básicas y donde la población estaba a merced de francotiradores de ambos ejércitos.

En 2022 nos ha llegado a nuestras pantallas una miniserie de cuatro episodios que adapta esta historia. Manteniendo el mismo título, prescinde sin embargo de su personaje principal y pone en el centro de la historia a Alma, una sanitaria que, en Estados Unidos, atiende a inmigrantes tanto de la DMZ como de los Estados Libres. Protagonizada por Rosario Dawson, se adentra en Manhattan para buscar a su hijo perdido en medio del tumulto de la evacuación de la isla al inicio de la guerra ocho años atrás.

Detrás de esta adaptación televisiva está, entre otros, Roberto Patino, guionista de series como Hijos de la Anarquía. Esto se nota en el estilo directo de presentar la premisa así como en la manera de introducir el drama familiar en un entorno criminal. El ritmo le favorece al tratarse de una miniserie, ya que rápidamente sumerge al espectador en materia. Sin embargo esto también juega en su contra, ya que apenas explica esta realidad distópica de posguerra. Sí, rápidamente establece la motivación de Alma, pero apenas consigue explicar qué condujo al colapso de los Estados Unidos y por qué estalló el conflicto que ha dividido el país e incluso ha creado nuevas fronteras.

Con un metraje tan limitado hay que pasar por alto las casualidades, pero es que en el caso de Alma son muchas. Cuando llega a la DMZ en busca de su hijo la ciudad se está preparando para las primeras elecciones a gobernador de Manhattan tras la guerra. Casualmente los dos únicos candidatos en medio de esta pugna por alzarse con el poder son Parco Delgado, líder de la banda del Harlem latino y Wilson Lin, quien controla Chinatown. Uno es su expareja y padre de su hijo, el otro un buen amigo. No solo este último conoce el paradero de Cristian, el hijo perdido, sino que lógicamente lo sabe su padre, por tanto pronto se acaba la búsqueda. Para rizar más el rizo, en el corto recorrido de la miniserie no solo cumple con su propósito de encontrar a su hijo, sino que además consigue convencer a la población de la DMZ de cambiar su intención de voto con tan solo un discurso de tres minutos.

La actriz consigue convencer en su papel, pero no es suficiente. DMZ tiene más carencias que otra cosa. Presenta una interesantísima propuesta pero la desaprovecha al no contar con un discurso mínimamente profundo. Hay muchos temas sobre la mesa: el auge de los nacionalismos, los refugiados, el acceso a los recursos naturales… pero no se ahonda en ninguno de ellos. Su ambientación pretende ser la de una ciudad desolada convertida en tierra de nadie pero ni parece Manhattan, ni hay sensación de peligro, ni hay desabastecimiento. Parece más un barrio dominado por la lucha de bandas callejeras (o pelea de gallos) que una zona desmilitarizada tras una guerra civil.

El guion cambia de drama familiar (aunque en realidad carece de tensión) a thriller político en cuestión de minutos, abusa de los giros y, como decía, de las casualidades. Los diálogos son forzados y sus personajes demasiado estereotipados. Como además no hay mucho tiempo, apenas se desarrollan las relaciones entre ellos.

En definitiva o le faltan episodios para explorar el mundo que pretendía presentar o le sobran minutos y podría haber sido una película eliminando mucha paja.


 
 
 

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