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Miniserie: Caza de Brujas

Apr 7, 2021
3 min read

La ficción noruega se está haciendo cada vez más hueco en nuestras pantallas (Modus, Okkupiert, Absuelto, Beforeigners, El tiempo de la felicidad…). La última en llegar a mi radar ha sido Caza de brujas (Heksejakt), creada por Siv Rajendram y Anna Bache-Wiig, guionistas de series como El tiempo de la Felicidad o Absuelto. Avalada por la crítica de su país y con varios premios en su haber, Caza de brujas viene a mostrarnos algo tan propio de las ficciones nórdicas: que no todo es tan bonito como parece en los países escandinavos y que en todos los sitios cuecen habas en lo que a corrupción se refiere.

La historia arranca cuando Ida Waage, la directora financiera de un importante despacho de abogados de Oslo, descubre una factura de 450.000€ que no le cuadra. Como ha de cerrar el presupuesto al céntimo, decide consultar a sus compañeros sobre la operación, pero no recibe otra cosa que largas. No convencida por las respuestas vagas, escala su preocupación a los socios del bufete, que parecen muy receptivos y la tranquilizan para que apruebe la factura y sea abonada. Sin embargo, ella sigue teniendo sus sospechas de que hay algo turbio en todo el asunto y su sentido del deber la lleva a seguir tirando del hilo.

Ante esta insistencia de la financiera, de repente el ambiente en el despacho cambia e Ida comienza a ser represaliada y perseguida hasta límites insospechados. Se desencadena una cruzada personal de David contra Goliat en la que la protagonista apenas va a tener aliados. Tan solo parecen estar de su lado su cuñado abogado con adicción al alcohol, un detective de la policía financiera y una joven periodista con contrato temporal.


Caza de brujas se cimienta en dos pilares muy fuertes: la simpleza del argumento y el ritmo.

A diferencia de las ficciones estadounidenses, esta serie está muy bien construida, de forma sencilla y con una limpieza narrativa que huye de subtramas que luego no van a ningún lugar, de secundarios irrelevantes y de cliffhangers innecesarios. Gira alrededor de unas cuatro protagonistas, que son quienes están mejor perfiladas. Y aunque en el despacho de abogados predominan los hombres, en la serie en general son las mujeres quienes llevan la mayor parte de la carga dramática. Se agradece que haya personajes femeninos tan variados como los masculinos, pero también hay algo de manido cliché en la joven periodista que no se rinde ante nada porque ama la profesión y tiene un alto sentido de la responsabilidad.

En cuanto al ritmo, Caza de brujas se cuece a fuego lento. En los primeros episodios se presentan a los personajes y sientan las bases del enorme escándalo que está por venir. Una vez que se han puesto las cartas sobre la mesa es cuando la serie empieza a subir en ritmo e intensidad tanto a nivel narrativo como de la trama convirtiéndose en una partida de ajedrez en la que los poderosos siempre tienen una buena jugada y la pobre protagonista no hace más que perder piezas y quedándose cada vez más acorralada. A lo largo de ocho episodios que componen la temporada se va construyendo un thriller que mantiene al espectador enganchado con la escalada de acciones (acoso, amenazas, montajes, persecuciones) contra Ida y con unos trapos sucios que salpican cada vez a más y más capas de la sociedad.

Caza de brujas no necesita recurrir a la violencia para crear la tensión. Se sirve únicamente de una historia bien construida y muy realista. Ofrece un claro retrato del poder y cómo se extienden los tentáculos de la corrupción. Pone en evidencia los errores de un sistema judicial y democrático que deja desprotegido a aquel que decide sacar a la luz las irregularidades. Consigue transmitir impotencia y te deja con la pregunta de si alguna vez los poderosos pueden ser derrotados siguiendo las reglas o si siempre consiguen salir airosos gracias a la red de contactos que se han forjado en todas las esferas de un sistema corrupto a todos los niveles.

 
 
 

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