Miniserie: Cadáveres
Adaptación televisiva británica para Netflix de la novela gráfica Bodies de Si Spencer, Cadáveres es una miniserie de ocho capítulos de aproximadamente una hora de duración que mezcla investigaciones policiales con viajes en el tiempo. Protagonizada por Amaka Okafor, Shira Haas, Kyle Soller y Jacob Furtune-Lloyd, esta producción estrenada en 2023 tiene un punto de partida que, no podemos negar, llama la atención.
En 2023, la detective londinense Sahara Hasan cubre una manifestación de extrema derecha. Tras una persecución descubre en Longharvest Lane, un callejón del barrio de Whitechapel, el cadáver desnudo de un hombre. Todo apunta a que ha fallecido como consecuencia de un disparo en el ojo, aunque no hay bala por ningún lado. Además, cuenta con una inscripción en la muñeca de significado desconocido. Cuando parece que Cadáveres va a seguir la narración con la resolución del crimen, da un salto temporal a 1941, al Londres bombardeado de la Segunda Guerra Mundial, donde otro detective, Mathew Whiteman, también encuentra un cadáver. La cuestión es que no solo este presente similares características (desnudo, muerto de un disparo en el ojo y con una marca en la muñeca), sino que es el mismo cadáver, solo que 82 años antes. Sin habernos repuesto del giro, el relato vuelve a retroceder en el tiempo, esta vez a 1890. Allí el detective victoriano Hillinghead descubre la misma víctima en el mismo lugar y en la misma posición. ¿Cómo puede ser posible que haya tres cadáveres idénticos, asesinados de la misma manera, en tres momentos históricos distintos (en realidad son cuatro, pues más adelante descubriremos que vuelve a encontrárselo una cuarta policía en 2053)?
Con este intrigante arranque, Cadáveres nos va llevando por las investigaciones de los distintos marcos temporales. Seremos testigos de cómo se enfrentan al caso cada uno de los agentes con los valores y los métodos de sus respectivas épocas y cómo pronto se dan cuenta de que todo apunta a una misteriosa conspiración que abarca más de 150 años. Además, un enigmático líder político cobra cada vez más peso en la trama. Para resolver el misterio, los cuatro investigadores comienzan a colaborar entre ellos.
Cadáveres ejecuta con eficacia la introducción de todos los personajes y equilibra correctamente las diferentes líneas a lo largo de los capítulos para que sus respectivas historias vayan avanzando a la par. No es tarea fácil, pero la serie consigue que se desarrollen con el mismo espacio, protagonismo e importancia las diferentes tramas personales en sus momentos históricos a la vez que se explora la conexión que les une a todos. Y es que cada uno de los investigadores tiene su conflicto específico, su propia angustia vital. Son defensores de la ley, pero se sienten un tanto apartados de la sociedad. Por un lado, Hillinghead es homosexual en una época muy puritana y homófoba, por lo que se ha resignado a llevar una doble vida, con una esposa y una hija; Whiteman es judío en un momento donde el antisemitismo está en su punto álgido, así pues oculta su verdadero apellido (Weissman) para pasar desapercibido; Hasan es musulmana en un contexto de auge del supremacismo blanco; y en el futuro distópico Maplewood, vive en conflicto continuo consigo misma porque, aunque no se siente bien sirviendo a un gobierno totalitario, no parece tener opción porque depende de él.
Los decorados, vestuarios y caracterización están bastante logrados y a rasgos generales da el pego, aunque 2023 es la época que mejor funciona. El Londres del siglo XIX parece demasiado limpio, más como si fuera un decorado teatral; y el de 1941 parece obviar demasiado que la historia transcurre a la vez que el Blitz de la Segunda Guerra Mundial. La saturación particular de cada una de las líneas temporales favorece las transiciones de un período a otro y visualmente es muy atractivo el recurso de los planos conjuntos entre los distintos investigadores.
Sin embargo, pese a su esfuerzo de producción y ambientación, a un correcto elenco y a una premisa inicial sugerente con mezcla de misterio, drama y ciencia ficción que consigue que nos pique lo suficiente la curiosidad para adentrarnos en la historia, Cadáveres no logra rematar. La serie arranca con esa premisa fantástica, enganchando desde el minuto uno, pero acaba desinflándose por exceso de sobreexplicación y relleno. A partir del capítulo seis se va haciendo más y más lenta, se enrevesa en demasía y resuelve el misterio de forma poco convincente, e incluso ilógica. El final es demasiado laxo y solo tiene sentido si se pensaba dejar la puerta abierta a una segunda temporada.
Los viajes en el tiempo son un subgénero que permite jugar con la narrativa y explorar múltiples historias. Sin embargo, son muy complejos porque no es fácil atar todos los cabos sueltos, con los mínimos agujeros de guion y no hacer uso de demasiadas trampas que exijan al espectador que dé un salto de fe. Y precisamente de eso adolece Cadáveres. Da la sensación de que los guionistas se metieron en tal jardín que no supieron cómo salir y el resultado es un WTF en toda regla. Tiene demasiados fallos lógicos como para que nos creamos lo que nos están contando. La serie entretiene pero no convence, daba para mucho más.

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