Miniserie: Apagón
Apagón es una miniserie inspirada en el exitoso podcast de ciencia ficción original de Podium Podcast El gran apagón de José Antonio Pérez Ledo estrenado en 2018. Con cinco episodios de cincuenta minutos cada uno, la ficción parte de una tormenta solar que impacta en la Tierra causando un apagón generalizado en la energía y la tecnología del planeta. Mezclando elementos de crisis energética, del cambio climático y con tono apocalíptico la serie cuenta cinco historias diferentes que ocurren desde que se detecta el peligro inminente. Narra cómo los personajes luchan por adaptarse a este nuevo mundo sin electricidad y por ende sin telecomunicaciones ni medios de transporte. La vida ha cambiado por completo y la sociedad ha de aprender a vivir como hace siglos enfrentándose a sus necesidades, lo que despierta los instintos y miedos más primarios del ser humano.
Cada capítulo es independiente y autoconclusivo, pero todos tienen en común la lucha por mantener el orden y esta adaptación a la nueva realidad que mencionaba. No obstante, no todos los episodios están al mismo nivel. El primero es sin duda el más tenso de todos y se nota la dirección de Rodrigo Sorogoyen (Antidisturbios, El reino) y el guion de Isabel Peña (Antidisturbios). Intenta recrear de una manera realista cómo gestionaría una tormente solar la Dirección de Emergencias y Protección Civil de España. Qué protocolos se activarían, qué decisiones se tomarían, cómo influirían los diversos poderes institucionales del país… Transmite incertidumbre y angustia pero con el foco puesto en la reacción de las personas y la dificultad para tomar decisiones en abstracto y en pos del bien común y no tanto en la catástrofe en sí.
El segundo capítulo, Emergencia, dirigido por Raúl Arévalo y escrito Alberto Marini, Fran Araújo (Hierro, Rapa) y el propio Arévalo es algo más flojo. La trama sigue a Eva, la directora de un hospital, que, ante una situación de escasez de medicamentos y personal médico, decide limitar la edad de atención médica a los setenta años y, si la situación va a peor, incluso rebajarla a los sesenta. Sirve de homenaje a aquellas personas que lo han dado todo en guerras, pandemias y otras catástrofes mientras a la vez plantea los grises morales en situaciones extremas. Sin embargo, a pesar de dilemas estimulantes, no tiene fuerza ni el dramatismo que habría que esperar.
Confrontación, el tercer episodio, escrito y dirigido por Isa Campo, se centra en las tensiones y peleas que surgen ante la falta de comida y la ansiedad que provoca tener que estar pendiente de los peligros que acechan o de mantener una buena higiene para prevenir infecciones y enfermedades. La protagonista es Sofía, una adolescente que vive con su madre y que tiene mucha rabia contenida. El capítulo muestra que si para un adulto es complicado adaptarse a una situación como esta, más aún lo es para los jóvenes, que ya de por sí se encuentran en un proceso de cambio y buscan siempre rebelarse ante las normas de sus padres. Cuando los jóvenes marginales comienzan a ocupar las zonas comunes de la urbanización, Sofía se siente más próxima a ellos que a su familia. Sin una estructura organizativa prima la ley del más fuerte. Si el segundo episodio bajó el nivel, con este estuve tentada de dejar la miniserie.
Supervivencia, el cuarto, mejora un poco con respecto a los dos anteriores y cambia totalmente de tono y de ritmo. Dirigido por Alberto Rodríguez y escrito por Rafael Cobos cuenta la historia de un cabrero solitario que ve cómo su día a día se ve alterado por la invasión de los urbanitas que “siempre quieren más”. En el centro de la historia está el entorno de montaña, los rebaños, la climatología y el silencio. El capítulo pone en contraste dos formas de ver la vida: la del que se preocupa por lo que le rodea y que hace un uso controlado de los recursos a su alrededor y la del que se pone en el centro y toma todo aquello que le interesa sin valorar las consecuencias que puede tener ese abuso.
Finalmente, el último episodio de la antología, Equilibrio, dirigido por Isaki Lacuesta y con guion de los ya mencionados Isa Campo y Fran Araújo nos cuenta la historia de María, esposa del asesor de la Dirección de Emergencias del primer capítulo, quien, alertada por este, huye de la ciudad y se marcha a la segunda residencia de la familia en el campo. Allí se encuentra con el grupo de recolectores de aceitunas de la finca a quienes nadie paga por su trabajo. María no tiene con qué pagarles y tampoco sabe cómo desenvolverse allí, así que firman una especie de acuerdo en la que vivirán juntos pero todo el mundo colaborará en las tareas por realizar. Ella, urbanita como es, está un poco perdida, pero intentará aprender e integrarse. Formarán así una comunidad con una cómoda rutina durante los meses siguientes. Y es que la cronología de este capítulo abarca desde octubre, momento en que se desarrolla el primero, hasta el mes de mayo del año siguiente. Esto nos permite ver la evolución de los personajes y cómo los trabajos a realizar cambian según las estaciones.
A pesar del nivel desigual de sus episodios, Apagón es una miniserie que, como tantas otras ficciones de zombies y catástrofes, realiza un interesante ensayo sobre la condición humana, sus miedos, sus debilidades, sus instintos y sus debates morales. Pone a los protagonistas en situaciones extremas para ver cómo reaccionarían y nos deja mensajes para reflexionar. Eso sí, no es para ver en momentos de bajón.

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