Mi corazón y mi carne retozan por el Dios vivo.
Por: Saraí de Cristo Crucificado Hernández Aguilar, CMST.
Queridos hermanos, hermanas y hermnxs, hoy el Salmo (83) es propicio para este hermoso día: “Mi corazón y mi carne retozan (saltan y gozan alegremente) por el Dios vivo”
Así mismo, parafraseando el Salmo 116 y 125 que nos hacen ensanchar el corazón: ¿Cómo no agradecer a Dios tanto bien que me ha y que nos ha hecho? Pues “el Señor ha estado grande con nosotros y por eso estamos alegres”. Más aún, en este gran acontecimiento al celebrar 10 años de su Colectivo, caminando junto a Teresa de Cepeda y Ahumada, la andariega, como ustedes, verdaderxs hijxs de esta gran Mujer.
Hoy el Evangelio nos regala el bello encuentro de la Samaritana con Jesús de Nazaret una mujer que inspiró a Teresa de Jesús. Aunque es bien sabido que toda la Palabra de Dios penetró profundamente el interior de Teresa, podemos ver que tiene una especial predilección por la Samaritana: «¡Oh, qué de veces me acuerdo del agua viva que dijo el Señor a la Samaritana!, y así soy muy aficionada a aquel Evangelio; y es así, cierto, que sin entender como ahora este bien, desde muy niña lo era y suplicaba muchas veces al Señor me diese aquella agua, y la tenía dibujada adonde estaba siempre, con este letrero, cuando el Señor llegó al pozo: “Señor, dame de esa agua.”» (V 30,19)
En meditaciones sobre los Cantares 7, 6 nos dirá: “Acuérdome ahora lo que muchas veces he pensado de aquella santa Samaritana, qué herida debía de estar de esta hierba, y cuán bien había comprendido en su corazón las palabras del Señor, pues deja al mismo Señor por que ganen y se aprovechen los de su pueblo, que da bien a entender esto que voy diciendo; y en pago de esta tan gran caridad, mereció ser creída, y ver el gran bien que hizo nuestro Señor en aquel pueblo.”
A mi parecer, esto trastoca nuestras relaciones interpersonales, nos invita a comprender en nuestro corazón todos los días las palabras del Jesús de Teresa, que nos invita a romper con las barreras que impiden vivirnos como hermanos y hermanas, a no olvidar que Dios continua haciendo su historia con nostrxs; que hoy, en este contexto histórico que nos tocó vivir, necesitamos beber de esa agua viva, agua de vida que cuida la vida, que genera vida, justicia, verdad, inclusión, que dignifica y que nos hace capaces de vernos como una sola familia, buscando el bien común, de todo el pueblo… para salir gritando con esta Samaritana, todo el bien que este gran señor le había hecho.
Y cómo no recordar esta narración de María y José Ignacio López Vigil, en su texto “un tal Jesús, la buena noticia contada al pue lo de América Latina”:
Samaritana: Ustedes los galileos y los judíos dicen que Dios tiene puesto su trono en el monte de Jerusalén y nosotros los samaritanos decimos que no, que es aquí en el monte Garizim donde vive Dios.
Jesús: A mí lo que me parece es que Dios ya se levantó del trono y se bajó del monte y puso su tienda aquí abajo, entre la gente, entre los pobres. Si yo fuera el Mesías, ¿qué harías tú?
Samaritana- Eso te pregunto yo a ti. ¿Qué harías tú?
Jesús- Pues mira, lo primero que haría yo sería comprar un cepillo así de grande para borrar las fronteras entre Samaria y Galilea, entre Galilea y Judea, entre Israel y todos los países. Y después, buscaría una llave maestra para abrir las cerraduras de todos los graneros y así el trigo alcanzaría para todos. Y con un martillo grande rompería las cadenas de los esclavos y los grilletes de los presos. Y después, llamaría a todos los albañiles de la tierra y les diría: Ea, compañeros, desmonten piedra a piedra el Templo de Jerusalén y el templo del Garizim y todos los templos. Porque Dios ya no está en los templos sino en las calles y en las plazas. Y los que de veras buscan a Dios, lo encontrarán ahí, entre la gente. Y también compraría la mejor lejía de batanero para borrar todas esas leyes y todas esas normas que durante años nos han cargado sobre las espaldas… y escribiría una sola ley adentro, en el corazón: la libertad.
Por eso, en esta libertad en que ustedes se viven, entregando, compartiendo y generando vida, en esa defensa del lugar teológico de los grupos vulnerados, mostrando al mundo que somos una sola Comunidad Universal, como lo dice nuestro hermano el Papa Francisco, “Donde no es tiempo de andar en otros negocios que no sean los de Dios”; pido al Dios de la Vida, al Jesús de Teresa y a la Ruáh Divina que nos habita y mantiene la danza de nuestros pies para continuar el camino:
Que los caminos se abran a su encuentro, que el sol brille sobre sus rostros, que la lluvia caiga suave sobre sus campos, que el viento sople siempre a su espalda.
Que guarden en su corazón con gratitud el recuerdo precioso de las cosas buenas de la vida.
Que todo don de Dios crezca en ti y te ayude a llevar la alegría a los corazones de cuantos aman y de aquellos a quienes a veces nos cuesta amar más.
Que sus ojos reflejen un brillo de amistad, gracioso y generoso como el sol, que sale entre las nubes y calienta el mar tranquilo.
Que la fuerza de Dios les mantenga firme, que los ojos de Dios les sigan mirando, que los oídos de Dios les oigan, que la Palabra de Dios les hable, que la mano de Dios les proteja, y que, hasta que volvamos a encontrarnos, otro te tenga, y nos tenga a todos y todas, como el Dios de la Vida, en la palma de su mano.


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