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Mercadillos Navideños Alemanes. Día 2: Wiesbaden

Comenzamos nuestro primer día completo de viaje sobre las ocho de la mañana. El plan era visitar la ciudad vecina de Mainz, pero dado que el Hessenticket no se puede usar hasta las 9, antes dimos un paseo por el centro de Wiesbaden y buscamos un sitio donde desayunar.

Los comercios en general no estaban aún abiertos, pero sí que encontramos en la Kirchgasse, una de las calles más comerciales de la ciudad junto con Langgasse y Neugasse, una tienda de Rossmann, que aunque es una droguería, tenía una máquina de café para llevar. No lejos del hotel habíamos pasado un Aldi, así que entramos a por algo de bollería recién hecha, y con nuestro desayuno en mano recorrimos tranquilamente las calles prácticamente desiertas de Wiesbaden.

Aprovechamos el día despejado y la tranquilidad de las primeras horas de la mañana para revisitar los lugares por los que habíamos paseado el día anterior por la tarde con una nueva mirada y adentrarnos en el pequeño barrio histórico de Schiffchen, que se podría traducir como “el barquito”. Y es que dicen que este barrio algo escondido tras el imponente Parlamento del Estado de Hesse tiene forma de proa de barco. En realidad se trata de una bifurcación desde la Marktstraße, que, más adelante, en la Goldgasse se vuelve a unir.

El Schiffchen es la zona del centro de Wiesbaden que mejor ha conservado su carácter histórico. Las callejuelas aún conservan su sinuoso trazado y en ellas se erigen las casas más antiguas, construidas entre 1720 que se instalaron varias familias judías (la más antigua es la de la familia Cetto, en la Wagemannstraße 7) y 1910. Delimitado por las calles Wagemannstraße, Grabenstraße, Goldgasse y Marktstraße, constituía el suburbio poblado por artesanos y comerciantes.

Hasta 1884 hubo un matadero en la zona, y también había varios molinos que funcionaban con agua del Dendelbach, que fluyó libremente hasta el siglo XIX. Hoy podemos ver aún en pie la Bäckerbrunnen, la fuente de agua termal que los panaderos del barrio usaban para elaborar su masa madre. Aunque también los carniceros se servían de ella para hervir su carne y embutidos.

Esta construcción de 1906 alberga una fuente de la que según una hoja informativa el agua sale en la actualidad a 64ºC. A principios del siglo XX parece ser que fluía 65 litros por minuto a 49ºC, lo que igualmente era muy conveniente para ahorrar leña a los lugareños. Para qué emplear leña en calentar agua fría cuando del grifo ya sale a una temperatura tan alta… Desde 1976 la fuente lleva una mezcla de agua de varias fuentes termales.

Hasta la década de 1950 Wagemannstraße era el barrio rojo de Wiesbaden, un foco social donde eran frecuentes los enfrentamientos y la violencia. Schiffchen era una zona altamente poblada donde la gente vivía en condiciones sanitarias e higiénicas lamentables. En los años 60 el ayuntamiento encargó la replanificación de la zona por la que se pretendía demoler este barrio histórico por completo para construir un aparcamiento… Por suerte los jóvenes comenzaron a mudarse allí renovando las casas y dándole una nueva vida a estas callejuelas. Junto a antiguas posadas como el Eimer y tabernas como el Weinhaus Kögler surgieron numerosos locales de restauración a cuyas terrazas la gente acudía en cuanto el tiempo acompañaba.

Lo único que desentona un poco con el encanto del barrio es la mole cuadrada blanca del salón de plenos del Parlamento Estatal de Hesse.

Tomando la Mühlgasse volvimos a la Schlossplatz, mucho más tranquila a aquellas horas con los puestos cerrados.

Bordeamos la Marktkirche admirándola con los primeros rayos de sol del día y nos dirigimos a la Martkplatz, una plaza a la que el día anterior apenas le habíamos dedicado tiempo.

Dernsches Gelände (los terrenos de Dern) alberga cada miércoles y sábados de 7:00 a 14:00 unos 100 puestos de agricultores y agricultores de la zona. Es el mercado semanal más grande de la ciudad. Le debe su nombre a Carl-Reinhard Dern, un silvicultor que heredó el terreno en 1831 de un familiar de su mujer. En aquella época no eran más que una granja y unos terrenos adyacentes. Tras su muerte en 1868 la ciudad se los compró a sus herederos convirtiendo la granja en edificio administrativo y, aunque había planes para construir un mercado, un teatro e incluso un balneario, la zona se utilizó hasta la década de 1990 como aparcamiento y gasolinera. No hace tanto que, gracias a una iniciativa popular, se recuperó el lugar como espacio abierto.

Esta plaza ofrece una buena panorámica de la iglesia, el Nuevo Ayuntamiento y la Marktsäule, la columna del mercado, que en su día no solo era un punto de referencia del mercado, sino que ventilaba las bóvedas del sótano (hoy convertido en el museo municipal) mediante una chimenea. En el espacio subterráneo los comerciantes podían almacenar sus mercancías, excepto aquello más sensible, como animales vivos, pescado o queso.

Construida a principios del siglo XX, su base mide 2,5 metros de altura con una base cuyos lados norte y sur cuentan con sendas fuentes. Queda decorada con grupos escultóricos, decoración floral y escudos de armas. La columna en sí mide otros 3,5 metros. Esta está decorada con unas estrías diagonales y cortadas en su parte superior por una banda en relieve en la que se representan los signos del zodiaco. Finalmente la parte superior, de un metro de altura, muestra en cada una de sus caras una cara que representa las horas del día. Esta última sección se completa con una linterna en forma de cúpula.

Por cierto, desde allí San Sebastián está a 1.400 kilómetros.

Para terminar nuestro paseo matutino por Wiesbaden nos dirigimos a Luisenplatz, donde podíamos coger el bus que nos llevaría a la estación.

Ya el día anterior habíamos visto que había además máquinas donde poder sacar el billete, con lo que íbamos prácticamente a tiro hecho. Solo teníamos que sacar el Hessenticket, rellenar los nombres y tomar el primer bus que pasara por Wiesbaden Hauptbahnhof.

Hasta la inauguración de esta estación de tren en 1906, la ciudad contaba con tres estaciones de ferrocarril: Taunusbahnhof, Rheinbahnhof y Ludwigsbahnhof. La nueva estación, siguiendo el ejemplo de las de Frankfurt, Leoipzig, Stuttgart o Múnich pretendía sustituirlas y unir las distintas líneas. El arquitecto fue Fritz Klingholz, uno de los arquitectos de estaciones ferroviarias más importantes de Alemania. Con un estilo historicista tardía y algún detalle aislado de Art Noveau, el edificio pretende dar la ilusión de palacio.

Las expectativas que se tenían cuando se construyó, en realidad no llegaron a cumplirse del todo. Y es que después de la II Guerra Mundial el tráfico de larga distancia se fue desplazando paulatinamente a la orilla izquierda del Rin, tomando más relevancia Mainz a pesar de su escasa capacidad. En la actualidad se estima que pasan por ella unos 36.000 viajeros al día (laborable), pocos para sus dimensiones.

Y allí estábamos nosotros, esperando a que llegara el tren que nos llevaría a Mainz, o Maguncia, como habría que llamarlo en español, pero que me suena horriblemente extraño.

 
 
 

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