Mercadillos Navideños Alemanes. Día 1: Vuelo y llegada a Wiesbaden
- goldenstateservicesj
- Sep 8, 2025
- 7 min read
Habíamos comprado los billetes para el vuelo de las 8:40, que está muy bien para aprovechar el día al llegar al destino, pero claro, eso suponía también madrugar bastante. Dado que en transporte público no era viable llegar a tiempo, decidimos que lo más rentable era llevarnos el coche y dejarlo en el aparcamiento de larga estancia del propio aeropuerto. Sin duda mucho más barato que un taxi (o dos porque éramos 5 personas).

Llegamos dos horas antes y, como no teníamos que facturar, pasamos directamente el control y nos dirigimos a la zona de espera de nuestra puerta de embarque, que estaba fácilmente a veinte minutos. Allí vimos amanecer antes de subir al avión.
Tras un vuelo tranquilo y sin incidencias, a las 11:30 llegamos a Frankfurt. Sin más dilación, pues no teníamos que recoger equipaje en la cinta, fuimos hacia la salida de la terminal para tomar el bus gratuito que conecta en un recorrido de unos 10 minutos la zona de llegadas de la T2 con la T1, que es de donde salen los trenes tanto de cercanías como regionales. Y es que para los dos primeros días íbamos a alojarnos en Wiesbaden, la capital del estado de Hesse, que se encuentra en el suroeste de Alemania, a unos 40 kilómetros al oeste de Frankfurt. Así pues, una vez en la estación de trenes, buscamos una máquina para sacar el Hessenticket, un billete que permite a un grupo de máximo cinco personas (hay que indicar los nombres) viajar en los transportes de la región de Hesse. Ya que éramos precisamente cinco, nos salía mucho más rentable esta opción de 41€ que pagar por un lado los 6.30€ por persona de los sencillos del tren y después otros 3.55€ del bus desde la estación de Wiesbaden hasta el hotel (además de los desplazamientos que pudiéramos hacer en la ciudad el resto del día).
Para ir de Frankfurt a Wiesbaden se pueden tomar varios trenes regionales, o las líneas de cercanías S8 y S9. Y ya que con el Hessenticket podíamos coger cualquiera de ellos, dejamos que decidiera por nosotros el horario y nos montamos en el primero que llegó. En Wiesbaden también teníamos un par de buses que nos dejaban en las proximidades del hotel, por lo que seguimos el mismo criterio que con el tren. Dos horas más tarde de nuestra llegada al país, a la 1:30, estábamos acomodándonos en nuestras respectivas habitaciones en el ACHAT Hotel Wiesbaden City. Pequeñas, pero lo justo para un alojamiento céntrico.
Tras deshacer el equipaje y refrescarnos un poco, cogimos las mochilas y la cámara y salimos en busca de algo de comer (que para los locales ya casi era la hora de cenar) y patear algo de Wiesbaden antes de que se nos hiciera de noche.
Ubicada en un valle entre el Rin y las montañas Taunis, la historia de Wiesbaden se remonta a los Mattiaker, la tribu germana que residía en la zona allá por el siglo I. Estos pronto tuvieron que defenderse de las tropas romanas que, ya asentadas al otro lado del río en Moguntiacum (actual Mainz), pretendían seguir avanzando y anexionándose nuevos territorios. Aunque inicialmente los germanos consiguieron defenderse, finalmente no les quedó otra que firmar un tratado de paz que, a la larga, acabó significando la progresiva romanización de la región. Los romanos la llamaron Aquae Mattiacae (el baño de los Matiacos) haciendo referencia tanto a la tribu como a los manantiales allí presentes.
De aquella época romana se conserva la Heidenmauer, lo que durante mucho tiempo se consideró que formaba parte de un sistema defensivo. No obstante, interpretaciones más recientes aseguran que en realidad no se trataba de una muralla, sino de un acueducto del siglo III (lo que la convierte en la construcción más antigua de Wiesbaden) que canalizaba el agua desde el Taunus hasta la ciudad. En 1902 se decidió partir este muro para la construcción de la Coulinstraße y en esta apertura se erigió la Römertor, un viaducto que consta de una puerta principal, una lateral, torres y almenas. Siguiendo el modelo romano, fue construida con mampostería de cantería madera. Se completa con una pasarela cubierta al estilo de la arquitectura de las fortalezas romanas. En 1979 se añadió a la estructura una escalera para los peatones.
A los pies de la puerta, se exponen, a modo de museo al aire libre, copias de lápidas de soldados romanos encontradas en Wiesbaden y algún busto.
Después de los romanos, Aquae Mattiacae fue conquistada por tribus germanas a finales del siglo IV y para el IX, según documentos del biógrafo de Carlomagno, Wisibada era de dominio franco. Después, en el siglo XII, tras de la caída del Imperio Carolingio, Wiesbaden pasó a los dominios del Condado de Nassau.
En 1232 fue elevada a la categoría de ciudad imperial, pero poco después, con la caída de la dinastía Hohenstaufen, Wiesbaden también sufrió varios reveses en su desarrollo entrando en declive. Primero fue la Guerra de los Campesinos en 1525, en la que los ciudadanos exigían la abolición del transporte de madera para el castillo y el libre uso del agua, los pastos y el bosque. La represión hizo que la ciudad viera limitada sus libertades. Después, unos años más tarde, en 1547, Wiesbaden fue asolada por un grave incendio, algo que se repitió en 1561. Para más inri, un siglo después, en la Guerra de los Treinta Años volvió a acabar devastada como consecuencia de las incursiones y los acuartelamientos. Cuando llegó la paz, según datos de la época, solo quedaban 40 habitantes.
En 1605, el conde Luis II de Nassau-Weilburg asumió el gobierno de Wiesbaden y concedió a la ciudad parte de los ingresos aduaneros para que saldara deudas. En 1684 el príncipe Georg August Samuel zu Nassau-Idstein llegó al poder y se propuso atraer a nuevos ciudadanos mediante concesiones fiscales, revitalización del comercio, desarrollo urbanístico y la construcción de una residencia de verano a orillas del Rin. El número de habitantes pasó de 644 en 1690 a 1329 en 1722.
En 1744 el Palacio de Biebrich se convirtió en la residencia principal del Principado de Nassau-Usingen y la sede las autoridades centrales se trasladó a Wiesbaden. Esto hizo que numerosos funcionarios y militares se trasladaran a la ciudad y por tanto la población creciera considerablemente. Además, para atraer a los visitantes gracias al atractivo de Wiesbaden como balneario, se realizaron trabajos de mejoras en los parques y paseos junto al río y se dictaron normas de higiene para eliminación de residuos, las limpiezas de las calles y el mantenimiento del alcantarillado.
A principios del siglo XIX la ciudad ya contaba con unos 2.500 habitantes y poco a poco fue modernizándose, en parte gracias a que Nassau pasó a ser un ducado en 1806. La conexión a la Unión Aduanera Alemana en 1836 y la modernización de las infraestructuras contribuyeron a un nuevo aumento de la población. Tras la Guerra Austro-Prusiana de 1866 quedó anexada a Prusia como parte de la provincia de Hesse-Nassau. La aristocracia eligió Wiesbaden como lugar de reunión, así que fue la tercera ciudad prusiana, además de Berlín y Potsdam, en ser autorizada a autodenominarse sede real. La explotación del balneario con todos sus establecimientos habían pasado a gestión municipal y la villa se convirtió en la residencia preferida de millonarios y empresarios que buscaban, además de los baños, un lugar donde descansar y retirarse.
La Kranzplatz es el punto más caliente de la ciudad. En ella, bajo un pequeño templete de forma circular encontramos la fuente principal. Además, hay dos fuentes más de las que brotan estas aguas termales, siendo la más famosa de ellas la Kochbrunnen (literalmente fuente de cocinar), una fuente de cuatro caños de la que sale el agua mineral a 67ºC.
A unos metros se encuentra la Kochbrunnenspringer, una fuente con forma de volcán en la que se puede apreciar cómo se van sedimentando los minerales. Cada año se forma una capa de hasta siete centímetros. Para evitar que este óxido se coma la fuente, se realizan trabajos con regularidad para eliminarlo.
El agua es potable, aunque hay que tomar ciertas precauciones como no beber más de 400 ml diarios y no durante más de tres semanas debido a la alta cantidad de minerales que posee (entre ellos arsénico). Además, no está recomendada para niños. Además del pequeño detalle de que sale hirviendo.
Lamentablemente estaban realizando trabajos en la zona y ni del templete ni del volcán salía una gota, lo que sí pudimos ver es cómo el vapor de agua se escapaba por el alcantarillado.
En la plaza nos llamó la atención la estatua de un Ampelmann, un muñeco del semáforo típico de la RDA, lo que nos pareció curioso, pues Wiesbaden era parte de la RFA. Es un monumento que conmemora los 25 años de la unificación alemana realizado por el artista Ottmar Hörl.
Alrededor de la plaza se concentran la mayoría de hoteles de lujo, reflejo del público que recibió la ciudad durante un tiempo. Aunque todo lo que sube, baja, y aproximadamente sobre 1910 el negocio termal se estancó. Parece que se puso de moda viajar a los Alpes o la Riviera francesa y ya nadie se acordaba de Wiesbaden. Además, el estallido de la I Guerra Mundial terminó por hundir a un balneario que dependía principalmente de huéspedes extranjeros. Cuando acabó la guerra la situación no mejoró, ya que la ciudad permaneció ocupada hasta junio de 1930. Para entonces ya se sentía en el ambiente los efectos de la crisis económicas con uno de cada tres ciudadanos subsistiendo gracias a prestaciones.
Durante la II Guerra Mundial se establecieron en la ciudad varios cuarteles generales y barracones. Y, como en tantos otros lugares, en Wiesbaden también se destruyeron numerosos negocios judíos y se quemaron sinagogas. Hoy, en la Coulinstraße se erige un Monumento al Holocausto, una gran pared gris que recoge los nombres de 1507 judíos que fueron deportados y asesinados por los nazis entre 1933 y 1945.
Tras la contienda, se convirtió en la capital del estado de Hesse porque, a pesar de que Frankfurt es más grande y conocida, Wiesbaden había sufrido menos daños. Y eso que perdió más del 52% de sus edificios. En ella se instalaron los ministerios, diversas autoridades federales superiores, bancos y compañías de seguros, editoriales, cadenas de televisión y principales organizaciones cinematográficas. Todo ello hizo que la ciudad pasara de 123.000 personas tras la guerra a 275.000 habitantes en 1977.
Nos queda mucho por ver de Wiesbaden. Pero eso será otro día.

.png)






Comments