Matutina
Le escribo a la que vive en la sombra,
a la que duerme en su cama mientras la sueño
desfilando por los pabellones de un laberinto.
Ávido de ti, enfermo de ti, idiota de ti,
escribo desde tu ausencia elocuente que
impregna mis versos con frases desgastadas,
versos victimados por la aridez de mi lengua,
palabras que gritan en lo blanco del papel,
palabras hechas jirones por esta fatiga
crónica con la que despierto cada mañana.
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