Masistas enmascarados

Por Dante N. Pino Archondo
Año 1988. Recuerdo la mañana en la que con mis dos niños en el coche me disponía a llevarlos a su colegio, a dos cuadras de mi domicilio me cruzo una vagoneta contra la que casi choco, frené de golpe, me abrieron la puerta y me sacaron dejando a mis niños solos. Eran esbirros del gobierno, enviados por el Ministro del Interior.
Esa experiencia la viví y sé lo que ocasiona en la familia. Eran todavía tiempos en los que en democracia se hacían las mismas cosas que en las dictaduras. Los gobiernos no perdían la costumbre de apresar y después juzgar, además de condenar por adelantado. Fueron los medios de comunicación los que denunciaron esa acción, sin ellos nadie sabría de mi paradero. Y fue ese el motivo que obligo al Ministro de Interior a dejarme en libertad a media mañana. Parece que el tiempo no pasa, se detiene, nos envuelve en su manto y nos aprisiona como queriendo que no olvidemos, que no nos descuidemos
porque lo pasó puede volver a suceder. Es una seria advertencia. Veintiocho años después, la misma intolerancia a disentir del gobierno, revive a los encapuchados, a las vagonetas, a los golpes y al secuestro. Son los que retornan, con bota o con chamarra de cuero, son los mismos, no importa que vistan diferente, son los que pretenden tener toda la verdad y se creen poderosos para imponer la justicia por sus manos.
Y es cuando la sociedad comienza sentirse abandonada, a sentir el miedo ante la agresión opresiva, soledad ante la soberbia de un grupo que en nombre del pueblo primero agrede, después secuestra y por ultimo elimina. Si les dejamos hacer ahora lo que hicieron en Sucre, sin protestar en la Plaza Abaroa, en las Plazas de Santa Cruz, de Cochabamba, de Sucre, de Beni, de Pando, de Tarija, de Oruro y de Potosí, entonces no nos quejemos que mañana del secuestro se pase a la desaparición de ciudadanos que no quieren pensar ni actuar como el gobierno.
No nos quedemos en la protesta simbólica, hay que pasar a la acción, hay que advertirle al Ministro de Gobierno y por su intermedio a Evo Morales que esas decisiones no fueron ni serán nunca aceptadas por el pueblo y menos en democracia. Si supimos combatir a las dictaduras podemos combatir a los totalitaristas intolerantes del MAS.
Debemos exigir una disculpa pública del Ministro de Gobierno por este incalificable hecho que atenta a los derechos elementales de los ciudadanos en democracia. Y si no lo hace hay que pedir su renuncia inmediata. Para ello los diputados que son demócratas de verdad tienen que plantear una interpelación urgente a fin de lograr la rectificación de esta política delincuencial.
Las organizaciones que por ley defienden los derechos humanos deberían denunciar este atentado a los organismos internacionales. No se puede tolerar esta conducta, porque la permisividad da paso a la impunidad que vendrá después.

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