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MARCHA #8M

Mar 18, 2019
4 min read

El 8 de marzo se celebró la Huelga Internacional Feminista en todo el mundo, en el marco del Día Internacional de la Mujer. La movilización anual fortalece la lucha contra la violencia machista, la desigualdad de género y las diversas formas de opresión contra las mujeres. Sin embargo, desde el 2018 se ha reavivado el debate sobre la legalización y la despenalización del aborto en México y en el mundo.

Cuando mi madre se enteró que estaba embarazada de mí y eligió tenerme, sostenía una relación de larga distancia con mi padre. Mi madre, según me cuenta, no tenía la certeza de que mi papá regresara tan pronto. Así, tomó la decisión de tenerme sin decirle a mi padre y me crió como madre soltera durante el primer par de años de mi vida. Empiezo con esta anécdota personal porque es una historia que describe un contexto privilegiado.                                                 Este tipo de anécdotas personales son las que regularmente escucho cuando hablo con personas que son anti-legalización del aborto: conozco a mujeres que abortaron y tienen secuelas psicológicas y físicas; sé de tu prima segunda que tuvo a su hija, fruto de una violación, y su hija es una bendición para su familia; si tu madre te hubiera abortado, no seríamos tan felices con tu existencia.

Estas historias son verdaderas y no dudo que haya anécdotas similares y, también, ciertas. El problema con estos argumentos es que, si bien estas mujeres no eligieron abortar, en primer lugar ellas decidieronno interrumpir el embarazo para también elegir criar al niño; en segundo, existieron circunstancias que ellas gozaron para que todo el proceso de crianza del niño fuera adecuado. Estas circunstancias abarcan un contexto económico, educativo, social, que, a su vez, les dio acceso a servicios de salud para dar seguimiento al embarazo, como acceso a un parto seguro, dinero para los pañales, etc.

De acuerdo con Data Cívica, entre 2002 y 2016, la causa de muerte específica de 624 mujeres fue un aborto; el 23.4% de las que murieron tenía una escolaridad de preescolar[1]. Hay que tomar en cuenta, como la autora del artículo establece, que esta cifra es una subestimación de las muertes por aborto, pues no incluye todas las muertes que estuvieron relacionadas con la práctica de uno pero que fueron registradas con una causa de muerte específica, por ejemplo, de sepsis o hemorragia.

Estas cifras podrían indicar que, si tomamos la escolaridad como medida imperfecta del estatus socioeconómico, existe un porcentaje significativo de mujeres pobres que mueren por abortar. Según Daniela Tejas Miguez del Fondo de Aborto para la Justicia Social MARIA[2], los abortos clandestinos en una clínica privada pueden costar desde $5 mil hasta $30 mil pesos, dependiendo lo que los médicos quieran cobrar y las semanas de gestación que la mujer tenga; un aborto con medicamentos, usando misoprostol, cuesta entre $500 y $900, y un aborto legal en la CDMX en una clínica privada puede costar entre $2000 hasta $5000, siempre que el producto tenga menos de doce semanas. Según el análisis de Data Cívica, a más del 40% de las mujeres del país les alcanza para costear incluso el aborto con medicamentos; si nos concentramos en las mujeres de entre quince y veinticinco años, el porcentaje es aún menor. Solo el 15.6% de las mujeres mexicanas de entre veinticinco y veintinueve años pueden costear un aborto clandestino en una clínica privada de cinco mil pesos, 5.3% de las menores de 25; abortar con misoprostol es solamente asequible para el 19.3% de las mujeres de entre quince y veinticinco años y, tan solo para el 36% de aquellas que tienen entre veinticinco y cuarentainueve años.

Si a estas barreras económicas le sumamos las disparidades legales regionales en el país y, además, la subjetiva implementación de estas reglas debido a la sociedad conservadora en la que vivimos, podemos ver que es un problema grave al que nos enfrentamos. Para empezar, no existen incentivos para que las mujeres nos informemos al respecto por la estigmatización social; mucho menos para los hombres. Esto deriva en que los abortos inseguros sigan sucediendo, que las autoridades pertinentes no se atengan al marco legal dentro de cada estado y, además, que las mujeres que abortan sigan siendo criminalizadas por el delito de aborto.

Esto es solamente una minúscula probadita del gran tema que es el acceso al aborto legal y seguro[3]y que, si se sigue ignorando, seguirá siendo la cuarta causa de muerte materna en México. No se trata de las mujeres privilegiadas del país que podemos ser voz en esta lucha, se trata de los sectores de la población que son sistematizadamente invisibilizados. ¡Aborto legal en el hospital!

– Ana Sofía Sánchez Argüelles

[3]Para más información, podemos consultar la labor de www.gire.org.mx

[4]Licenciada en Economía por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) 2014-2018. Actualmente trabajo en Oxfam-México y en Centro Latam Digital. Co-fundadora de CIDEfem.

 
 
 

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