Mal de tiempo
De tanto hacer no hacemos nada, sino intentar escapar de la quietud de la semana, tanto escribir para no tener qué decir, tanto por asir y no poder hacer, es la vehemente locura futurista de perseguir lo que fue, apresurarse a presionarse en imprecisiones prematuras, ya no sé si el día de hoy fue el mismo de ayer, ya no sé si sigo siendo el que ya no soy, vivo en una era donde todo lo que ocurrirá mañana ha quedado obsoleto, pues lo nuevo caduca demasiado pronto, y los niños nacen viejos, y el amor es tan breve como un ardor en el aire, una contracción del miocardio, un crujir de huesos y silencio… estamos tan comprometidos con la vida que nos hemos olvidado de vivir, lo único vigente es lo que apenas viene, lo que todavía no llega, pues nada dura más que el breve aleteo de una mosca, la órbita de un electrón girando en las manecillas de la existencia, o la noche derramada en los pechos furibundos de una mujer sedienta, nada es para siempre, ni siquiera el instante preciso en que subo las escaleras eléctricas y me vuelvo un cuerpo vacío, lejos de todo, cercano a la nada, envuelto en la fricción de las luces como fierro masticado que se alarga por las vías del tren, un eterno suceder de suicidios subterráneos, un repentino mareo de quien despierta en otro cuerpo como si se tratara de otras ropas, es la manía de aburrirse en la diarrea verbal del noticiero, la diáspora enfermiza de esta humanidad tan inhumana, inmunda humareda de huérfanos huertos, cruel coartada de crudeza y crispada secrecía, hoy he de preguntarme por qué será que siempre vamos a ninguna parte, por qué será que nunca sabremos qué rumbo tomar con estos pasos moribundos como tristes crisantemos que caminan y se oxidan en el raudal de la roída existencia que se extiende en el vaso roto de la vida de la viuda de la uva envidiosa de la vid que bebía del vino de la vida, como un vago fantasma que vigila esta desvencijada y vieja noche de vigilia. ::.

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