Maguey
En el vórtice de la tierra colorada
brotan lenguas verdes con espinas;
de tu ombligo floreado como espiga
nace el cielo y en el filo de la noche
transparente se abren las estrellas.
Tu sexo dulce de miel efervescente
y el enervante embrujo de tu sangre
dilatan una herida todavía fresca,
seduciendo a la muerte sin nombre
en el goce de tus labios cenicientos.
Eres la soledad vespertina echando
raíces en la aspereza del concreto,
pencas azules, corazones desiertos
despuntando al medio día entre
cuchillos, desfiladeros y comparsas.
Cerros dilapidados en el silencio de
de los siglos chorreando el tiempo,
escombros de cuero curtido por el
hambre, luna como sábanas blancas,
murmullos del tlacuache y la lechuza.
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