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Maguey

Mar 16, 2012
1 min read

En el vórtice de la tierra colorada

brotan lenguas verdes con espinas;

de tu ombligo floreado como espiga

nace el cielo y en el filo de la noche

transparente se abren las estrellas.

Tu sexo dulce de miel efervescente

y el enervante embrujo de tu sangre

dilatan una herida todavía fresca,

seduciendo a la muerte sin nombre

en el goce de tus labios cenicientos.

Eres la soledad vespertina echando

raíces en la aspereza del concreto,

pencas azules, corazones desiertos

despuntando al medio día entre

cuchillos, desfiladeros y comparsas.

Cerros dilapidados en el silencio de

de los siglos chorreando el tiempo,

escombros de cuero curtido por el

hambre, luna como sábanas blancas,

murmullos del tlacuache y la lechuza.

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