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Los tambores anuncian ya la batalla

Nov 27, 2018
3 min read
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Si algo ha quedado claro en las últimas semanas, es que ni Peña ni Calderón gobernaban México. No eran sino simples títeres de los mercados financieros internacionales, coautores de la desgracia mexicana.

Desde Carlos Salinas de Gortari, los presidentes mexicanos han sido rebajados a burdos gerentes del capital financiero, vergonzosos títeres que han permitido que los mexicanos sean rehenes de la banca trasnacional. Durante tres décadas de proyecto neoliberal, los gestores del régimen político no hicieron otra cosa que seguir al pie de la letra los postulados económicos dictados desde Washington y Wall Street, postulados que han enriquecido a los ricos a niveles grotescos a costa de los más pobres.

La desgracia de los mexicanos ha dido un jugoso negocio para el capital financiero trasnacional. Ahí están los indicadores de la creciente desigualdad, ahí está la violencia sin precedentes, la corrupción solapada por los señores del dinero.

A los grandes inversionistas les importa un carajo el bienestar de la gente. Lo han demostrado hasta el cansancio. Por eso los mercados internacionales reaccionaron favorablemente cuando con el fraude que se gestó en Brasil y provocó la llegada al poder de Bolsonaro, un Hitler brasileño.

En el caso mexicano, ya se resiente la presión de los grandes capitales. Al menor intento por regular o limitar la cruel voracidad del sector financiero, los mercados reaccionan provocando turbulencias macroeconómicas, tirando las bolsas de valores, retirando capitales y devaluando la moneda.

Son las consecuencias del proyecto neoliberal que promovió a la Inversión extranjera como motor de un supuesto desarrollo que, lejos de cumplir con sus promesas, agudizó las condiciones de missria de millones de personas para beneficio de las élites y su insultante riqueza basada en el despojo y el exterminio. Ahí está la devastación provocada por las mineras como un palpable ejemplo de esta situación.

Mientras despojaban de sus tierras a ejidos y comunidades para beneficio de la oligarquía, los mercados fueron felices. Mientras el país se desangraba en la famosa “guerra contra el narco” ls tecnócratas celebraban la “estabilidad macroeconómica” generada por instituciones sometidas al capital financiero internacional.

Ahora que por fin llega en México un gobierno popular, como consecuencia de la catástrofe neoliberal, los mercaderes de la muerte utilizan sus instrumentos para generar caos cuando un gobierno no accede a satisfacer sus intereses y mantener sus privilegios obtenidos con la desgracia de millones.

En esto consiste la profunda crisis estructural del Estado nación y las democracias liberales, rehenes de la insaciable voracidad del capital financiero trasnacional, los señores de la banca, los grandes y omnipotentes inversionistas, dueños del mundo, responsables directos de la actual crisis global.

A pesar de sus errores, Andrés Manuel López Obrador no es responsable de la catástrofe que se avecina. Son los tecnócratas neoliberales quienes pudieron al país en la actual situación de vulnerabilidad, a disposición del capital financiero trasnacional. Los responsables tienen nombre y apellido, aunque las estructuras sociales desarrolladas por la oligarquía traten de ocultar y distorsionar la verdad.

Lo que vemos hoy en México es consecuencia de un nuevo tipo de guerra global, una guerra donde la oligarquía financierista global busca mantener intactos sus privilegios a expensas de la miseria de millones.

Y como en toda guerra, hay que elegir partido. Por supuesto, algunas pobres ovejas, víctimas de la manipulación informativa, el fanatismo exacerbado y la enajenación más soez, defenderán hasta la muerte a sus verdugos, creyendo ingenuamente que los privilegios de las élites son también los suyos.

Y habemos, en cambio, quienes elegimos defender el interés de la gente, de esas grandes mayorías expulsadas del mundo que hoy luchan por tratar de encontrar un lugar en medio de la catástrofe global. Y así hemos de asumir alegres nuestro papel terrestre en esta guerra de todos contra todos: luchando incansables contra la injusticia, la estupidez y la maldad en todas sus formas.

Que suenen los tambores y se escondan los cobardes. Aquí seguiremos dando pelea en esta continua lucha por la supervivencia. ::.

 
 
 

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