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Liberen la verdad

Mar 26, 2009
4 min read

Por Cayo Salinas

Por Cayo Salinas

Sólo Cuba tiene, comprobadamente, presos políticos y de conciencia, y constatar que Bolivia va por ese camino, no es más que acreditar una dura realidad. De ahí la importancia de “Liberen la Verdad”, acto que recordó el ilegal encarcelamiento de Leopoldo Fernández. Un ciudadano que merece defenderse en libertad. La existencia de presos políticos parecía impensada si miramos 1982, época en la que retornamos a la democracia. En ese entonces, con seguridad, la mayoría de bolivianos coincidieron en lo trascendental de la asunción de Hernán Siles Zuazo en la lógica de atesorar, sin límite de tiempo, periodos constitucionales donde impere el Estado de Derecho y donde se imponga el gobierno de la ley antes que el gobierno de los hombres.

Incluso el triunfo de Evo Morales estuvo precedido en la mente del elector, de esa lógica democrática. Para algunos, dar la oportunidad a que el líder cocalero, aquel que a punta de paros, marchas y bloqueos llegó a paralizar el país en innumerables ocasiones, demuestre, en los hechos y en cancha, lo que tanto hablaba. Por supuesto, siendo la principal característica del boliviano la de ser demócrata, esa oportunidad nunca cuestionó la posibilidad de que Evo o el que fuere, intente trastocar los más elementales principios y valores jurídicos reconocidos en una Ley Fundamental. Para otros, seguramente el voto a favor de Morales estuvo precedido por el comentario aquel que no daba al líder cocalero más de seis meses en el poder. Otros, como yo, no lo votamos, pero asumimos algo que desde el 82 era parte intrínseca del lenguaje político nacional y parte de una agenda no sujeta a discusión ni negociación: la democracia, la alternabilidad en el poder, la existencia de pesos y contrapesos, de partidos políticos oficialistas y de oposición, de una jurisdicción constitucional capaz de garantizar el respeto de los derechos y garantías de los ciudadanos en el marco de la ausencia de injerencia del poder político, entre otros factores, ya no se negociaban, eran una realidad. Hoy, todo aquello se está yendo por la borda. Lo que en 1982 se pensó nunca más iba a repetirse, está sucediendo nuevamente. Hoy, ningún ciudadano que esté en desacuerdo con las políticas del gobierno tiene garantizada su libertad y el uso, goce y disfrute de los derechos y garantías reconocidos en tratados internacionales y en la ley. La arremetida gubernamental a todo aquel que se oponga públicamente a un acto, decisión u acuerdo que orgánicamente el MAS determina, importa a la luz de un impresionante uso de medios publicitarios, el calificativo de traidor a la patria, neoliberal, derechista o racista. El objetivo no puede ser otro que el posesionar en el colectivo urbano (el rural lo tienen totalmente controlado y maniatado por sus propias características) mentiras por verdades y así, justificar el avance ilegal de aquellos a quienes el gobierno llama movimientos sociales a efecto de cercar el Parlamento, golpear gente que se atreve a disentir, evitar el cumplimiento de órdenes de la CSJ o la toma de propiedad privada. Lo que anoto no se veía desde 1982 y desde entonces, ningún gobierno se atrevió a avasallar los poderes constituidos, la dignidad de las personas y sus más básicos principios de orden constitucional. Con todos los defectos y errores que Ud quiera encontrar a las administraciones pasadas, antes estaba establecido un mínimo de respeto y consideración que protegía aquel principio que enseña que el derecho de uno termina donde comienza el derecho de otro, aun cuando dicho principio en ocasiones era arbitrariamente vulnerado cuando Evo bloqueaba el país. Antes incluso el testamento bajo el brazo era la forma cómo los militares tenían maniatada la conciencia de la gente. Hoy, los militares parecen tener maniatada su conciencia y si bien la famosa frase de Arce Gómez no es parte del vocabulario político que está en boga, las afrentas y ultrajes que a diario son parte del escenario que marca la coyuntura actual, tranquilamente pueden equiparársele. A tal extremo han llegado las cosas, que nuestras cárceles ya no sólo tienen a personas acusadas de cometer delitos, sino a presos políticos, a personas que se atrevieron a pensar diferente y a levantar la voz porque consideraron que algo está mal. Tenerlos, implica el retorno de una oprobiosa forma de gobernar, en la que prima el capricho del gobernante de turno y en la que la ley deja de ser el instrumento de gobierno para dar paso a la consigna. Sólo Cuba tiene, comprobadamente, presos políticos y de conciencia, y constatar que Bolivia va por ese camino, no es más que acreditar una dura realidad. De ahí la importancia de “Liberen la Verdad”, acto que recordó el ilegal encarcelamiento de Leopoldo Fernández. Un ciudadano que merece defenderse en libertad, que fue electo y ratificado y que debe ser sometido a proceso en el marco de la ley, no en el marco de lo que políticamente conviene al gobierno. Termino aquí. La existencia de presos políticos le va costar caro al MAS. Podrán meter a la cárcel cientos, quizá hasta Ud. o yo. Pero tan deleznable actuación no está haciendo más que generarle contendientes políticos que a diario crecen y seguirán creciendo. Lo anoté antes. Este es un país donde sus ciudadanos por sobre todas las cosas rechazan la arbitrariedad, el abuso y la mentira, características que bien vale la pena sean subrayadas si miramos los últimos tres años de gestión.

 
 
 

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