Las virtudes del conocimiento
Cuando habla de virtudes, Aristóteles, con su característico gusto por dividir y sistematizar, hace dos grupos. Por un lado las virtudes del carácter (éticas) que hacen nuestro carácter excelente. Por otro las virtudes del intelecto (dianoéticas) que hacen nuestro intelecto excelente. Vamos a detenernos un poco en las segundas. El texto de Aristóteles que seguimos es un pasaje de la Etica a Nicómaco que está aquí.
LA CIENCIA.
Cuando habla de las virtudes dianoéticas Aristóteles empieza hablando de la ciencia. Para empezar a caracterizar la ciencia, Aristóteles distingue entre lo necesario (lo que no puede ser de otra manera) y lo contingente (lo que puede ser de otra manera). Estos términos han generado rios de tinta en la historia de la filosofía, pero podemos acercarnos a la idea que subyace en ellos con algunos ejemplos. Si tiras un trozo de hormigón al agua, necesariamente se hundirá. Si dejas de comer, necesariamente morirás….. Utilizamos estos términos con la idea de que hay una ley que une estos estados de cosas. Otras cosas, en cambio, no están unidas con tanta fuerza. Si robas a alguien, puede que te pillen. Si juegas a la lotería, puede que te toque….
¿Como conocemos lo contingente? Bueno, solo mediante la experiencia. Por ejemplo, puedo saber si me tocará la lotería cuando sea el sorteo, no antes. Pero lo necesario lo podemos saber de antemano. Puedo saber antes de la experiencia que un trozo de hormigón se hundirá en el agua, no me hace falta tirarlo, o que el sol saldrá mañana por el este. Tenemos ese conocimiento gracias a la ciencia.
La ciencia, dice Aristóteles, se ocupa de lo necesario. Y lo necesario para él es además eterno e ingénito e indestructible. Aristóteles tenía un modelo fijista de la naturaleza, pensaba que todo existe desde siempre y durará para siempre. Un modelo muy distinto al que luego propondrá el cristianismo (según el cual el Universo tiene un origen y un fin) o la teoría de la evolución (que defiende que los seres naturales cambian a lo largo del tiempo)
Esta característica de la ciencia (la necesidad) es lo que hace que sea enseñable. Efectivamente, podemos transmitir el conocimiento científico gracias a que este obedece a leyes necesarias (la ley de la gravedad, o la ley de bronce de los salarios, o lo que sea…. ) que dicen que, siempre que se de un fenómeno, se dará otro. Si esto no fuera así, si el sol saliese unas veces por el este y otras por el oeste o no saliese, si por ejemplo el agua a cero grados unas veces se congelase y otras se evaporase y otras se pusiese a cantar, pues no habría manera de hacer ciencia. El mundo sería un sindios.
Aristóteles señala que el camino de la ciencia es doble; la inducción y el silogismo. El primero es establecer una verdad general a partir de muchos casos particulares. El segundo opera al revés; a partir de una verdad general establece una verdad particular. Estas dos formas lógicas nos permiten establecer el corpus de conocimientos científicos, hacer descubrimientos y enseñar de manera convincente.
Aristóteles aun da una característica mas de la ciencia diferenciándola de la opinión. Al igual que le pasaba a Platón, Aristóteles está interesado en distinguir a los que realmente saben de los que parecen saber, pero el Estagirita ofrece algo mas que su maestro para distinguir saber real y aparente; Platón ofreció un mito (la caverna), mientras que Aristóteles ofrece un criterio mas objetivo. Solo hay ciencia cuando se saben las causas de algo, pues podría darse que uno supiese algo, pero no supiese el por qué ni el para qué ni el cómo de eso, y entonces solo tendría conocimiento por casualidad.

EL ARTE.
La palabra española “arte” hace referencia a las bellas artes, y lo primero que hay que decir es que la palabra que utiliza Aristóteles, “techne” no se refiere solo a ellas. Aristoteles entiende la techne la habilidad que hace que algo pase de no ser a ser. Por ejemplo hacer un cuadro, pero también construir una silla o cocinar unos macarrones, por ejemplo.
Aristóteles distingue dos tipos de actividades humanas. Por un lado los seres humanos (catalanes o no) hacen cosas. Por otro lado construyen cosas. Hacemos acciones (jugar, cantar, insultar, obedecer, viajar, hablar….), construimos objetos (pelotas, comida, libros, dibujos….) Los términos griegos para esta distinción son praxis y poeisis, lo que puede traducirse como acción y producción.
Lo que diferencia a ambos es lo siguiente; el fin de una producción es algo externo a la producción misma, mientras que el fin de una acción es algo interno a la misma acción. Esto puede parecer un galimatias, pero no quiere decir mas que lo siguiente; hay ciertas cosas que las hacemos para conseguir algo (por ejemplo, construimos una casa para tener una casa) mientras otras cosas las hacemos simplemente porque hacerlas nos resulta satisfactorio en si mismo (por ejemplo, jugar o viajar o charlar o discutir o pensar…. ) Esto diferencia a la acción de la producción. Las cosas que hacemos en la acción son buscadas por si mismas, mientras que la justificación de la producción es el objeto producido.
El arte, dice Aristóteles, es la virtud dianoética propia de la producción. Esto tiene sentido, pues ser “artista” es ser capaz de producir cosas. A semejanza de lo que pasaba con la ciencia, este modo de ser tiene que estar basado en la razón. Construir algo sin saber como, al modo de alguien que tocara la flauta por casualidad, no es ser un artista.
Aristóteles da otras claves de lo que significa ser un “artista”. Una es que consiste en crear algo que no existía (“todo arte versa sobre la génesis”, dice) y otra es que el arte, a diferencia de la ciencia, se ocupa de lo contingente, esto es, de lo que podría existir o no; esta claro que cuando alguien produce algo esto podría o no haber existido, es libre decisión de quien lo produce. Esta contingencia del arte (su no necesidad) es lo que Aristóteles parece tener en mente cuando dice “el arte ama el azar y el azar al arte”.
LA PRUDENCIA.
La palabra “prudencia” traduce el griego “phronesis”. En castellano entendemos a menudo que una persona prudente es alguien que no corre riesgos, pero para Aristóteles este término hace mas bien referencia a algo que podríamos llamar “buen juicio“. La phronesis es la capacidad de juzgar correctamente en los asuntos humanos, no en un sentido particular (por ejemplo la salud o la fuerza, pues estos son los campos científicos del médico o el entrenador), sino en general. Una persona prudente es aquella que sabe que es lo mejor en todo momento para ser mas feliz tanto él como los demás.
Aristóteles distingue rápidamente la ciencia de la prudencia. A diferencia de la ciencia, la prudencia se ocupa de lo contingente, de lo que puede ser de otra manera. Esto no merece mucha discusión, pues las deliberaciones de un hombre prudente (¿Debería cambiar de coche? ¿Invito a mi primo a cenar?¿Es esta persona culpable de asesinato y qué castigo merece? ) no pueden versar sobre lo que pasará si o si, sobre lo que ocurrió con necesidad o sobre lo que no está en su mano cambiar. En esto, como en tantas otras cosas, Aristóteles muestra su sentido común y parece sugerir un consejo estoico que nos vendría a todos muy bien si nos lo lográsemos aplicar; no te preocupes de lo que no está en tu mano.

La distinción entre arte y prudencia es otra. Aristóteles insiste en que una cosa es producir algo y otra hacerlo. La diferencia es que el fin de la primera es externo a la acción, el fin de la segunda es interno. Una persona puede hacer un jersey por entretenerse (hacer por hacer) mientras otra puede hacerlo por tener el jersey (hacer para producir). La primera esta actuando, la segunda produciendo. Es por eso que Aristóteles dice que “una acción bien hecha es por si misma el fin”. Hacer algo bien es un fin en si mismo.
La prudencia, ciertamente, no nos dice cómo hacer cosas, como hace el arte, sino qué hacer. Saber qué hacer es lo que distingue a los administradores y a los políticos competentes. Y lo que finalmente distingue a las personas prudentes de las imprudentes es, dice Aristóteles, la moderación.
En su teoría de las virtudes Aristóteles había defendido que las virtudes del carácter consisten en una especie de término medio entre el exceso y el defecto. Es la prudencia la que nos dicta en que consiste ese término medio. Ese saber cual es el término medio, y optar por él, es lo que hace a un hombre moderado.
Merece la pena explicar con mas detalle lo que dice el Estagiríta. La moderación, afirma, es una especie de salvaguarda de la prudencia. Hombre moderado, dice, es el que no se deja llevar en modo extremo por el placer o el dolor, pues esto “destruye el principio“. La idea es que a la hora de escoger una acción debemos deliberar que nos hace mas felices y convertir eso en nuestra guía (el telos) , pero si nos fijamos demasiado en el placer o el dolor (huyendo a toda costa del dolor o buscando a toda costa el placer) nuestro pensamiento se ofusca y elegimos mal, esto es, imprudentemente. Si por ejemplo estoy en una situación de sufrimiento extremo, como una tortura, puedo elegir algo insensato obcecado por librarme de ese dolor; estoy siendo imprudente.
Hay otras dos diferencias entre la prudencia y el arte según el texto. La primera, dice, es que no hay excelencia en la prudencia. Uno puede ser un artista excelente (por ejemplo un gran cocinero, o un gran carpintero) pero difícilmente puede ser un hombre excelente (pues todos podemos meter la pata en un momento dado). La idea de que se puede construir algo de manera perfecta o casi perfecta es comprensible, pero la idea de que hay algo así como un actuar perfecto es bastante rara.
La otra observación merece un poco de mas comentario; “En el arte el que yerra voluntariamente es preferible, pero en el caso de la prudencia no”. Aquí Aristóteles está haciendo mención a una cuestión que se originó en la filosofía griega con Sócrates, el intelectualismo moral. Básicamente, esto consiste en defender que nadie es malo a sabiendas, y que la maldad obedece a desconocimiento. Si conociéramos el bien, lo haríamos si o sí. El argumento de Sócrates es algo así; imaginemos dos arquitectos, uno competente y otro incompetente. Los dos levantan edificios que se caen, pero uno lo hace intencionadamente y el otro sin intención. ¿Quien es mejor, el que hace algo mal a sabiendas o el que hace algo mas sin saber? En este ejemplo, la mayoría de la gente reconoce que el arquitecto malévolo es mejor que el que no sabe. Pero aplicado este ejemplo a la ética, y no a la arquitectura, tenemos que reconocer que el que hace algo mal a sabiendas es mejor que el que hacer algo mal sin saberlo, y esta afirmación, si se piensa, es escandalosa. El único modo que se le ocurre a Sócrates de refutarla es abandonar la idea inicial y sostener que es imposible que un buen arquitecto haga un mal edificio, y que es imposible que una persona con conocimiento haga algo malo. Eso es el intelectualismo moral.
Por cierto que la noción de que construir algo mas a sabiendas muestra mas competencia técnica que construir algo bien sin saber es lo que subyace a esta interesante concurso en la escuela de ingeniería de Canterbury. Los estudiantes deben hacer un puente que aguante a dos personas, pero que se rompa si se suben tres. ¿Imagináis cual es la razón de este reto?
Esta idea socrática de que el mal consiste, básicamente, en desconocimiento, es por cierto lo que subyace en la discusión política actual cuando los conservadores acusan a los progresistas de buenismo.La idea básica de mucha gente es que los conflictos, en mayor o menor medida, se solventan con dialogo y conocimiento. Por eso cada vez que hay un problema social los políticos dicen que la solución empieza con la educación.
Siempre que hay una controversia Aristóteles suele proponer una distinción, y aquí vuelve a hacerlo distinguiendo entre saber técnico y prudencia. En el arte el que obra mal a sabiendas es mejor, pero no en la prudencia, dice. De modo que uno puede ser un gran arquitecto malévolo, pero no una gran persona malévola. En esto Aristóteles muestra bastante sentido común, observando algo que parece razonable; que reflexionar bien y actuar bien son dos cosas distintas, y que para ser una persona justa hace falta algo mas que conocimiento de que es lo correcto y lo incorrecto.
¿Es lo mismo aprender Derecho que aprender a ser justo? ¿Qué diferencias hay?
La sabiduría.

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