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Las implicaciones históricas y geopolíticas del covid-19

Apr 28, 2020
3 min read
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Leo muchos comentarios sobre las implicaciones históricas del covid-19. Algunos aseguran que esta advertencia deberá acercar más al ser humano con la naturaleza, mientras otros presagian el fin del capitalismo.

Yo todavía no creo que haya razones para pensar que la actual crisis hará al mundo cambiar en esa dirección, aunque sin duda, representa un escalón interesante en el desarrollo de una nueva conciencia colectiva. Sin embargo, ese gran salto se dará de manera mucho más gradual de lo que algunos creen.

El sistema-mundo actual experimenta un cambio en las relaciones geopolíticas con el auge económico de China y otras potencias emergentes como India, dentro de la lógica de acumulación capitalista. Esto, desde luego, implica un cambio en el tablero histórico, pues la hegemonía de Occidente está en claro declive.

Sin embargo, desde una revisión más profunda, podemos señalar que la construcción del Estado-nación fue consecuencia de un proceso histórico de expansión comercial y acumulación de riqueza, que reconfiguró las estructuras sociales del feudalismo. De este modo, fue que las burguesías conquistaron el poder político. Y en todo este proceso, el papel de los bancos como epicentro de la acumulación, juega un rol protagónico. La modernidad marca justamente eso, el cambio de paradigma de una economía feudal regulada por la religión, a una economía financierista regulada por el nuevo saber instrumental de la ciencia. La Revolución Industrial, como buena hija de la modernidad, es consecuencia de esta financiarización del mundo moderno.

Las tensiones geopolíticas de la actualidad y la expansión de China, se ven reflejadas en el auge de sus bancos. Los cuatro bancos más poderosos del mundo son chinos, según el número de activos totales, según el índice de S&P Global en 2020. Aunque los bancos de EE.UU. siguen figurando entre los más poderosos del mundo, su declive frente a los bancos estatales chinos es evidente en prácticamente todas las mediciones serias que uno pueda consultar.

La crisis del covid-19 fortalecerá y acelerará esta tendencia, pues China no entrará en recesión como sí lo harán EE.UU. y Europa, según las estimaciones más recientes del Fondo Monetario Internacional.

De este modo, es posible que la pandemia del covid-19 constituya un punto de inflexión en las relaciones geopolíticas y la construcción de un nuevo orden mundial, diferente al proyecto de la globalización basado en el neoliberalismo. De este modo, creo que podríamos equiparar la crisis actual del covid-19 en términos geopolíticos, a fenómenos como la caída del Muro de Berlín (que marcó la derrota definitiva de la URRS frente a EE.UU. en la Guerra Fría) o los ataques del 11 de septiembre.

Pero no veo, en el horizonte cercano, que se esté gestando un cambio estructural de fondo. En la primera década del siglo XXI, se pensaba que la revolución tecnológica del internet podía ser ese pivote que diera un giro definitivo a las estructuras del mundo. Pero lo que hemos visto en la última década, es lo contrario: un proceso de privatización e industrialización del internet que, lejos de acabar con el capitalismo, lo ha llevado a una nueva etapa de acumulación de riqueza, en lo que algunos autores llaman el ‘capitalismo de datos’. Asimismo, hemos visto un proceso de fragmentación de la red, con la imposición de fronteras y muros digitales, que muchos especialistas no preveían en un inicio.

A menos que el covid-19 genere un efecto dominó que derrumbe las estructuras del sistema financiero (cuya fragilidad es creciente debido al psicótico mundo de la especulación bursátil y los mercados de derivados), no veo todavía elementos suficientes para hablar de un cambio de paradigma. Todo parece indicar que los patrones de acumulación de riqueza seguirán intactos durante algunos años más.

Y creo que en buena medida, este cambio de paradigma se ha visto estancado ante la ausencia de un proyecto filosófico que replanteé el papel del hombre en el mundo, como en su momento se lo llegó a plantear la modernidad Europea. El mundo de hoy, carece de un proyecto de futuro. Eso explica también el éxito que tienen las populacheras profecías del fin del mundo en la cultura occidental. Y al mismo tiempo, algunos sectores críticos se siguen aferrando a las herramientas de la modernidad para tratar de cambiar las cosas, herramientas como la economía, la ciencia y el mito de la razón absoluta. Esto genera que, por ejemplo, buena parte de la discusión sobre las energías renovables siga atada a la lógica financierista y cientificista de la modernidad.

Yo creo que no habrá futuro posible si antes no construimos un nuevo mundo desde los cimientos, desde un replanteamiento profundo sobre lo que significa realmente la existencia humana. Ese, insisto, es el gran proyecto intelectual de nuestro tiempo, el trampolín que nos habrá de conducir hacia un mundo nuevo. ::.

 
 
 

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