Las fronteras ampliadas de Venezuela

Por Guillermo Capobianco Ribera
La estrategia expansionista del proyecto bolivariano concebido y ejecutado desde Caracas por el presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, está cobrando fuerza creciente al paso de los meses, como se demostró hace algunos días en la Cumbre Presidencial de Riberalta. La doctrina geopolítica establece que los países ubicados en el centro de una masa continental, como es el caso de Bolivia en Sudamérica, están compelidos a desarrollar esa ‘ventaja comparativa’ para potenciar sus propias fuerzas, que le permitan luego desplegar a fondo sus ‘ventajas cualitativas’. Bolivia podría tener ese privilegio. Cuenta con 10.000 km de frontera con cinco países que son potencias de gran dimensión, como Brasil, o medianas como Argentina, Chile, Perú y el Paraguay mediterráneo, conectado al mundo a través de la hidrovía Paraguay-Paraná.
Bolivia hasta ahora aprovechó sólo a medias esa ventaja comparativa, cediendo el privilegio que le dio Dios y la naturaleza a los objetivos de la estrategia expansionista de Venezuela y de su liderazgo histórico, encarnado en la figura del presidente Chávez.
La afinidad ideológica entre el ‘socialismo del siglo XXI’, que sustenta a la revolución bolivariana, con el indigenismo radical y neomarxista, que sustenta a la revolución democrática y cultural, ha hecho de Bolivia un país ‘satélite’ en materia de política interna e internacional. Bolivia abandonó los contenidos de su filosofía política básica, la de constituirse en síntesis económica, social, democrática y geopolítica de América del Sur. La política de fronteras de Bolivia respecto de todos sus vecinos debiera ser amplia, pacífica, democrática y complementaria en sus proyectos de desarrollo bilateral. La agresividad inicial que se tuvo con Brasil, ahora en proceso de reconducción, fue un desacierto, lo mismo que las deterioradas relaciones con Perú, nuestro aliado histórico, y ni qué decir de las privilegiadas relaciones actuales con la República de Chile, que nos mutiló territorialmente y nos privó de las ventajas del comercio marítimo mundial. La ‘satelizada’ política internacional del Gobierno de Evo Morales contrasta radicalmente con la del presidente Chávez, que brilla por su pragmatismo, a pesar de su retórica antiimperialista, al suministrar petróleo a Estados Unidos y concretar una ‘alianza’ con el Gobierno ultraconservador de Colombia, en tanto que Bolivia intenta expulsar a Usaid e intentó ‘asaltar’ e ‘incendiar’ la embajada de la gran potencia en La Paz. De esta manera y a un precio al parecer modesto, si es que se confirma que los ‘petrocheques’ no serán donaciones, sino parte de un crédito que se tendrá que pagar en el futuro, el Gobierno nacional ha ‘entregado’ este país como espacio geopolítico estratégico para ampliar las fronteras ideológicas, políticas y tal vez militares de la revolución bolivariana.

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