La virgen roja
Dirigida por Paula Ortiz y con guion elaborado por Eduard Sola y Clara Roquet, La virgen roja cuenta la historia, basada en hechos reales, de Hildegart Rodríguez Carballeira (1914-1933), concebida por su madre Aurora Rodríguez Carballeira como un proyecto eugénico, para ser la mujer perfecta, la primera mujer libre e independiente destinada a liderar la transformación social y política en España.
No es la primera vez que el cine recoge esta impactante historia, pues ya Fernando Fernán Gómez dirigió y escribió junto a Rafael Azcona en 1977 Mi hija Hildegart, que protagonizarían Amparo Soler Leal como la madre y Carmen Roldán como la hija. La película era una adaptación del libro Aurora de sangre, escrito por el periodista Eduardo de Guzmán. Almudena Grandes también abordó la vida de Hildegart en La madre de Frankenstein, perteneciente a los Episodios de una Guerra Interminable.
Hildegart fue educada siguiendo una estricta rutina. Así, aprendió a leer con tan solo dos años, a escribir con tres y con ocho ya dominaba seis idiomas. A la edad de 13 años entró en la Universidad Central de Madrid (actual Complutense) y con 17 se licenció en Derecho con sobresaliente, convirtiéndose así en la abogada más joven de España. Estudió además las carreras de Filosofía y Letras y Medicina. A los 18 ya era una respetada figura intelectual de la España de los años 30 y conocida por toda Europa por sus escritos sobre la sexualidad femenina y los derechos de la mujer. Había publicado 16 libros y más de 150 artículos que fueron alabados por personalidades como Magnus Hirschfeld, Havelock Ellis, H. G. Wells, Gregorio Marañón, José Ortega y Gasset o Juan Negrín.
Militante del PSOE y más tarde del Partido Republicano Federal, impartió conferencias, apareció en mítines y debatió con políticos. En estos encuentros conoció a Abel Velilla, un líder de las juventudes socialistas, que le abre a un nuevo mundo emocional y con el que comienza a experimentar la libertad. La política moldea el pensamiento de Hildegart, que se siente inspirada por las ideas revolucionarias ansiosas por cambiar las cosas y por la esperanza de una nación mejor y más igualitaria. La joven ve la oportunidad de llevar a la práctica la teoría. Y es que escribía mucho sobre la emancipación de la mujer, pero en realidad ella estaba sometida al férreo yugo materno; era la portavoz de una sexualidad sin ataduras, pero no tenía permitido relacionarse con hombres más allá de los estipulados para los intercambios ideológicos. Es con este intento de acercamiento al joven cuando salen a la luz las enormes contradicciones del proyecto de Aurora, porque sí, al fin y al cabo no crió a su hija como un ser humano capaz de amar, sentir y soñar, sino como un proyecto personal que, para tener éxito, debía mantenerse aislada del mundo exterior y sometida a su estricta tutela. Temerosa de perder el control sobre su hija e incapaz de aceptar su fracaso, el 9 de junio de 1933 Aurora mató de cuatro disparos a Hildegart mientras dormía. Posteriormente se justificaría diciendo que al desviarse de su propósito su hija se había convertido en una obra fallida.
Aunque durante la II República Hildegart Rodríguez Carballeira fue, como decía más arriba, una conocida y reputada intelectual no es tan conocida en la actualidad porque la dictadura franquista se encargó de prohibir sus escritos y borrar sus huellas. La virgen roja es la reivindicación de una mujer que, pese a todos sus logros, ha sido olvidada por la historia (como tantas otras).
Durante casi dos horas, la cinta de Paula Ortiz muestra los momentos clave de la vida de Hildegart hasta llegar a los convulsos tiempos de los inicios de la Segunda República donde la inquietud cultural, política y social sirve como detonante para el arco emocional del personaje. La virgen roja va creando un ambiente tremendamente asfixiante que refleja la sofocante existencia de la hija bajo el yugo de su controladora y posesiva madre hasta que todo estalla en mil pedazos. La película convierte a Aurora en la bruja del cuento, la malvada y calculadora madre que tiene a la princesa encerrada en una jaula de oro y que se enajena en cuanto esta desafía sus normas.
Najwa Nimri (La casa de papel) tiene mucho que ver en la sensación de horror que despierta Aurora en el espectador. Su interpretación de una madre cegada por el control y la obsesión por crear una “mujer del futuro” es soberbia. Siempre comedida, es capaz de reflejar con sus impasibles miradas y escasos movimientos un cerebro calculador. Sorprende que no haya obtenido la nominación a los Goya por lo que probablemente sea el mejor trabajo de su carrera. Alba Planas (Skam) no se queda atrás dando vida a un personaje tan complejo como Hildegart. La joven actriz muestra su talento tanto en su interpretación de hija obediente, como en la de mujer con pensamiento propio que se atreve a desafiar la visión de vida de su madre.
También destacan en papeles secundarios, pero importantes para la historia, Aixa Villagrán como Macarena, la empleada; Patrick Criado en el rol de Abel Velilla; o Pepe Viyuela (sorprendiendo con un papel dramático) interpretando a Eduardo de Guzmán, el editor que publicó los primeros textos de Hildegart.
La virgen roja es una obra visualmente muy cuidada, con una puesta en escena muy pulcra y una fotografía que juega de forma metafórica con el negro, blanco y rojo. Madre e hija siempre visten de negro como reflejo de diferenciación y libertad ante las normas estéticas. El rojo sin embargo aparece en momentos clave como símbolo del amor y del socialismo. La simbología también está presente en esa estatua que se va resquebrajando a medida que Hildegart se va distanciando de las pautas establecidas por Aurora.
La de Hildegart Rodríguez Carballeira es una de esas historias que merecen ser contadas. La virgen roja, a modo casi de thriller psicológico se sirve de la tragedia de esta figura intelectual de los años 30 para poner sobre la mesa una reflexión sobre el control, la ideología y el coste de la libertad pero también sobre los derechos de las mujeres y la necesidad de seguir luchando por conseguir una sociedad más igualitaria. La obra de Hildegart sigue más vigente que nunca un siglo después.

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