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La traición del Silala

Sep 16, 2009
3 min read

Por Álvaro Gonzales Quint

Por Álvaro Gonzales Quint

Una política exterior se mide por resultados, no por posturas. El Gobierno se propuso recuperar los recursos naturales para los “bolivianos”. Nuestra Historia Diplomática presenta hechos y personajes ciertamente infames al recorrer las relaciones de Bolivia con Chile. Melgarejo, Donato Muñoz, Canciller boliviano y el enviado chileno Vergara Albano entregaron territorios a Chile y establecieron la “medianería” para explotar las riquezas del Litoral entre los paralelos 23 y 25. Con Melgarejo el Tratado de 1866 estableció que el límite entre ambos era el paralelo 24. Peor fue Montes y los liberales, quienes legalizaron el despojo, sufrido en la Guerra del Pacífico, con la ratificación del Tratado de 1904, por el cual Bolivia entregó todo su Litoral, a perpetuidad en favor de Chile, a cambio (transacción) de un plato de lentejas. Recordamos a los gobiernos del MNR y sus cancilleres (Fellman Velarde, el más importante) ante quienes Chile desvió las aguas del río Lauca. A propósito del Lauca, es otro de los temas pendientes con Chile. En la Cancillería se respeta con rigor y solemnidad un pacto de silencio sobre ese tema. En eso, quienes manejan la Cancillería (Choquehuanca y Fernández) no difieren de los anteriores. Pero debemos referirnos a este singular binomio, su “revolucionaria” estrategia en la resolución de la cuestión del Silala y su afán de ingresar en la galería de los más ilustres. Cándidos, ilusos, ingenuos, juzgue el país y el Presidente lo que estos señores están haciendo, veamos:

– Todavía no hemos firmado nada. Cierto, pero la negociación ya dio a luz un convenio preliminar en el que Bolivia tiene derechos y obligaciones, Chile sólo derechos. El Canciller nos dice que no hay ninguna referencia a que Chile sea dueña del 50% de las aguas del Silala, pero lo que debería decir es que no es un río internacional de curso sucesivo y que las aguas del manantial son de propiedad de Bolivia en su totalidad.

– Fernández le miente al país cuando dice que Bolivia no puede negociar con una empresa privada. ¿Acaso los Estados, incluido Bolivia, no firman contratos (petróleo, minería, telecomunicaciones, carreteras, etc)? El motivo por el cual se firma con Chile es para que ese país se garantice que Bolivia siga suministrando agua a su territorio, cuando lo importante es que Chile se comprometa al pago de las aguas, tanto las actuales como las que utilizó desde el año 1908.

– “La Revolución avanza con la nueva Constitución”, pero aquí es donde se hace el mayor daño al Gobierno y a la nueva Constitución. Choquehuanca y Fernández están traficando con un recurso natural que es inalienable y con un derecho humano fundamental. Los artículos 15, 20, 262, 348, 373 y 374 de la nueva Constitución son completamente ignorados por este dúo dinámico. Estos artículos dicen que el agua es un derecho humano fundamentalísimo (¿se podrá vender un derecho humano que por definición es inalienable?), que no puede ser objeto de concesión o privatización, que dentro de los 50 km de frontera (zona de seguridad) ningún extranjero puede adquirir o poseer aguas que son de propiedad de Bolivia, el agua es considerado un recurso natural de carácter estratégico e interés público para el desarrollo del país y por lo tanto no puede ser de libre disponibilidad del Gobierno, los recursos hídricos no pueden ser objeto de apropiación, el Estado protege el agua para la vida, una ley establecerá sus usos (aún no tenemos una ley de aguas en Bolivia), y finalmente las aguas tienen prioridad para Bolivia y son inalienables e inembargables.

Queda claro que deberían leer la Constitución antes de seguir negociando. Siempre caemos en el juego de Chile y podríamos sugerir una explicación a partir de Síndrome de Estocolmo y del Principio de Peter.

Hay documentos sobre hipótesis de conflicto por el agua dulce en el mundo que deberían conocer quienes diseñan nuestra política exterior. Sólo recordemos a los miles de bolivianos que murieron de sed en las arenas del Chaco.

Una política exterior se mide por resultados no por posturas. El gobierno de Evo se propuso, si en la Cancillería no lo recuerdan, recuperar los recursos naturales para los “bolivianos”. La agenda de 13 puntos y la diplomacia de los pueblos son un bluff (arte del pajpacu). Bolivia no ha avanzado en sus aspiraciones. ¿Hay que trabajar confianza?, otra mentira burda y cruel. Si se trata del comercio bilateral tan favorable a Chile, de la venta del gas boliviano, de utilizar los recursos del Salar de Uyuni, en Chile milagrosamente aparece la “confianza”, pero si hablamos del mar, la cosa cambia. No piense lector que soy parcial y sanguíneo al analizar la labor de Choquehuanca y su pequeño “saltamontes” (lograrán lauros para Evo como jefes de campaña en La Paz). Algo sí me gustaría ver, al Gobierno recuperar los ferrocarriles que los, antiguos, liberales también vendieron a Chile.

 
 
 

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